Lorca y Camba en Nueva York

8 junio, 2015
Federico García Lorca.

Federico García Lorca.

ENRIQUE BENÍTEZ

Federico García Lorca y Julio Camba coincidieron en la Gran Manzana durante varios meses. Camba permanece hasta mediados de 1931, cuando se proclama la República en España y regresa. Lorca abandona la ciudad sin sueño en marzo de 1930. Una coincidencia que permite fabular sobre un posible encuentro, pero que sobre todo dio lugar a dos grandes libros, cada uno en su género.

Mayo de 1929. Julio Camba, el periodista mejor pagado de la España de aquella época, llega a Nueva York. No es su primera visita. Ya estuvo en 1918, y escribió un conjunto de crónicas agrupadas y editadas bajo el título Un año en el otro mundo. Camba, que moriría en su residencia del Hotel Palace de Madrid en 1962, es sin duda el gran maestro del periodismo contemporáneo. Al parecer, un editor le encargó en cierta ocasión un texto de un día para otro. Camba entregó cuatro o cinco folios. «Discúlpeme, pero con tan poco tiempo no he podido ser breve», se excusó. Sus artículos son incisivas obras de arte, pequeños relatos que exploran los lados más ocultos de lo evidente, con precisión deslumbrante.
Lorca llega a Nueva York el 25 de junio de 1929. Le acompañan Fernando de los Ríos y algunos amigos. Necesita poner tierra de por medio con España, respirar aire fresco, encontrar terrenos fértiles para su descomunal e inabarcable talento. Es una lástima que su asesinato, sus circunstancias y su homosexualidad estén abarcando más tiempo y espacio que su obra y su absoluta renovación del lenguaje literario español. Lorca estaba llamado a ser como Picasso, declarado por la revista TIME «el artista más influyente del siglo XX». Su muerte construyó un mito, pero acabó al mismo tiempo con el mito en vida que estaba destinado a ser.
Lorca y Camba coinciden por lo tanto en Nueva York durante varios meses. Camba permanece hasta mediados de 1931, cuando se proclama la República en España y regresa. Lorca abandona la ciudad sin sueño en marzo de 1930, para trasladarse a La Habana, otro de sus escenarios míticos. Camba escribe La ciudad automática, que se publicaría en España en 1932. Lorca alumbra Poeta en Nueva York, su obra más difícil y jeroglífica, pero quizás también la más brillante, inalcanzable para cualquiera de sus coetáneos. Permanecería inédita hasta 1940, aunque ya de vuelta en España daría en varios lugares una conferencia-recital del mismo título, entre 1932 y 1935.
No hay noticias de la coincidencia física de Lorca y Camba en Nueva York. Lorca viaja por otras zonas, y frecuenta círculos académicos y culturales. En estos meses, según describe el profesor Cuesta Guadaño, también pasan por la metrópoli personajes y amigos de ambos como Concha Espina, Dámaso Alonso (acompañado de su mujer), Ignacio Sánchez Mejías o las bailarinas conocidas como La Argentina (Antonia Mercé) y La Argentinita (Encarnación Júlvez). Nueva York es una ciudad de multitudes, de rascacielos, de contrastes y desafíos. El enjambre donde conviven multimillonarios y pobres, negros y blancos, gentiles y judíos, es el mejor sitio posible para respirar libertad y recorrer sin miedo el camino de la experimentación.
Camba escribe en el prólogo de su libro que «decía un poeta español que, en Nueva York, las estrellas le parecían anuncios luminosos». No hay referencias cruzadas entre Poeta en Nueva York y La ciudad automática, aunque sí haya temas comunes, como por ejemplo la sorpresa de los negros.
Lorca, atento en España a los gitanos, a su folclore y su idiosincrasia, hasta el punto de beber de su influencia, recorre Harlem, el barrio de los negros. Y escribe El rey de Harlem, y Norma y paraíso de los negros. «Es preciso cruzar los puentes / y llegar al rumor negro / para que el perfume de pulmón / nos golpee las sienes con su vestido / de caliente piña». Camba es mucho más prosaico, pero muy certero. Afirma que en Nueva York se odia a los negros pero sólo de día, ya que a partir de ciertas horas de la noche se recurre a Harlem en busca de la real thing, de lo auténtico. «Para los americanos de estirpe puritana la alegría es una invención negra», concreta. Y resume esta relación entre los blancos y los negros en un acerado diagnóstico: «la falta de una lujuria propia en el pueblo americano».
Octubre de 1929 es un mes crucial. Se produce el crack de la bolsa y se arruina Wall Street. Poco a poco el desastre económico se contagia a todo el país, que de la noche a la mañana comienza a pasar hambre, destrozado por la codicia financiera. Fracasará quien busque en estos libros alguna referencia al estallido de la burbuja, a los suicidios. La estancia de Lorca en Nueva York bien podría haberse titulado como el primer libro de Camba, Un año en el otro mundo, ya que fueron meses intensos, de profundo reencuentro con la vida, cargados de jovialidad y muy fértiles en cuanto a su capacidad creativa. Lo mismo podría decirse de Julio Camba, más viajado hasta la fecha que Lorca –había huido a Argentina muy joven, pero también había ejercido de corresponsal en Turquía, Francia, Inglaterra, Alemania e Italia– que en 1930 descubre a Anita Loos y la propone para el Premio Nobel, con mayor o menor carga de ironía mundana.
Han sido muchos los expertos que han escrito sobre el decisivo viaje que llevó a Lorca de España a Nueva York y La Habana. De aquel viaje no sólo brota Poeta en Nueva York, sino que también arranca una formidable etapa de madurez creativa, compromiso e hiperactividad artística. Merece la pena leer este libro en toda su pétrea complejidad, tomar ese vals de quebrada cintura, buscar entre sus aristas nardos de angustia dibujada, matar al rubio vendedor de aguardiente y pasar toda la noche en los andamios de los arrabales. En la ciudad sin sueño, las estrellas confundieron a Camba y Lorca, y los anuncios luminosos les hicieron ilimitados.

La ciudad automática, julio camba, renacimiento

FICHA
La ciudad automática
JULIO CAMBA
RENACIMIENTO
16 €

Hay ciudades que constituyen por sí mismas un género literario. Nueva York es el mejor ejemplo. Y dentro de ese género una de las obras maestras es este libro, que aúna sociología y humor, futurismo y encanto antiguo. En La ciudad automática encontramos el envés bien humorado de otra obra escrito por las mismas fechas, Poeta en Nueva York de Federico García Lorca. Lo que en el poeta es tremendismo y magia, lo trueca Camba en alacridad, disparatada hipérbole y punzante inteligencia.

POETA EN NUEVA YORK, GARCIA LORCA, GALAXIA GUTENBERG

FICHA
Poeta en Nueva York
FEDERICO GARCÍA LORCA
GALAXIA GUTENBERG
14,50 €

Esta nueva edición de Poeta en Nueva York, preparada con rigor y esmero por el hispanista norteamericano Andrew W. Anderson, sigue fielmente la última voluntad de García Lorca, plasmada en el original que el poeta entregó a José Bergamín en las oficinas de la editorial Séneca pocas semanas antes de su muerte.

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