Patrick Modiano: apogeo del talento

1 julio, 2018

JAVIER GARCÍA RECIO

En el apogeo de su talento, tres años después de recibir el Nobel, Modiano vuelve a la carga con sus Recuerdos durmientes, un texto íntimo y misterioso. ¿Qué hace a muchos ser tan fieles a cada nueva novela de Modiano? La conclusión es que les moviliza su amor por París y sus rincones ocultos. El virus Modiano, cuando contagia, es para siempre

En su vuelta tras el Nobel, Modiano nos trae una novela, una obra teatral y la reedición del guión de Lacombe Lucien. L.O.

Habían pasado tres años desde que fue coronado con el Premio Nobel de Literatura y se esperaba que Patrick Modiano continuara su lento trabajo de explorar la memoria y los recuerdos. El Premio Nobel de Literatura 2014 regresa a su problemática juventud con Recuerdos durmientes y su contraparte teatral, Nuestros comienzos en la vida. Si alguien temiera que el Premio Nobel podría haber cambiado un poco la letra de Patrick Modiano, las primeras líneas de Recuerdos durmientes serían suficientes para disipar dudas. Sigue siendo Modiano. En el apogeo de su talento, Patrick Modiano nos ofrece su texto más íntimo, algunos retratos de mujeres misteriosas con un sabor maravilloso.

En Recuerdos durmientes vuelven la memoria y la nostalgia: un hombre mira tristemente su pasado misterioso y ve los breves encuentros de su vida adolescente. Aguantamos la respiración al borde de un mundo marginal en peligro de extinción. Decir que este texto es totalmente modianesco probablemente no ilumine mucho, y sin embargo existen, por supuesto, los inquietantes temas del autor, el pasado y la memoria, que siempre escapan, una temporalidad un tanto vaga, que no sigue el orden cronológico sino que adopta la aparición aleatoria de la memoria y los fantasmas que resurgen, como el plan luminoso del metro, una metáfora que aparece varias veces; un París laberíntico e íntimo en el que el narrador vagabundea en busca de sí mismo, personajes misteriosos surgidos de un pasado misterioso, o, para algunos, un poco turbio.

Estamos en París, en la década de 1960. Como para detener el paso del tiempo y la desaparición sucesiva de personas y cosas, el protagonista, posiblemente el joven Modiano, cuaderno en mano, lo anota todo, escrupulosamente: trozos de frases pronunciadas por voces anónimas, encuentros fortuitos de acuerdo con sus peregrinaciones Cincuenta años después surgen los fantasmas de Patrick Modiano a la altura de su talento en el libro más íntimo que escribió. Bajo la pluma del maestro de la fuga sus pocos retratos de mujeres misteriosas toman un sabor maravilloso.

Con nuestro consentimiento, el autor nos toma de la mano. Y lo seguimos sin dudarlo por su amado Paris. Con él, deambulamos por las calles en perpetuo revoloteo. Vamos con él a los cafés, a los apartamentos vacíos o habitados, lo que sea. Nos atrae irresistiblemente en los enlaces que teje, en sus peligrosos encuentros. Y, a menudo vagamos con júbilo, a su lado.

Mientras camina por las calles de París, el autor retrocede en el tiempo y recorre los caminos de su pasado. Hay en esta novela encuentros y desapariciones. Hay miedos y filtraciones, pero también confrontaciones. Como en otras novelas de este autor, iremos a conocer personajes sombríos. Nos esconderemos bajo tierra, los fantasmas se manifestarán, a menudo relacionados con el período de la guerra, como heridas mal curadas, como lágrimas que persiguen al narrador para siempre. Permanecen como inscripciones que marcan su existencia; ahí están las páginas oscuras de la historia de Francia: esta historia, como toda la obra de Patrick Modiano, es la sombra de la Ocupación, sus terribles compromisos y vidas destruidas en masa.

Este es probablemente el arte de la memoria de Patrick Modiano: un puntillismo de los recuerdos, una precisión del recuerdo perfecto, una obsesión de las caras y los nombres, pero que nunca se aglomeran en una imagen coherente y de acuerdo con la indeterminación de la memoria y el paso del tiempo.

El es la regla de juego de una historia que se construye como una serie de de figuras femeninas que la memoria se niega a olvidar, pero nunca se cierran. Estas figuras femeninas: Genevieve Dalame Madeleine Peraud y la señora Hubersen son como seres anacrónicos que rondan al novelista y atraviesan toda la obra. En el camino, uno tiene la sensación de no leer una nueva historia, sino la misma historia, que vuelve sobre sus pasos, la exploración de sombras.

¿Qué hace a muchos ser tan fieles a cada nueva novela de Modiano? ¿Qué hace que cada nueva publicación, un lector incondicional se apresure a leer, mientras que de antemano sabe que el autor le dejará, como siempre con hambre? La conclusión es que nos moviliza su amor por París y sus rincones ocultos, que tiene un arte consumado para hacernos sensibles. Y nos embarcamos con él en el limbo de su imaginación. Tal vez si no hay cansancio de leerlo, es porque nos da la oportunidad de revisar nuestras propias andanzas, nuestros propios paseos, nuestras propias heridas, nuestras propias fragilidades, nuestros propios sueños.
El virus Modiano, cuando contagia, es para siempre.

FICHA
Recuerdos durmientes
PATRICK MODIANO
ANAGRAMA
15,95 €
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia

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