Rusia pasa a la sala de cine

6 febrero, 2012

Vista del Kremlin desde el río Voga.

ALFONSO VÁZQUEZ

Vaya por delante que el lector que tenga ordenada su biblioteca por países tendrá series dificultades en catalogar The Comissariat of Enlightenment, traducida al español como El parpadeo eterno. La obra de Ken Kalfus, publicada originalmente en 2003, es profundamente rusa, aunque su autor haya nacido en un barrio neoyorquino tan castizo como el Bronx. La clave nos la da el propio Kalfus, quien después de pasar un par de años en París, un año en Dublín, otro en Yugoslavia y cuatro en Moscú, confiesa que el hecho de vivir en el extranjero convierte el simple hecho de ir a por café o a por leche en toda una aventura, además de darte la oportunidad de contemplar todo con una mirada más infantil.

Este escritor tardío, que se estrenó como autor de cuentos a finales de los 90, ha mirado con ojos de niño la Madre Rusia y el resultado es un fresco apasionante del país, que comienza en 1910 cuando una multitud de periodistas y curiosos se reúne en el remoto apeadero de Astapovo en donde un enfermo León Tosltoi aguarda la muerte. Había llegado a este remoto lugar huyendo de su mujer, Sofía Tolstoi, aunque ésta finalmente localizó la estación y trató por todos los medios –sin éxito– de estar junto al marido en sus últimos momentos.

En este paraje inhóspito y crepuscular se cruzan los caminos de los tres protagonistas de la novela: un camarógrafo de la casa Pathé; un médico que ha inventado un método para embalsamar cadáveres y un oscuro y astuto revolucionario caucasiano que no es otro que Stalin.

En una tierra de nadie, escabrosa e inhóspita, están fijadas las miradas del mundo gracias al servicio del cine, el nuevo invento que es capaz de llevar a las lejanas tierras de Europa lo que ocurre en este confín del planeta, poblado de campesinos harapientos, pícaros y una cohorte de aduladores del gran escritor. El parpadeo eterno de la cámara, el poder de fijación de una realidad que gracias a esta creación puede ser manipulada, es lo que se irá forjando en esta novela en la que las piezas argumentales encajan sin estridencias. La Rusia servil y de sainete que aguarda la muerte de su escritor más famoso dará paso a otras secuencias, en la que se refleja la estupidez de la guerra, para llegar a la culminación del cine como instrumento de propaganda y manejo de las masas.

Una de las imágenes más memorables de esta novela es el rodaje de una clásica secuencia revolucionaria: el pueblo atacando el símbolo de poder establecido, un claro homenaje a Eisenstein. Por El parpadeo eterno pasea la sombra cada vez más débil de Tolstoi, su mujer Sofía, Stalin, Lenin… y hay que resaltar la verosimilitud de todos los personajes. Precisamente Lenin cerrará el círculo de esta novela: el embalsamador de cadáveres consigue tratar el cuerpo de Vladimir Ilich y permanecerá en el mausoleo siendo testigo del paso de los años y el final de la revolución rusa. Hay cierta similitud entre el aburrido Lenin, haciendo balance de su aburrida existencia en la plaza Roja, y la Molly Bloom de Ulises repasando los avatares del día. Ken Kalfus ha escrito una novela muy rusa, con ojos de niño sorprendido y escritura experimentada. El autor desmenuza al final algunas claves de la obra y despliega una bibliografía abundante que demuestra que, además de asombro infantil, ha manejado abundante documentación que por otra parte no pesa en este parpadeo eterno de tan buena factura.

FICHA

El parpadeo eterno
KEN KALFUS
TUSQUETS
18 €

En 1910, en el remoto apeadero del pueblecito ruso de Astapovo, una variopinta multitud se congrega para asistir a los últimos días de un octogenario y enfermo Tolstói, que ha ido a parar ahí huyendo de su esposa, de su vida contradictoria y quizá de sí mismo. Entre la muchedumbre, tres hombres cruzan sus caminos: Nikolai Gribshin, un joven camarógrafo ruso de la productora francesa Pathé; Vorobev, un científico que ha inventado un método para embalsamar cadáveres de modo que parezcan pasmosamente vivos; y Stalin, el futuro líder bolchevique.

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: