Narración poética en las distancias cortas

14 febrero, 2013

ALFONSO VÁZQUEZ

La editorial Anubis acaba de publicar Retales de un escribano, de Carlos Alberto Torres Gómez (Málaga, 1981), doctor en Periodismo por la Universidad de Málaga. Se trata de una obra breve pero llena de resonancias poéticas porque su autor, muy versado en las distancias cortas y en ese escueto arte que es el microrrelato, vuelca en sus relatos imágenes y reflexiones que están más cerca de la poesía que de la pura narrativa.
Y así, leemos en su pieza número 17, Itinerario de un día soñado: «Bañarme en un mar de letras a orillas de cualquier costa de papel, donde la imaginación y el silencio se conviertan en alas de mi escritura».

En sus cuentos sobrevuelan la introspección y la soledad del narrador, muchas veces en escenarios naturales, a la orilla de la playa («las huellas del baile crecían jadeantes al compás de las olas»), bajo la lluvia («El cielo había roto a llorar como los sollozos de las plañideras») pero también junto a iglesias o frente a la máquina de escribir, en pos de la inspiración.

Además, hay espacio para la Semana Santa de Málaga, con un bonito cuento, Cuestión de fe, protagonizado por un niño de 5 años un Lunes Santo cautivo. Otro relato muy evocador es Los senderos del pastor, ambientado en la ancha Castilla, que resulta una sólida y bonita evocación de la vida en el campo.

En total, Retales de un escribano lo conforman 25 relatos, de factura corta, a veces, breves pinceladas, salvo el último de ellos, Última parada: estación central, cargado de un realismo, más que mágico, simbólico en el que el autor parece moverse con mucha soltura, así que hay que animar a este joven malagueño a seguir por esos caminos menos seguros quizás que los del microrrelato pero también más sugerentes, como lo demuestra la trama de este último cuento.

FICHA
Retales de un escribano
CARLOS ALBERTO TORRES GÓMEZ
EDICIONES ANUBIS
12 €

Navegando a través del proceloso mar de lo cotidiano, los relatos contenidos en esta obra se adentran en lo más recóndito del complejo universo de las pasiones humanas. La vida, ese camino sin retorno, ingrato y cruel a la vez que amable y compasivo, se muestra al lector con toda su crudeza y esplendor en unos textos que, lo mismo en mitad de los campos castellanos que a orillas de una solitaria playa, sobre las aceras de una urbe cualquiera, bajo la hipnótica luz de la luna o en la quietud de un estudio de escritura, desnudan la vorágine de sentimientos que invade desde hace siglos el alma del hombre.

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