El viaje de la mirada
MARCAPÁGINAS / 20 agosto, 2015

GUILLERMO BUSUTIL DESDE QUE NACEMOS UNO NO DEJA DE MIRAR EL MUNDO. Unas veces vagando la curiosidad que escruta sin rumbo, sin perseguir otra cosa que el hallazgo fortuito. Y otras con la intención de encontrarse a uno mismo en los escaparates donde la imaginación proyecta nuestro doble o el secreto que no acertamos a entender. Lo saben de sobra los flaneurs que viajan alrededor del mundo dentro de sus propias ciudades; los escritores que salen de cacería, dispuestos a robar trozos de vida con los que recomponer otras que intuye su escritura. Y también los viajeros que refrescan y enriquecen su mirada en los nuevos espacios, conocidos o iniciáticos, donde hermanan su mirada con las miradas de los que disfrutan contemplando el paso del tiempo interior del tiempo, los espejismos que la memoria se sabe de memoria, las posibilidades que provoca una evocación. Igual que los hombres que acuden cada tarde a la tangerina plaza de Los Cañones, en la que las pupilas apuntan a la orilla de España, a la tarde que se desliza por la calle de agua que separa un país de su antigua cultura, y donde los hombres esperan en los cafés, con un té…