Perú desacostumbrado

13 marzo, 2016
Atentado terrorista de Sendero Luminoso, en Tarata (Lima, julio de 1992). FOTO: MUSEO DE LA NACIÓN.

Atentado terrorista de Sendero Luminoso, en Tarata (Lima, julio de 1992). FOTO: MUSEO DE LA NACIÓN.

ENRIQUE BENÍTEZ

Saca nuevo libro el Nobel Vargas Llosa y se vuelca la prensa nacional e internacional, con razón, porque siempre es un acontecimiento. Pero los esfuerzos de Mario no pueden eclipsar toda la literatura peruana, como si sólo él existiera. En estos últimos años hemos podido leer en España, por ejemplo, a Alonso Cueto (al que Vargas Llosa dedica Las cinco esquinas, por cierto), del que Anagrama editó hace años La hora azul. O a Jorge Eduardo Benavides, que en la espléndida Un millón de soles dibujaba el contorno siniestro de un incipiente Vladimiro Montesinos en los años de Velasco Alvarado. Y qué decir de Claudia Salazar, ganadora del Premio Las Américas de narrativa con La sangre de la aurora. O de Richard Parra, al que Demipage ha traído a España con Los niños muertos. Perú es mucho Perú, para suerte de todos los lectores de habla castellana.

A esa larga y fértil nómina de narradores hay que sumar a Santiago Roncagliolo y Martín Roldán. Roncagliolo, afincado en Barcelona, debutó entre nosotros con la deslumbrante Abril rojo, Premio Alfaguara de Novela. Ahora saca nuevo libro, La noche de los alfileres, ambientado en Lima en 1992. Y hay que agradecer a Pepitas de Calabaza su valentía editando en España nada menos que Generación cochebomba, el potente debut del periodista Martín Roldán, original de 2007 pero situado en la Lima desesperada de 1987. Dos libros con estructuras similares, trepidantes y dramáticos.

La noche de los alfileres

Estamos en Lima, en 1992. El Perú es un país casi derruido. Sendero Luminoso lleva años golpeando Lima, causando estragos. En guerra no hay control, se lucha por la supervivencia. Cuatro chavales de once años, alumnos de un colegio más o menos bien (Carlos, Beto, Moco y Manu) deciden vengarse de una profesora que amenaza sus inestables equilibrios personales: la señora Pringlin, víctima también del drama que asola el país. Moco es un fanático de los videoclubs y la novela está salpicada de referencias a películas. Pero lo que empieza siendo una aventura al estilo de Los Goonies derivará sin redención hacia un final más sórdido. En el Perú de 1992 no hay sitio para Los Goonies: de William Golding aprendimos que la infancia es más animal que humana, más primaria que reflexiva. La travesura se les va de las manos. A nadie le importa. Lo urgente era vivir.
Santiago Roncagliolo consigue escribir un relato muy ágil y de ritmo acelerado. Cada capítulo da voz a uno de los protagonistas, de manera sucesiva, sin pausas. Esta pluralidad de enfoques, a lo Kurosawa, enriquece el punto de vista del lector y permite detectar las contradicciones, el mar de fondo no siempre visible. También leyendo esta novela entretenida descubrimos a todas esas víctimas subterráneas de quince años de guerra civil no declarada: el padre militar que vuelve destruido de la zona de emergencia, la madre conectada a una máquina y que fallece en uno de los apagones cotidianos de Lima. No sólo se combatió en el frente, no sólo murieron decenas de miles de víctimas inocentes a manos del fanatismo terrorista, la guerra sucia y la represión. Lima se convirtió asimismo en la ciudad de siete millones de muertos, preocupada por salir adelante, sin esperanza alguna en el porvenir.

Roncagliolo combina drama y algunos toques humorísticos, una constante en muchas de sus novelas. Resulta imposible no soltar una carcajada espontánea en algunos de sus momentos más logrados. Esa concesión no resta dramatismo a lo que se adivina: una espiral de violencia estúpida y descontrolada. La vida bajo tensión exige válvulas de escape.

Generación cochebomba

Lima, 1987. Cuatro irresponsables chavales de dieciocho años intentan evadirse de sus incipientes responsabilidades. Son unos auténticos descerebrados, pero tienen buen corazón y resulta imposible no sentir una auténtica y sincera simpatía por el protagonista, el inmaduro Adrián R. y su improbable pandilla: el Pocho Treblinka, Carlos Desperdicio y El Innombrable. El primero, hijo de una familia bien, vive mantenido por sus padres lejos del hogar familiar: es el proveedor habitual de coca y tragos. El Innombrable es un tipo leído que acuña neologismos como «individúctiles», «intelegoísta» (él mismo) o «tribunáticos» (las barras bravas de las tribunas de los estadios de fútbol). Son subtes: fieles seguidores del rock subterráneo, antisistema. Generación cochebomba es una novela con banda sonora: Eskorbuto y La Polla Récors, de España, y las bandas peruanas Narcosis, Leusemia, Zcuela Crrada, Eutanasia, Autopsia y Excomulgados. Ahí es nada.

La vida de estos cuatro calaveras transcurre entre pogos, rayas, borracheras y resacas. El Perú se hunde pero ellos flotan gracias a su sólida ausencia de convicciones. En la España de los ochenta cantaba Charol que «sin dinero / ya no hay rock’n’roll / sin dinero no se puede ir ni a un concierto». El Pocho Treblinka tiene dinero y ellos son felices. Pero todo lo bueno se acaba, y más en el Perú de 1987. Martín Roldán crea una doble trama en paralelo: la vida despreocupada de los chavales y la inquietante amenaza del fanatismo terrorista. Sabemos desde el principio que ambas historias se cruzarán, o incluso que están cruzadas desde el principio. Del cine aprendimos que incluso en una ciudad como Los Ángeles existen Vidas cruzadas. Lima es otra Babel. Los vasos comunicantes estallan y la violencia les alcanza. Nadie podía quedar al margen.

En la espléndida novela de Martín Roldán hay episodios hilarantes –como el desafío de 20 subtes a la manifestación derechista organizada a favor de un candidato a las elecciones, «afamado novelista»- y un solvente conocimiento del lenguaje fanático de los revolucionarios iluminados, que responden a nombres como El Nerd, El Autómata o El Intelectualoide. Leer la retórica maoísta y vacía de tan siniestros personajes no deja de ser un ejercicio interesante, cuando el atávico discurso de la hegemonía parece resucitado en nuestro más inmediato entorno. Vivir para ver, leer para comprender. Dos novelas estimulantes sobre la condición humana en aquel Perú salvaje y feroz.

La noche de los alfileres de Santiago Roncagliolo

FICHA
La noche de los alfileres
SANTIAGO RONCAGLIOLO
ALFAGUARA
18,90 €

El ganador del Premio Alfaguara de novela y del Independent Foreign Fiction Prize vuelve con una historia de crueldad impune en la Lima de los años noventa. Cuatro amigos rememoran un acontecimiento sucedido en su adolescencia cuyos detalles sólo ellos conocen. ¿Cuál es su verdadera implicación en la muerte de una profesora?.

Generación cochebomba de Martín Roldán Ruiz

FICHA
Generación cochebomba
MARTÍN ROLDÁN RUIZ
PEPITAS
24 €

Este título es una novela que nos acerca a un momento crucial de la historia peruana: a aquellos años ochenta del pasado siglo en los que Sendero Luminoso y los subtes -o el rock subterráneo, un movimiento primo hermano del punk ibérico- cruzaron sus caminos. .

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