La sonata de un sueño
MARCAPÁGINAS / 5 diciembre, 2013

GUILLERMO BUSUTIL LA PRIMERA NOCHE QUE COMPARTÍ MADRUGADA de literatura y sombras con Ernesto Pérez Zúñiga, me condujo por el viejo Madrid donde, en otros siglos, las espadas se embozaban y los hombres estaban a la altura de la música de la vida. Esa noche, Ernesto Pérez Zúñiga vestía una gabardina holgada, apropiada para descender calles oscuras, esconder un florete para el arte del duelo e incluso un violín con el que tocar el aire de un sueño que se escapa. No sabía entonces que Ernesto Pérez Zúñiga andaba dentro de una novela que lo llevaba de viaje y le hacía, casi sin darse cuenta, mecánica pero suavemente, tocar cualquier madera que encontrase. Igual que si acariciase un cuerpo o estuviese leyendo a ciegas la melodía que la naturaleza, el dolor y el tiempo, habían dejado en ella. Un año más tarde, en una cena a resguardo de la lluvia, me habló de esa novela acabada, de los posibles títulos con los que se retaba buscando el costado de una certera estocada, el movimiento definitivo que fuese, en la portada de una página en blanco, de un libro impreso, la firma del diablo, la rúbrica de un hombre que se…