Gandamágico
MARCAPÁGINAS / 1 julio, 2018

GUILLERMO BUSUTIL Nunca se cierra del todo la puerta de la infancia. La entornamos para escaparnos hacia el mundo de fuera que parece más lejos -aunque también está dentro de nosotros-, después de haberlo interrogado desde la mirada del niño. Esa edad de entonces desde la que es más fácil romperle fronteras al tiempo, en la que todo es una pregunta con un misterio al fondo y que casi siempre los adultos no responden del todo. No cabe duda de que la infancia es el territorio de la imagen y el período de mayor certeza de que la realidad es el vestíbulo de la imaginación. Nada es imposible es esa época en la que nos nacen las alas, los magos y las hadas nos salen al paso y nos alivian los terrores, el instante de la duda que pone en solfa el otro lado de lo cotidiano donde cualquier sueño, monstruo, hallazgo y épica es posible. Sólo se necesita conocer la secreta palabra del abracadabra, el sendero que se adentra en el laberinto y cuya salida sólo exige coraje, humanidad, inteligencia y corazón. Siempre lo hemos sabido de abuelos a padres y de nietos a abuelos. Únicamente se nos olvida…