Regreso a casa… tarde

6 noviembre, 2013
Amin Maalouf, cuando recibió el premio Príncipe de Asturias.

Amin Maalouf, cuando recibió el premio Príncipe de Asturias.

SAÚL FERNÁNDEZ

Los desorientados (Alianza editorial), lo último de Amin Maalouf (Beirut, Líbano, 1949), comienza con una llamada telefónica. A altas horas de la madrugada. Una de esas que hila presente y pasado. Memoria perdida, pérdida de los recuerdos y cosas de esas. Un rollo. Luego viene un avión y un choque con el pretérito imperfecto. Nosotros, los de entonces, vaya, ya no somos los mismos. Maalouf se pone melancólico y también se pone renacentista: «Ubi sunt?». «Collige, virgo, rosas?». Adam, profesor universitario, escapa de su país, en Medio Oriente, cuando llegan las guerras. Deja a los felices amigos de cuando la Universidad: radicales, intelectuales, apuntadores de futuro… La huida de Adam quiebra la vida voluntariosa, las noches de debate, bosquejos de amor… En Los desorientados hay trabajos de amor reencontrados y hay trabajos perdidos, renuncias a la vida. O sea.

Maalouf obtuvo el premio Príncipe de Asturias de las Letras. Leyó su discurso de aceptación del galardón y dijo: «Vivir juntos no es algo que les salga de dentro a los hombres; la reacción espontánea suele ser la de rechazar al otro. Para superar ese rechazo es precisa una labor prolongada de educación cívica. Hay que repetirles incansablemente a éstos y a aquéllos que la identidad de un país no es una página en blanco, en la que se pueda escribir lo que sea, ni una página ya escrita e impresa. Es una página que estamos escribiendo; existe un patrimonio común». Bueno, pues de eso va Los desorientados: de la posibilidad de participar en la historia propia de un país, en el camino cierto hacia el futuro… El asunto puede ser interesante, profundo, necesario… Y eso está bien. No lo está tanto si uno mezcla tesis y ficción, peras y manzanas, que diría una concejala devenida en alcaldesa. La literatura es el relato de los hechos que hubieran podido suceder, lo escribió en su día Aristóteles, y nadie ha sido tan preclaro desde entonces. Mezclar buenas intenciones y prosa rítmica es una bomba de neutrones, de esas que dejan en pie los edificios y caídos a sus habitantes. No sé si me explico.

Está, pues, Adam, que coge un avión deprisa y corriendo porque su antiguo amigo se muere. Llega de noche, con ganas de ver al protagonista de su pasado. Decide plantarse en el hotel y no en el domicilio del moribundo. Y llega tarde. Ay. Esto Maalouf lo cuenta en las primeras páginas. No se preocupen, esto no es un spoiler. Pero hay más. El novelista elige dos puntos de vista para el relato: el narrador omnisciente y el de primera persona del singular. Y, muy pronto, Maalouf se da cuenta de lo difícil que es contar la historia que quiere contar sin parecer artificioso. Y en la huida de la artificiosidad falta de aliento. Maalouf escribe Los desorientados y uno lee la novela tan desorientado como los personajes de la novela. Y es una lástima. «Este domingo por la mañana me he dado cuenta, al llegar una ráfaga de aire, de qué privación de mi montaña nutricia he sentido todos estos años y cuánto deseo quedarme en su regazo materno» (página 59). Y así no, ¿qué quieren que les diga?

LOS DESORIENTADOS, ALIANZA, MAALOUF

FICHA
Los desorientados
AMIN MAALOUF
ALIANZA
22 €

Los desorientados es la novela más esperada del autor de León el Africano. Quizá la más personal y emotiva. La que condensa su manera de ser, de pensar. La clave de todas las ideas que ha volcado en sus obras. Un regreso literario a su país natal, un lugar indeterminado, un no lugar que se convierte en una reflexión universal sobre la amistad, el amor, la memoria, el exilio, la identidad y la necesidad de tender puentes entre Oriente y Occidente, siempre presentes en su escritura.

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