Mario Cuenca Sandoval: 440 hertzios

10 junio, 2018

GUILLERMO BUSUTIL

Luz en el oído. Cerrar los ojos y escuchar de dentro hacia fuera la música, la fe, la naturaleza. Si un escritor comienza así una novela, poco lectores se le resisten. Es casi imposible escapar del narrador que se sabe y pulsa siete octavas para leer, siete octavas para imaginar, siete octavas para tocar un sueño a dos manos. Es lo que hace Mario Cuenca Sandoval como quién no quiere otra cosa que ponerle color y música al lenguaje que se descompone en azules, rojos y violetas entre Kandinsky -que a cada tono le descubrió su instrumento- y Chagall que convertía la pintura en una nota ingrávida de cuerda y viento. Hay que tener no ya El don de la fiebre, como se llama la novela con la que Mario Sandoval demuestra ser un excelente ornitólogo literario y estupendo creador de pentagramas narrativos, hace falta también como le sucede a mi amiga la profesora y pintora María José Córdoba tener conciencia de los colores que emanan de nosotros, de las cosas, de las palabras, de los sentidos que se entrecruzan en un baile de sensibilidad, arte y cierto misticismo. Lo mismo que Olivier Messiaen (Aviñón 1908-Clichy 1992) el músico apodado el Mozart francés, prodigio de la melodía del lenguaje, de las ensoñaciones de la música, de la misteriosa relación entre el sistema nervioso y el espíritu, entre los sonidos y los colores, y la vibración del mundo. El protagonista de esta sinfonía poética con la que Mario Cuenca cruza el siglo XX como si fuese una partitura europea con la que contarnos de la guerra y sus furias, de la cobardía, del arte como refugio, del amor y la desesperación, del éxtasis religioso, del choque entre barbarie y civilización. De la superstición de que un hombre que sigue adelante no puede ser alcanzado por la muerte.

Tiene un excelente pasado de escritor Mario Cuenca. A pesar de que sus libros nunca dejan indiferente al lector no han viajado en el vagón de primera de las editoriales. Sin embargo, aunque no siempre, cuando se escribe con alma por encima de las posibilidades de los demás, el autor sobresale boca a boca y con la estima de los críticos. Le ha sucedido merecidamente a él desde Boxeo sobre hielo, su prometedor debut en Berenice, y por Ladrón de Morfina y Los hemisferios, novelas de solvente personalidad y ricas disertaciones entre lo lírico y lo filosófico. Sin el paso por ellas no se reconoce tanto la madurez estilística de El don de la fiebre, su habilidad plástica para contar en cuadros, y conseguir el delicado equilibrio chejoviano de la verosimilitud entre un pulido rigor documental, y la capacidad de su ficción para darle carnalidad literaria, volumen y humanidad al personaje real de Olivier Messiaen.

De su historia nos cuenta Cuenca la infancia ensimismada de Zivier; su entrega a la fe en busca del don que anhela; de la música lejana de la que sufre su madre; de su profesor Dupré; del estudio de Blanc-Gatti y los cromatismos sonoros; de su matrimonio con la violinista Claire Delbos (Mi) y de su composiciones a dúo; del prestigio alcanzado por El banquete celeste; de la llamada a filas y de su internamiento en un campo de Silesia. Allí, bajo cero la cautividad e inmune a la derrota su vocación, compondría su famoso Cuarteto para el fin del tiempo, sin desfallecer su escritura musical ni manchar de realidad el bastidor del oído en el que los colores tejían, sin ataduras armónicas, su libertad. La misma que alcanzó al estrenar su obra, ante los reclusos polacos y sus guardianes nazis. Y de la misma manera sabremos de su posterior matrimonio con la pianista Ivonne Loriod. Y más, todo. Incluso sobre la huella de Edgar Varése, John Cage o Luigi Nono; el acoso de los perros en la huida y el milagro de los cristales de nieve.

Episodios que van y vienen, fragmentados y en espejo, entre los dos hombres separados en el tiempo: el que sueña la vida y el que espera amarrado a la muerte. La propuesta en alto que le permite a Mario Cuenca Sandoval hipnotizarnos con la letra de su música en prosa, mientras nos cuenta acerca de un hombre y su metamorfosis en pájaro.

 

FICHA
El don de la fiebre
MARIO CUENCA SANDOVAL
SEIX BARRAL
18,50

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