Cuento distópico de verano (y III)
LA MAGDALENA Y EL TE , NOVELA / 28 septiembre, 2015

KAREN WALLACE Los libros clásicos viven en nosotros y nosotros en ellos. Son clásicos porque son ayer, hoy y mañana. En esta sección se redimensionan textos eternos, llevándolos a los tiempos modernos que ayudaron a anticipar. ¿Qué pensarían hoy de nuestra sociedad tres famosos distópicos como Aldous Huxley, Ray Bradbury y George Orwell? Terminamos con Orwell y su 1984… «…El mundo se había vuelto demasiado hostil para Montag. Su vida en la resistencia había dejado huellas imborrables; cada día la policía del pensamiento estaba más cerca de sus pasos y sentía que ya no se podía fiar de ninguno de sus camaradas. Donde hubiera un dispositivo móvil y una señal de internet había peligro. Montag tenía claro que debía huir a la montaña. Sin embargo, sus avances en el terreno informático estaban dando los primeros frutos: había logrado hackear algunas páginas importantes desde donde el Gran Hermano colaba su mensaje. Eso sí, las vías principales, las malditas redes sociales, seguían fuertes…». –¿No crees que estás un poco intenso, querido George? –preguntó con sorna Bradbury. –En absoluto –respondió Orwell con furia. La idea de escribir una novela a seis manos desde el locutorio del inframundo con el fin de prevenir a…

Cuento distópico de verano (II)
LA MAGDALENA Y EL TE / 27 agosto, 2015

KAREN WALLACE Los libros clásicos viven en nosotros y nosotros en ellos. Son clásicos porque son ayer, hoy y mañana. En esta sección se redimensionan textos eternos, llevándolos a los tiempos modernos que ayudaron a anticipar. ¿Qué pensarían hoy de nuestra sociedad tres famosos distópicos como Aldous Huxley, Ray Bradbury y George Orwell? Prosigamos con Bradbury y su Fahrenheit 451. Tras una hora con Ray Bradbury frente a la pantalla del locutorio de internet del inframundo, y con George Orwell y Aldous Huxley justo detrás de él, el trío distópico quedó al tanto de lo que más o menos había pasado en el mundo mortal desde que ellos lo habían abandonado. Había que aprovechar la oportunidad que el consejo del reino de los muertos le había concedido a Huxley por su cumpleaños, así que bucearon por infinitas páginas de periódicos, enciclopedias, blogs y redes sociales. Ray recordó que antes de morir se había hecho con una cuenta de Facebook, tecleó su email y clave y, efectivamente, seguía activa; cruzaron a través de miles de perfiles y, de pronto, una frase llamó la atención de Bradbury: «Ese verano hizo mucho calor. No era como vivir en el infierno, era como cocerse…

Cuento distópico de verano (I)
LA MAGDALENA Y EL TE / 28 julio, 2015

KARENN WALLACE ¿Qué pensarían hoy de nuestra sociedad tres famosos distópicos como Aldous Huxley, Ray Bradbury y George Orwell? Comencemos con Huxley y su Un mundo feliz… Los días en el inframundo pasan muy lentos. Lo sabían de sobra Aldous, George y Ray. Lo más divertido que podían hacer era echarse unas cuantas partidas de póker. Ray (Bradbury) generalmente ganaba: sólo llevaba tres años por allá abajo y conservaba aún ese entusiasmo mortal. El que peor lo llevaba era George (Orwell), que había cumplido 65 años de condena en el purgatorio; si a eso le sumamos que en vida tampoco es que fuera la alegría de la huerta –sus años de poli en Birmania lo habían dejado un tanto agrio–… Aldous (Huxley), por su parte, sufría por no poder viajar; en realidad, no le molestaba estar muerto, pero el ver las mismas caras día tras día era, para él, un castigo desorbitado. Ni los recuerdos de sus experiencias psicotrópicas le servían para sobrellevar el sopor. Orwell jamás había visto a los gobernantes del inframundo pero, paranoico como siempre fue, presentía que estaría regido por imperialistas muertos y próceres comunistas comodones que vigilaban todos sus movimientos. Al ver a Aldous tan…

Guadalocio y los 4 bastiones
LA MAGDALENA Y EL TE / 29 junio, 2015

KARENN WALLACE Antes de morir, Jean-Jacques Rousseau puso a prueba su teoría del contrato social, y su concepto de oclocracia, en su «visita» a una ciudad que nos será conocida «A 2 de julio de 1778, estimada Thérèse, cuando leas estas letras mi alma estará descansando, pero es necesario que escriba este testimonio antes de mi último resuello. Esta mañana, como todas las mañanas desde que llegamos a la mansión que nuestro buen amigo el marqués de Girardín nos ha ofrecido como refugio de las habladurías y persecuciones de nuestros enemigos, me encontraba inspeccionando las especies a seleccionar para el herbolario cuando, al coger el reloj, único recuerdo de mi padre, comencé a sentir una sensación de mareo y éxtasis jamás vivido y perdí el conocimiento. No puedo asegurar cuánto tiempo; según las cuentas de la razón, sólo unas horas. Pero mis recuerdos no se acercan a la razón y lo que voy a contarte bien podría ser el reflejo de semanas o quizás de meses. Al despertar me encontré en un lugar extraño, lejos de Ermenonville, una región cálida y costera que no correspondía a nuestro tiempo… [Amada Thérèse, sé que creerás lo que te cuento y no pensarás,…

Neoprincipado Comunicaciones S.L.
LA MAGDALENA Y EL TE / 1 junio, 2015

KARENN WALLACE Recordamos, en el mes de su nacimiento, a Nicolas Maquiavelo y aplicamos su fundamental tratado de teoría política El príncipe a los tiempos actuales. Un despacho amplio, de paredes prístinas y grandes ventanales que revelan los grandes monumentos de la ciudad, decoración minimalista para no desconcentrarse… Son detalles fundamentales en el nuevo trabajo que hoy por hoy desarrolla Nicolás Maquiavelo. Su escritorio está atiborrado de cacharros tecnológicos, iPad, iPhone, iMac, iPod… Todo lo que empiece por i es su gran aliado. En la puerta, un letrero: N.M. dircom. Vibra su móvil. Sus llamadas las atiende él mismo; su secretaria está para otras empresas; a sus clientes realmente especiales hay que tenerlos contentos y no hay nada que desagrade más a alguien que quiere ser importante que el hecho de que no le conteste de inmediato la persona a quien llama. Escuchemos la conversación: –¡Hombre! ¡Has estado estupendo! Te dije que el recurso de los gráficos iba a funcionar… Mira, está claro: la gente cuando no entiende algo, cree que es importante y ya sabes que todo votante quiere un líder que le diga cosas importantes […] Claro, las reformas… ¡adelante, no lo dudes! Es necesario aprender a no…

Kafka y la transfiguración curiana
LA MAGDALENA Y EL TE / 21 mayo, 2015

KARENN WALLACE Los libros clásicos viven en nosotros y nosotros en ellos. Son clásicos porque son ayer, hoy y mañana. Iniciamos una sección que redimensiona textos eternos, llevándolos a los tiempos modernos que ayudaron a anticipar ¿Cómo sería hoy, en estos tiempos en que la aprobación social es básica, el insecto que ideó Franz Kafka para su libro La metamorfosis? Despertemos a Samsa de ese letargo, de esa habitación fría y nauseabunda utilizada como trastero en la que permanece desde hace 100 años, recordándole que ya no sirve, que ya no es parte de nosotros, que es un paria. Despertemos esa vida reducida al tormento fúnebre, a un fin en fases: social, emocional y física. Día, noche; vida y término de ésta; gregarismo o soledad, ideas goteantes y persistentes que orbitan sin sentido, como ese pavor a la muerte aunque ya haya sido consumido en vida. Gregorio Samsa, currante anodino, deambula miserable, arrastrando su apocamiento y fantasías irrealizables y las de una familia que se acostumbró a sus circunstancias. ¿Cómo no ver en lo que se terminaría convirtiendo? ¿Cómo no ver señales antes de renacer en engendro alienado? Un siglo de suplicio, la manzana se pudre en su abdomen, una…