Santuarios literarios

6 febrero, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

HACE TIEMPO QUE LAS CASAS DE LOS ARTISTAS (pintores, músicos, escritores), lo mismo que los cementerios en los que reposa su memoria, son un punto de interés turístico. El ser humano, tan curioso y tan mitómano, ha mostrado desde el siglo XX su predilección por conocer cómo era el espacio íntimo de los creadores famosos. Es como si al recorrer las casas, las habitaciones, los jardines de alguien que ingresó en la Historia, uno pudiese conocer más a fondo la vida, los hábitos, el alma de su artista favorito. Da igual que la vivienda sea una recreación, una escenografía inventada o un pequeño museo que trata de congelar en el tiempo la huella y la sombra de su dueño. Lo que importa es cotillear, descubrir, imaginar al creador en la soledad del proceso creativo, aprehender sus manías, sus fetiches, sus silencios, el fantasma de sus musas. Es otra manera de conocer su obra y su personalidad. Esto explica que los turistas, al igual que los jóvenes que aspiran al parnaso, visiten entre una amplia oferta internacional, la casa de Balzac en la calle Passy o el Palacete de Rohan-Guéménée en la plaza des Vosgues de París, donde vivió Victor Hugo. Al igual que acuden a La Fundación Neruda de la chilena Isla Negra, con su colección de mascarones de proa, a la de Kafka en Praga o a las casas de Claude Monet en Giverny, a la de Sorolla en Madrid o a la de Picasso en Málaga.

SI USTEDES RESPONDEN A ESTE PERFIL DEL VIAJERO, disfrutarán sin duda con la lectura de Las casas de los poetas muertos de Ángeles Caso, VI Premio Llanes de Viajes 2011, publicada por Imagineediciones. En sus páginas, la ganadora del Premio Planeta ofrece un desmenuzado recorrido por las casas de diferentes escritores y escritoras ilustres de nuestro país, convertidas en museos que conservan una parte del periplo vital de sus moradores. Con su habitual prosa, amena, descriptiva, humana y trufada de aliento poético, Ángeles Caso describe y compara las viviendas madrileñas de Cervantes y de Lope de Vega, vecinos del barrio de Las Letras, cuyas vidas personales, familiares y literarias fueron bastantes diferentes entre sí. También abre la noble intimidad del gran ilustrado que fue Jovellanos, la atmósfera romántica de la casona de Rosalía de Castro con su jardín de camelias y las ofrendas que le hacían los emigrantes gallegos, el palacete del XVIII de Emilia Pardo Bazán, el nomadismo de Antonio Machado desde el palacio de las Dueñas de Sevilla a la pensión Isidoro Martínez, en Soria, o las moradas de Federico García Lorca en Fuente Vaqueros y en la Huerta de San Vicente, de Granada. La mayoría son casas convertidas en museos cuyos objetos, muebles, retratos, tocadores o gabinetes, mantienen vivo el eco de estos célebres personajes. Pero Ángeles Caso no se limita a peregrinar por estas geografías domésticas, sino que su viaje se interna más a fondo en las vidas de sus propietarios, intentando mostrar la complejidad de sus relaciones personales con otros prestigiosos autores de su generación, de sus vínculos afectivos (el donjuanismo incombustible de Lope de Vega, el desdichado matrimonio de Rosalía, la pasión entre Pardo Bazán y Pérez Galdós o las desventuras sentimentales de Machado con la joven Leonor y Guiomar, su amor platónico) y del espíritu que reflejaron sus éxitos, sus fracasos, la magnitud de su obra.

UN LIBRO AMENO E INTERESANTE que ofrece otra perspectiva que contribuye a divulgar conocer a estos autores seleccionados y que, en el caso de que usted sea uno de esos viajeros en busca de santuarios literarios, sirve de perfecta guía para diseñarse un itinerario a través de la intimidad de estas casas en las que de noche pasean los fantasmas de numerosos y reconocidos personajes de la literatura.

FICHA

La casa de los poetas muertos
ÁNGELES CASO
IMAGINAEDICIONES
15 €

Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Gaspar de Jovellanos, Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, Federico García Lorca y Antonio Machado se unen en el último libro de Ángeles Caso, Premio Llanes de Viajes 2011, en un recorrido por sus respectivas casas museo que, dedicadas a cada uno de ellos, se reparten por la geografía de nuestro país.

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