Scott Fitzgerald: estirar el éxito, perder el pulso

8 abril, 2018

JAVIER GARCÍA RECIO

Fitzgerald arrasó como escritor de éxito en sus primeros años. Después en su madurez comenzaron los problemas. De esta etapa son los 18 cuentos que Anagrama ha editado bajo el título de uno de ellos, Moriría por ti. Son relatos para la sobrevivencia y en un momento en el que el escritor pensaba que se malgastaba su talento.

Portada de la edición en ingles de Moriría por ti. LA OPINIÓN

El éxito le llegó tan pronto, con apenas 23 años, que no le dio tiempo a su enorme talento literario a reconvertirlo en uno de sus hermosos relatos. Tal vez si hubiese logrado domesticar ese zarpazo, introducirlo como un barco en una botella y convertirlo en uno de sus historias exitosas, tal vez el destino de Scott Fitzgerald se hubiese alargado en una historia más agradecida, para él y para la propia literatura. Pero quizá también el mito y la leyenda hubiesen perdido enteros en el aura que desde su temprana muerte prolonga su estrella.

Pronto hará un siglo de la publicación de la obra maestra de la era del jazz de F Scott Fitzgerald, El Gran Gatsby, una de las novelas que le catapultó a la fama. Una meditación seductora en el lado oscuro de la riqueza y el sueño americano.

Luego llegaron los terribles años treinta. Tras la debacle económica, el mundo, arrastrado por Europa, comenzaba a acercarse al precipicio. Scott Fitzgerald, también. En estos años sigue siendo famoso pero el lujo ya no le acompaña y lucha por sobrevivir dignamente. Ya no puede volar sin esfuerzo y los editores de revistas, la principal fuente de sus ingresos mediante los cuentos que vende, (llegaban a pagarle hasta 3.500 dólares por pieza en las revistas más chic del momento) reclaman de él, le exigen temas y planteamientos propios de su brillante etapa juvenil y rechazan piezas que por asunto y tratamiento responden a los intereses del Scott Fitzgerald adentrado en la madurez.

De esta etapa, de estos años, son los 18 cuentos que Anagrama ha editado bajo el título de uno de ellos, Moriría por ti. En su mayoría están escritos en plena Gran Depresión. Son relatos para la sobrevivencia. El escritor vivía acosado por las facturas y las necesidades demenciales de su esposa Zelda, recluida en un psiquiátrico, y recurría a estos relatos cortos que, en otros tiempos los editores de revistas le pagaban tan bien. Los editores le seguían reclamando esas historias de glamour y jazz, pero a Fitzgerald esa puerta se le había cerrado. (…) «Sé lo que se espera de mí, pero en este sentido el pozo está bien seco y creo que es más inteligente por mi parte no intentar exprimirlo, sino abrir un pozo nuevo, una nueva veta», le escribía a su agente Harold Ober.

Por ello, la mayoría de las historias de Moriría por ti fueron escritas en un período cada vez más oscuro, Fitzgerald acosado por la tuberculosis recurrente, problemas de bebida y el costo creciente de tener a Zelda tratada en sanatorios costosos. También estaba «desperdiciando su talento» con los contratos de las película para Hollywood, tratando de aquilatar ese talento a las demandas esquemáticas del trabajo de los guiones.

Hay corrientes aparentemente sombrías en estas historias: divorcio, suicidio, los efectos de la Depresión, pero lo que realmente impresiona es el humor. Algunas de las historias de Fitzgerald pueden leerse a veces como espumosas bagatelas, como la deliciosa El pagaré, que abre el libro, y en la que Fitzgerald vuelca todo su ácida crítica del mercado editorial de entonces, no muy diferente al actual. Los doctores son, como es lógico, objetivos de la sátira de Fitzgerald, como en el estridente Las mujeres de la casa (Fiebre), al igual que el mundo hollywoodiense de Moriría por ti. Las nociones triviales sobre el matrimonio también son socavadas sutilmente, como en el divertido Día sin amor. En el período en que escribía estas historias, habló de su deseo de abrir una «nueva veta» en su trabajo. Es posible que su ingenio se despertara a medida que su vida se volvía cada vez más traumática y alejaba su enfoque de lo frívolo.

En esos cuentos, muchos de ellos rechazados por sus editores y otros que ni siquiera llegaron a publicarse, dejó Fitzgerald el rastro en crudo de su vida: el miedo a la pérdida de la belleza y la juventud, del hedonismos que Zelda y el representaban, el pánico ante la amenaza del fracaso, los estragos del alcoholismo, la imposibilidad de mantener su éxito. Fitzgerald fue manteniendo el tipo a la vez que iba poco a poco perdiendo el pulso con la vida hasta que el corazón le estalló con 45 años.

FICHA
Moriría por ti
SCOTT FITZGERALD
ANAGRAMA
23,9 €
Traducción de Justo Navarro.

Textos recientemente descubiertos y también textos repetidamente descartados por editores que no reconocían en ellos la marca registrada de uno de sus autores más identificables, aquí embarcado en la exploración de nuevos tonos y temas, en más de una ocasión moldeados sobre materiales autobiográficos.

 

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