Las bellas ruinas del mundo
MARCAPÁGINAS / 9 julio, 2016

GUILLERMO BUSUTIL Pensar. La música interior que nace del adagio de la memoria y del andante, allegro vivace alrededor del presente que nos viaja. El mismo que nos engaña dejándose ser, por fuera, nuestro paisaje. Viajar. La escritura indispensable de la mirada que se escenifica en una libreta donde lo estilográfico es el trazo de las huellas del camino, la firma del viaje. Lo sabe bien César Antonio de Molina. Varias viejas meigas le avalan. Es de tierra donde lo oral es una voz que transita la memoria entre las noches, las nieblas, los bosques y los mares. Es poeta de ficciones y de lecturas clásicas en las que se calma el sueño de las cicatrices. Ha sido gestor de la cultura como proyecto y como problema, y siempre ha tenido buen gusto para los zapatos. Poco más necesita para ser caminante cortazariano de mundos a los que despedirle el prestigio del pasado y el aura de la vida que amenazan los vientos bárbaros que todo lo destronan, emborronando el Humanismo. Un canto del cisne y homenaje rilkeniano es lo que nos regala César Antonio de Molina en Todo se arregla caminando. Un libro, el sexto de sus memorias, como…