Una casa extensible
MARCAPÁGINAS / 22 enero, 2014

GUILLERMO BUSUTIL HACER MEMORIA ES COMO REGATEARSE a sí mismo contra la pared con la que uno juega al balón. Igual que hacía Antón Castro de padre joven. Un hombre de tierra en niebla y emigrante a la literatura que soñó en un banco de Zaragoza. La ciudad (que parece un puerto donde muchos lobos de mar se quedan como escritores y otros se hermanan en escalas desde la noche en la que, por unas horas, hacen ancla y plata) donde un joven Castro supo que la mejor jornada festiva era un día Tati. Azul, orillado contra los labios de su novia, escuchándola decir que iban a ser padres. Lo recordó, en un poema de cine francés, este escritor y periodista cultural que durante años escribió en delantal y tenía veinticinco años cuando le preguntaba su hijo. Entonces no le echaba cuentas al tiempo que le moriría un padre adoptivo de mujer ni a que su hijo mayor pudiese convertirlo en uno de los personajes de su libro Entresuelo, razón Mondadori. ME LO CUENTA DANIEL GASCÓN. Con distanciamiento y  la mirada curtida en la traducción de los días y de las vidas de otros, de una época donde él fue…