Periodismo zombie

4 octubre, 2013

GUILLERMO BUSUTIL

ESTAMOS MUERTOS PERO NO LO SABEMOS. Así empieza Lluís Bassets uno de los capítulos de su libro El último que apague la luz, publicado por Taurus. Una emotiva y lúcida necrológica sobre los últimos días de la prensa escrita. Y también una crónica inteligente y realista que no deja de asomarse a la nueva era, a los nuevos paradigmas y modelos que esperan al final de una crisis que significa un cambio radical en la política, en la sociedad, en una profesión que tuvo un papel de primera línea. Muchos periodistas llevamos tiempo escribiendo sobre periodismo. Cada uno, desde su experiencia en el mismo campo de amor y de batalla, reflexiona, hace autocrítica, desmenuza las causas e intenta proponer posibles vías de solución. Todos coincidimos en los síntomas que presagiaban hasta que reventó la burbuja periodística, todos defendemos la necesidad de nuestro oficio, y todos reivindicamos un futuro de nuestra profesión; aunque se denomine de otra manera,y tenga otros soportes. Lluís Bassets viene a recoger esos cantos del cisne, las huellas emocionales de los que perseguimos la noticia cuando no existía la libertad (importante circunstancia que se ha olvidado), cuando el fundamento de las empresas de comunicación era la credibilidad y el prestigio. Dos señas de identidad que analiza Bassets, que lleva a su correlación con la democracia, con las mismas empresas que hace años sólo buscan rentabilidad a toda costa, empobreciendo incluso la credibilidad, el prestigio, con la sociedad actual en la que cada persona es periodista y su propio redactor jefe, dedicado a la expansión gratuita de la información aunque el contenido y la forma carezcan de rigor, de calidad. Volvemos de nuevo al abaratamiento de la credibilidad y el prestigio. Dos conceptos que no se han perdido sólo en el periodismo.

LLUÍS BASSETS HACE MEMORIA. Transita por el franquismo, la ley Fraga, la Transición, el significado de cabeceras como Pueblo, Madrid, El Alcázar o de semanarios como Destino. Y llega al fiasco de Wikileaks y al presente socio cultural en el que se han resquebrajado las instituciones sociales y los grandes conceptos mientras que emergen los individuos, se expande la cultura de la gratuidad y donde ya no importa qué le está pasando a los otros sino lo que le está pasando a uno mismo, en tiempo real, en un espacio donde todos están en red. Pregunta Bassets cómo vender un producto informativo a una comunidad que está permanentemente conectada?, ¿cómo venderle un producto informativo a un individuo que en sí mismo es un potencial relato, una página web, una entidad creadora y replicadora a la vez? Hay otras preguntas que Bassets va desmenuzando con interesantes ejemplos. Igual que un antropólogo disecciona nuestro pasado, analiza el presente dominado por los buscadores que rastrean y se convierten en nuevos medios de comunicación, casi al menú, (por no hablar de cómo nos codifican), y propone futuros estrechos de Gering. La idea es que el periodismo sobreviva, que pueda metamorfosearse y existir. En el primer apartado cada reflexión contrastada entre otras fuentes vuelve a dar el mismo resultado: es necesario estar allí y saber contar. Dos viejas premisas: credibilidad, calidad. Está claro, el pasado no puede borrarse del todo. Siempre habrá una cicatriz que lo recuerde. En el segundo apartado, Bassets especula con criterio acerca de medios grupales, creadores de identidad, alimentados desde la red, compitiendo con otros, utilizando incluso el rumor previo como parte indisoluble de la información. Es decir, habrá muchas versiones de los hechos. Esto ya sucede con la televisión TDT, especialmente dedicadas a la política. También apunta a los francotiradores, sean pequeños grupos especializados o periodistas solitarios, que apuesten por menos noticias, mejor y más trabajadas e interpretadas, que improvisen cada día el oficio con nuevas herramientas. Pero eso sí, Bassets nos devuelve al principio y estoy de acuerdo, desde la disciplina de la verificación, la independencia, la libertad y el saber contar.

EL ULTIMO QUE APAGUE LA LUZ, LLUIS BASSETS, TAURUS

FICHA
El último que apague la luz
LLUÍS BASSETS
TAURUS
19 €

Galen tiene 22 años y vive en casa con su madre, Susie-Q, en un extenso huerto de nogales. Lo que en su día fuera una intensa y estrecha relación filial, ahora se ha convertido en una convivencia llena de ira. Galen no puede soportar ciertos comportamientos de su madre, por lo que muy a menudo se enfurece. El muchacho sufre, además, el complejo de profeta.

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