Sombras en zigzag

30 enero, 2016

GUILLERMO BUSUTIL

Hacer la memoria como quién hace un rompecabezas o un duermevela entre las ficciones y la realidad –abrigadas ambas de sopor y estribillos de fondo– es lo que contiene la intención del último álbum de cromos de Marcos Ordoñez. Un escritor de Puerto Ángel que sabe mucho de beberse la vida, esa vieja comedia con fantasmas que siempre tiene un telón de fondo. Son muchos años de tiempo y de noches, de palabras a pie de página y encolumnadas en reportajes, de cruzarse miradas de frente y de soslayo con la farándula del cine, del teatro, de la literatura, de las calles de atrás con atmósferas azules y mujeres de lado con arma rubio. No es raro que un tipo con tantas muescas en sus espaldas y en la montura de sus gafas Camay decida, cuando cruza un número dado de fronteras, y sabe que hay una bala que tiene su nombre, reunir sus mejores o peores recuerdos entre la ficción y la crónica. Y aunque sea consciente de que no hay que fiarse de las fotografías antiguas, positiva los negativos de barrios perdidos, los recuerdos con piel de abrigos, los zapatos de una generación, los discos sentimentales de una rebeldía generacional, ejemplares de La gaceta ilustrada y de Life en español, y numere cada uno como piezas del mapamundi que cuenta lo que quiere contar de su vida. Después de todo tiene buena prosa y entiende de póquer –por tanto de descartes y de fulles– y de partidas en los altillos clandestinos de bares de barrio. Lo más parecido en metáfora ordoñezniana al pasado sobre el que hace cuentas. Esto es y esto es lo que hay en Juegos Reunidos donde hacer memoria como los créditos de una película que transcurre de arriba abajo, mientras suena Caravan de Van Morrison.

Nombres de estrellas, el primo Mario, Patricia Aubach, Adolfo Aristarain, Roma, Moravia, Natalia Ginzbhurg, Sorrentino, Jef Gambardino, Blake Edwars, la bella Elena, Carlos Saura, Ivonne, Carlos Barral, Jaime Salinas, Pepita. Cada cual en su papel dentro y fuera de la pantalla del cine Rex, entre otros personajes de fondo yen plano americano que asisten o se entrecruza cuando nos cuenta de las noches de alcohol y verbo, de las fiestas alrededor de la cultura que viste la identidad de un artista que siempre ha soñado con caminar hacia la luz, con tener las llaves secretas del laberinto de la ciudad y de las sombras donde reside su belleza. Marcos Ordóñez traza con un lápiz rojo su propia Barcelona y sube al lector al autobús 24, le desnuda perfiles y tentaciones de cocainómanos, evoca tiempos de resaca a causa de las reducciones de plantilla y lo posible a suceder a la vuelta de cualquier esquina, mientras se estrenan películas y él las disecciona. Cuántas tardes con Teresa y peripecias del Clan de la luna que a diario despertaba con la radio para beberse la vida en dos tragos y conquistar un mundo en neblinoso blanco y negro. Nada falta en este recorrido por sueños y pesadillas con sus pozos, sus lecciones afectivas, sus dry martinis, sus simbólicos graffitis y los geranios rojos de un largo invierno en el que ser jóvenes e ir madurando.

Juegos reunidos, como todos los juegos, tiene casillas de ida y casillas de vuelta, saltos de tiempo, números mágicos y números cicatrizados, y todas las historias que se cuentan tienen dos caras, igual que los discos de vinilo. En una muestra Ordoñez las canciones que mejor baila la memoria y en la otra deja que suenen los recuerdos rayados. Pero al margen de la música,  muy de los setenta, lo que realmente importa es la letra con la que compone su autorretrato este tipo de Puerto Ángel que monta en Vespa en la portada, como si fuese otro Nani Moretti invitando al lector a ser su paquete en este viaje flaneur por una memoria mezclada que no agitada, con el hielo preciso, con la que brindar por la vida y sus momentos. De frente los secretos que uno se ha ganado y los recuerdos recolocados para salir bien en esa fotografía de grupo que viene a ser todo libro de memorias. Y luego a seguir avanzando entre las sombras en zigzag.

Juegos reunidos, de Marcos Ordóñez

FICHA
Juegos reunidos
MARCOS ORDÓÑEZ
LIBROSEL ASTEROIDE
18,95 €

“Uno no acaba de saber “de qué va” un libro hasta que ha terminado de juntar las piezas. Extiendo ahora las cartas sobre la mesa, y me doy cuenta de que esta constelación de relatos breves y novelas cortas, de paseos y recuerdos entre la ficción y la crónica, dibuja, a su manera, una nueva entrega (otras voces, otras épocas, otras formas) de la autobiografía que comenzó con Un jardín abandonado por los pájaros”.

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