Siempre Constantinopla

2 noviembre, 2015

ENRIQUE BENÍTEZ Los libros que Edmondo De Amicis y Julio Camba escribieron en la gran ciudad turca presentan singulares y sorprendentes coincidencias

«Asia a un lado / al otro Europa / y allá a su frente, Estambul». Los conocidos versos de Espronceda fueron vividos en carne propia por numerosos viajeros del siglo XIX y principios del siglo XX, sobre todo franceses, que acudieron a la llamada del Oriente en ese momento histórico de redescubrimiento de nuevas culturas que también, por ejemplo, traería hasta Andalucía a diversos escritores románticos. Teófilo Gautier, Pierre Loti, Edmond About o Marcelle Tynaire son algunos de los exponentes de esta pasión por la puerta de Oriente, la gran ciudad que aún hoy es la más poblada de Europa.

Pero Constantinopla también se convirtió en foco de atención internacional en los primeros años del siglo XX, de la mano de la revolución de los Jóvenes Turcos y su papel decisivo en la suerte de los Balcanes, ya entonces un avispero que amenazaba el delicado equilibrio europeo. Hay que saludar con entusiasmo la edición que ha hecho Renacimiento de los artículos que nuestro inagotable Julio Camba escribió desde la gran urbe euroasiática desde diciembre de 1908 hasta marzo de 1909, publicados entonces en La correspondencia de España, como enviado especial para informar sobre la revolución turca, su realidad y sus posibles consecuencias continentales.

La relación entre los viajeros románticos del XIX y la obra de Camba es inequívoca. El periodista gallego aún no se había convertido en el cronista sagaz y mundano de la ciudad automática, de la civilización americana, y era sobre todo un periodista político. Por eso llega a Constantinopla: sabe idiomas, escribe muy bien y sus juveniles ideas anarquistas le han proporcionado una sólida formación política que desborda sus crónicas otomanas. Pero Camba, hombre previsor, ha leído a quienes le precedieron, para hacerse una idea de la ciudad que le espera, pero también, quizás, para inspirarse o anticipar temas peculiares con los que poder enviar su correspondiente y puntual colaboración periodística.

Edmondo de Amicis llega a Constantinopla en 1874, y allí escribe uno de sus mejores libros. Es injusto que en España apenas se conozca a este gran autor italiano por su novela Corazón, de obligada presencia en las bibliotecas juveniles de los años sesenta del siglo pasado. De Amicis fue militar, novelista, ensayista, periodista y apasionado viajero, según nos informa su editorial española, Páginas de Espuma. Constantinopla es un libro muy divertido, lleno de talento y, aunque muestra una visión europea y muy andrógina de la ciudad oriental, sin duda es una muestra excelente de esa literatura de viajes, a veces mundana, que tanto éxito cosechó en los principales países occidentales durante la segunda mitad del siglo XIX.

Con motivo de su visita a un teatro de variedades, curiosamente llamado Alhambra y caracterizado por la procacidad de sus espectáculos, De Amicis recuerda su paso por España: «Únicamente los que hayan asistido a Capellanes en Madrid por los años de la revolución, durante el efímero reinado de D. Amadeo, podrán formarse una idea aproximada de la índole de estos espectáculos que nos ocupan, en Constantinopla». Para tirar del hilo, sin duda. La mirada entre sorprendida y condescendiente, la sorpresa ante las prácticas sociales y la búsqueda incansable de mujeres turcas constituyen una constante en el libro del italiano, que sin duda fue leído por Camba con notable aprovechamiento.

Aunque los artículos de Camba son muy políticos, en algunos de ellos se deslizan paisajes costumbristas a la manera de sus predecesores literarios. Camba se despide de Madrid con la misma prosopopeya con la que lo hizo De Amicis 32 años antes. Cita textualmente al italiano en la página 226 («Constantinopla –dice Edmondo de Amicis– es una ciudad extraordinaria. Viviendo en ella, se puede encender el cigarro en Europa y marcharse al Asia para arrojar la ceniza. Se puede hacer el almuerzo en un restaurante europeo y digerirlo en Asia tomando un café»). Pero además escribe sobre varios asuntos, como los perros (al parecer muy numerosos en toda la ciudad) o los incendios (ferozmente voraces y dañinos en barrios de casas de madera) que ya habían sido tratados en el libro del feliz viajero transalpino. No parece una coincidencia casual.

Pero Camba se dedica sobre todo a estudiar la situación política. El entonces Imperio Otomano vive momentos cruciales. Los Jóvenes Turcos han tomado el mando y quieren dotar a su país de una Constitución, construir un estado parlamentario. Su situación estratégica le convierte en un destino prioritario de la diplomacia y del periodismo político internacional (también estaría por allí Saturnino Ximénez como enviado de La Vanguardia). Y la dialéctica entre los avances sociales y la realidad conservadora de la mentalidad turca bien podía tener su traslación a un país como España, sometido a una constante pugna entre fuerzas similares.

Camba demuestra en sus textos una sólida y profunda formación política. Es muy joven, apenas tiene 25 años, pero ya ha coqueteado con el anarquismo, ha militado en las filas de la revolución gris, ha escapado a Argentina escondido en un mercante, ha leído y sabe de lo que habla. Sus análisis muestran una madurez rotunda y sobresaliente finezza cuando analiza lo que supone aprobar una Constitución, resucitar el cerrado Parlamento, abrirse a las costumbres occidentales o implantar una democracia con todas sus consecuencias y derivadas. Hay ya destellos del observador sagaz y ocurrente que sería Camba en otros de sus destinos, pero Constantinopla es sobre todo un libro de crónicas políticas.

La edición que nos ocupa incluye diversos artículos posteriores, siempre relacionados con la ciudad otomana. Ya en Berlín, en 1915, escribe dos colaboraciones denunciando el genocidio Armenio para ABC. Y también incorpora unos olvidados artículos sobre «un viaje al Perú» que se publicaron en 1925 en El Sol. Una joya. Posteriormente Camba viajaría a Inglaterra, Alemania, Nueva York y otros muchos países, hasta acabar convirtiéndose en el periodista mejor pagado de España. Leyendo las crónicas de este libro, sin duda lo merecía. Todo un genio, don Julio Camba.

FICHA
Constantinopla
JULIO CAMBA
RENACIMIENTO
17,10 €

FICHA
Constantinopla
EDMONDO DE AMICIS
PÁGINAS DE ESPUMA
22,80 €

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