Querido capitán Pratt

12 noviembre, 2012

GUILLERMO BUSUTIL

HAY HOMBRES QUE AL NACER TIENE en la palma de su mano un mapa marcado con viajes, aventuras, mujeres, dramas y un doble con el que convertirse en personaje de leyenda. Hay hombres que al nacer tienen la literatura en la sangre y el olfato fino de los editores que saben convertir los libros en joyas impresas. Al primer caso, pertenece el dibujante veneciano Hugo Pratt y al segundo el poeta y y editor Carlos Pranger. Los dos han terminado por encontrarse -su destino estaba claro- en un joven proyecto vocacional, más romántico si cabe en esta difícil época para la cultura, llamado Confluencias. Un pequeño sello que apuesta por las ediciones cuidadosas y la recuperación de textos exquisitos de fascinantes creadores, como han sido hasta el momento Stéphano Faravelli con sus excelentes cuadernos de viaje y el maravilloso libro El deseo de ser inútil, que recopila dos libros de las conversaciones que Dominique Petitfaux mantuvo con Hugo Pratt entre 1987 y 1991. Ahora, ella y Carlos Pranger, han apostado por regalarnos a los lectores españoles este hermoso cuaderno de bitácora que también es un cuaderno de dibujos del creador del mítico héroe del cómic Corto Maltés.

EL DESEO DE SER INÚTIL ES UN largo viaje documental a través de la existencia de un hombre que dijo que podía contar su vida de trece maneras diferentes y que estaba convencido de que la vida verdadera es como el sueño que uno persigue entre países, lecturas, música, mujeres, hombres y los dibujos que son la huella de la mirada, abierta, minuciosa y libre, con la que ha caminado por el mundo. En estas páginas hipnóticas, ya que una vez que uno se enrola en la travesía de la lectura es difícil bajarse del barco, los lectores conocerán el árbol genealógico de Hugo Pratt con abuelos de procedencia oscura, con un padre fascista y errático, una nonna que le animó a plasmar en el dibujo el universo femenino y de mitos que rodeaba su infancia en Venecia y en la antigua Abisinia etíope, entregado a los amores con jóvenes de sensualidad negra y de precocidad blanca, a los olores del deseo, cercado por los abusos del colonialismo y de las guerras, marcado por una noche en vela dentro de una fosa junto a un cadáver. No es extraño que estas experiencias, convertidas en dibujos de gesto suelto, insinuado erotismo y elegancia extraña que certifican los episodios y etapas de su vida, alimentasen la vocación nómada y la curiosidad intelectual de Hugo Pratt. El joven que militó en la marina alemana, en el servicio británico y en la V División americana; amante del jazz y del tango; admirador de Rimbaud, de Jack London, de Yeats y de otros mitos cuyas tumbas visitó; seductor o seducido incorregible de numerosas mujeres que le dieron hijos, que fueron sus modelos infantiles antes de casarse con él o una pasión de la que escapar a tiempo; investigador del esoterismo e inquilino inquieto de Londres, Buenos Aires, París, Suiza y su cuna veneciana. Una vida propia de un personaje de Stevenson y que empezó a definir su talento en 1952 al crear al Sargento Kirk hasta imaginar a finales de los sesenta a Corto Maltés, el héroe mediterráneo que le consagraría en 1986 cuando el Gran Palais de París le dedicó una exposición.

TODO ESTO Y MUCHO MÁS SE PUEDE  encontrar en las páginas de El deseo de ser inútil, editado por Confluencias. Una auténtica joya, tanto por el testimonio existencial del protagonista que nunca dejó de fabular entre la verdad, los sueños y la mentira como por el testimonio gráfico de fotografías personales y dibujos. Un excelente libro para los que crecimos con esa atractiva e inmortal figura del cómic y para los que aún sueñan con una vida de aventuras. Estoy seguro que aquellos que naveguen por sus páginas disfrutarán a fondo con la historia del querido capitán Pratt. Felicidades a Confluencias y a esperar con qué próximo libro nos sorprenden.

FICHA
El deseo de ser inútil
HUGO PRATT
CONFLUENCIAS
29 €

Curiosa mezcla de ascendientes francoingleses, judeoespañoles y turcos, Hugo Pratt, veneciano de origen, despierta a la vida en Etiopía, descubriendo la guerra y el amor. Allí aprende a dibujar y también a detestar el colonialismo. En Buenos Aires a los veintidós años, reparte su tiempo entre el dibujo, los viajes y las extravagancias mundanas. Dibujó cerca de nueve mil láminas, desde As de picas hasta Corto Maltés, personaje de culto desde los años setenta. Dio varias veces la vuelta al mundo en pos de Yeats, Rimbaud, Stevenson, London y tantos otros amigos conocidos y desconocidos.

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