Sicilia: la isla de los prodigios

17 abril, 2016
Templo de Segesta, en Sicilia.

Templo de Segesta, en Sicilia.

Acosada por su mala fama, Sicilia es el corazón del Mediterráneo, una confluencia única de sangres, razas, culturas y visiones del mundo

ENRIQUE BENÍTEZ

En los años 90, maltratada por la mafia y los crímenes contra la justicia, el escritor y dramaturgo siciliano Vincenzo Consolo (1933 – 2012) dedicó sus mejores energías y su extraordinario talento a sacar del pozo de la infamia a su amada Sicilia. Y lo hizo a través de las letras, con varias novelas capitales y también con un breve y delicioso libro de un viaje soñado, a la manera de Goethe, por las colinas y valles sicilianos, por su topografía milenaria y su personalidad barroca. Pero Sicilia paseada es, sobre todo, un libro de memorias, las memorias de una isla que representa el corazón del Mediterráneo y su milenario legado de cultura, de comercio, de guerras y de mezclas. Un mestizaje entre norte y sur, entre oriente y occidente, que esculpe la fisonomía de un espacio único y modela su personalidad intangible.

Hay que agradecer a Miguel Ángel Cuevas la oportunidad que ofrece al lector español. La traducción de Sicilia paseada y su publicación en España es un pequeño gran acontecimiento. Conviene acometer la lectura de este largo paseo ensoñado con el pertrecho de la gratitud y el aliciente de la curiosidad. Página tras página se abren genealogías inéditas que incumben a dioses y poetas, a ciudades y mitos. El recorrido que hace Vincenzo Consolo por la isla de sus pasiones es, sobre todo, un paseo sentimental, a la manera de Vázquez Montalbán –que tanto influiría en su paisano Camilleri– que recurre a la más vasta cultura y al más espléndido cariño para guiarnos por el paisaje y la Historia de ésta su isla, única.

Consolo recrea el viaje que hizo Goethe a la isla a finales del siglo XVIII, pero lo hace en sentido inverso, de oriente a occidente. Recuerda a Virgilio, Séneca, Silio Itálico, Ovidio, Teócrito. La topografía de Consolo supera la terca realidad de las noticias, y nos traslada a Pantálica, Siracusa, Ragusa, Messina y, por supuesto, a la roja Palermo. El autor nos recuerda que Sicilia es la isla de Lampedusa, por supuesto, pero también la de Pirandello, Sciascia, Buffalino o Brancati, por citar sólo a los escritores más traducidos.

«Isla de la quietud, del abandono, de la desplegada belleza fascinante; tierra de naturaleza generosa, de luz clara, de las aguas, los bosques, los jardines y los fragantes azahares. Isla de existencia pura y discordante. Isla de la infancia, de los mitos y las fábulas. Isla de la historia. De historia de los inicios, de épocas de descubrimientos y conquistas. Historia de clásicos equilibrios, de decadencias y derrumbes, de barbarie. Crisol de civilizaciones, babel de las razas y las lenguas. Enigma nunca resuelto es Sicilia, áleph, jeroglífico desgastado, menguado alfabeto».
Por la isla pasaron griegos y fenicios, romanos y cartagineses. Llegaron los árabes y tras ellos los cruzados normandos. Los aragoneses ya en el siglo XIII. Cada sangre del norte y del sur, cada raza del este y del oeste tuvo su paso fugaz por esta isla metafísica, en la que confluyen todos los genes posibles, donde se superponen, una tras otra, todas las capas de la historia mediterránea, tan unidas y continuas que es del todo punto imposible distinguirlas. Los desastres naturales y las catástrofes también marcan la herencia de los siglos pasados: la devastación del terremoto de 1693 dio paso a un sólido esplendor Barroco. Y sin embargo «el Barroco no fue solamente el fruto de una coincidencia histórica. Ese estilo fantasioso y abigarrado, retorcido y abundoso es, en la Sicilia de los continuos terremotos naturales, de los infinitos vuelcos históricos, del riesgo cotidiano de la pérdida de la identidad, como una exigencia del alma contra el extravío de la soledad, de lo indistinto, del desierto, contra el vértigo de la nada».

Gotas de Sicilia

Termina Consolo su digresión barroca hablando del más barroco de los espectáculos: la fiesta religiosa. Y es en este momento cuando se produce la comunión literaria entre la obra de Consolo y el libro de Andrea Camilleri (nacido en 1925), que con tanto acierto y esforzada y compleja traducción (esta vez de David Paradela) ha editado Gallo Nero en España, Gotas de Sicilia.

El vino gusta a San Caló es un relato hilarante que demuestra la veracidad de la sentencia de Consolo. En la Sicilia de la postguerra, sacan en procesión a San Calógero. Una imagen morena que se pasea por las calles del pueblo sin recorrido estable, a demanda de los vecinos enfermos y tullidos. Los propietarios de las tabernas tenían prohibido cerrar sus establecimientos. Y para sorpresa y escándalo de Su Eminencia Reverendísima Monseñor Luigi Rufino –que había hecho sus pinitos en la breve República de Saló– resulta que todos los ebrios y entregados portadores de la sagrada imagen lucían en el pecho los inconfundibles distintivos que acreditaban su militancia en el PCI, el Partido Comunista Italiano.

Pero si el relato de la procesión de San Calógero y su baño de vino es tan siciliano y mediterráneo, tan inconfundible, no se queda atrás el que recoge la experiencia de las primeras elecciones regionales sicilianas de 1947. Los primeros comicios es de nuevo un retrato de una forma de ver la vida que suena a capricho o invención, pero es tan real como la mezcla mediterránea de ideología, religión, rivalidad y convivencia. Es imposible leer los relatos de Camilleri sin pensar en todos los tópicos que hacen sufrir a Sicilia. Y al mismo tiempo es inevitable llegar a la conclusión de que, al igual que en España, quizás esté en Sicilia, en el sur del sur, la esencia más auténtica de la verdadera Italia.

Leer a Consolo y Camilleri destierra los lugares comunes y extermina los prejuicios, lo que tiene un valor incalculable. Entre sus páginas el lector siente la necesidad de recorrer aquellas calles milenarias y tantas laderas míticas. Los paisajes de la Eneida, las playas que pisaron los clásicos. Saborear la miel de los dioses. Pisar los templos que acogieron la fe de los mortales. Dejarse llevar, inquieto, por el laberinto de la Historia del Mediterráneo, que es, al fin y al cabo, la historia de cada uno de nosotros.

Sicilia paseada, de Vicenzo Consolo

FICHA
Sicilia paseada.
VICENZO CONSOLO
TRASPIÉS
12 €

Gotas de Sicilia, de Andrea Camilleri

FICHA
Gotas de Sicilia
ANDREA CAMILLERI
GALLO NERO
12 €

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