Morbo y deseo

10 marzo, 2018

José Luis G. Gómez

Me presentan a un tipo en una librería y me dicen que es escritor, así que yo le digo lo que corresponde en esos casos: «Lo siento, que haya suerte». Porque la otra opción, la de las abuelas, era preguntar si le pasaba algo, pero yo ya veía que no estaba bien: querer ser escritor es un mal común en muchos lectores y todos lo hemos sufrido en algún momento –es como una varicela de la que no se libran ni los analfabetos–. Todo esto sucede en un país que quiere creer que han mejorado sus índices de lectura, como también quiere creer que ha mejorado el paro, pero todos sabemos que ninguno de esos dos índices mejora de veras –quizá dejan de empeorar, pero nunca mejoran-. Y para echar gasolina al fuego, llegó hace unos días la Estadística de la Producción Editorial de Libros publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), y resulta que la edición no remonta el vuelo, que sigue cayendo en picado, y que se han publicado un 4 por ciento menos de libros en el pasado año – la avalancha de libros que amenazaba con arrasar las librerías no era tal, aunque quedan pocas librerías abiertas para alegrarse–. Uno de esos libros es Fariña, que una jueza quiere retirar de la venta pero que continúa en el primer puesto de la lista de ventas, porque el morbo vende y parece que todos queremos aguarle la fiesta a las tonterías de la Justicia.

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