“Lo atractivo del Noi son sus demostraciones de valentía”

2 abril, 2016
El escritor Antonio Soler.

El escritor Antonio Soler.

JAVIER GARCÍA RECIO

Apóstoles y asesinos, el último trabajo del malagueño Antonio Soler, de la mano de Galaxia Gutenberg, se adentra en la novela histórica y en la Barcelona de los años de plomo de la década de los veinte para narrar con magistral talento la vida del anarcosindicalista Salvador Seguí El Noi del Sucre

Salvador Seguí, El Noi del Sucre, uno de los personajes legendarios en la historia del nacimiento del sindicalismo catalán y español; una historia  subyugante de un hijo de la clase obrera, cultivado, autodidacta y con maneras de dandi, que atrapó a Antonio Soler. Tras un trabajo de varios años ha parido una historia narrada con especial talento, dada su dificultad, y donde demuestra el porqué de su lugar de privilegio en la literatura española. Soler se apunta al éxito con Apóstoles y asesinos.

¿Ese binomio de apóstoles y asesinos tan contrapuesto que alude el título de la novela tiene más de ficción o de realidad?
Es una metáfora que se ajusta a la realidad y que parte además de un libro, Apòstols i Mercaders, escrito por un anarquista que aludía a los defensores y propagadores de una ideología fraternal y a los patronos que sólo velaban por sus intereses. De todos modos, creo que la realidad fue bastante más compleja y que entre los idealistas puros y los mercenarios de la peor especie hubo todo una infinita gama de grises. A veces incluso algunos de los apóstoles actuaron como asesinos, y algunos asesinos se quisieron hacer pasar por apóstoles.

La realidad histórica de la novela está perfectamente documentada con datos  de todo tipo e incluso con pequeños detalles (el pañuelo de bolsillo de Companys) que delatan un trabajo previo de envergadura. ¿Ha sido la novela que le ha requerido un trabajo previo más amplio y más denso? ¿Qué tiempo ha estado preparando Apóstoles y asesinos, buceando en la historia?
Sí, con diferencia es el trabajo en el que he empleado más tiempo. Es difícil precisar la duración exacta porque un proyecto se me solapa con otro y ya cuando escribía mi anterior novela estaba documentándome sobre El Noi del Sucre y el movimiento anarquista en España. En cualquier caso sí puedo decir que durante tres o cuatro años el Noi y el sindicalismo han estado acompañándome, o yo a ellos.

Usted ya se adentró en la novela histórica con Boabdil; esta otra, sin embargo, tiene el riesgo de narrar unos hechos y unos personajes que forman parte de nuestra historia reciente, es como manipular un material todavía frágil y sensible. ¿Esto lo hace más complejo, un más difícil todavía?
No, para mí ha sido más fácil. Quizás porque es un proyecto que ha surgido de mí. Boabdil fue una idea que me llegó de fuera y que hice mía. Con Boabdil tuve que empezar en frío, casi desde cero. Por el contrario, la época que abarca Apóstoles y asesinos me es muy familiar. Había leído previamente mucho sobre los antecedentes de la Guerra Civil, sobre los movimientos obreros y la irrupción de las ideologías en el siglo XX. Y no sólo eso. Está el lenguaje. El lenguaje que usaban Seguí, Companys o Pestaña está muy próximo a nosotros. El de Boabdil y el Gran Capitán no. Es arcaico, distante, ajeno. Acortar esa distancia es algo que me dio muchos quebraderos de cabeza en aquella novela y es un problema que no he tenido ahora. No importa que muchos de los protagonistas hablaran en catalán. No hablo sólo de idioma sino de relación con el mundo, de comunicación entre las personas. Y en eso nada tiene que ver el siglo XV con el XX. Es casi mi mundo, y por tanto he podido utilizar con toda libertad todos mis recursos creativos.

En todo caso, la historia no siempre es reconfortante, ni ejemplar, ¿verdad?
No, en absoluto. Ahí están Auschwith, el gulag, Hiroshima, la Inquisición o el Daesh para decirnos lo reconfortante que puede ser la historia.

La novela, al leerla, siempre llama a otros textos. Hemos recordado, por supuesto La verdad sobre el caso Savolta, pero también cómo Josep Pla  relata en su Cuaderno gris su paso por la Barcelona de esos años (1918/ 1919) sin hacer prácticamente alusión a esa práctica del terror cotidiano. ¿Le sorprende?
No, no me sorprende. Ni lo uno ni lo otro. El cuaderno gris me parece un libro memorable, magnífico. La elección determinante de un escritor está en elegir dónde pone el foco de su atención, el de Pla no era ése en aquel libro. Aunque sí se ocupó, y mucho, de la política a través de su ingente trabajo periodístico, no siempre independiente por cierto. El medio para el que trabajaba era parte interesada y beligerante en el conflicto catalán.

La historia de Apóstoles y asesinos es cruelmente actual, es el caso del catalanismo, su idilio con la izquierda para utilizarla y sus críticas interesadas al centralismo hasta lograr ser ministros. ¿La novela retrata el nacimiento de un problema catalán que es el de ahora, no le parece?
Sí, puede decirse que parte del libro aborda ese problema. El chantaje sin disimulos que practicaba la Lliga Regionalista, un antecedente de lo que fue Convergencia, estaba ahí. Y también estaban Companys y su mentor Layret, precursores de lo que será Esquerra Republicana. Layret se las ingenió para casar el espíritu de la izquierda con el nacionalismo. Algo contradictorio en principio pero que él resolvió de un modo inteligente. Los nacionalismos europeos estaban todavía muy presentes, iban a originar las dos guerras mundiales, y algunos catalanistas estaban contagiados de ese espíritu de exaltación de lo propio. La gran diferencia entre entonces y ahora es la existencia de la Unión Europea, que, aunque maltrecha, a través de unos presupuestos democráticos y laicos, debería propiciar la supresión de barreras internas, la cesión de soberanía de los estados para crear un supra estado poderoso, y no al revés.

Cuenta en la novela que personajes como Salvador Seguí “iban abriendo compuertas y minando murallas, pues la vida es una conquista”. Hizo bandera del pacifismo y su particular humanismo. Pero Seguí se movió siempre en la lucha por tener un sindicalismo poderoso que lograse la dignidad del trabajador, nunca peleó por la revolución como método para cambiar la sociedad, ¿verdad?
Cuando era muy joven, apenas un adolescente, sí estuvo a favor de la revolución, de la justicia aquí y ahora y por el método que fuera, incluso por vías injustas o violentas. No hay que olvidar que militaba en un pequeño grupo que se autodenominaba Els Fills de Puta. Es decir, estaban en contra de cualquier orden establecido. Pero pronto entendió que no era posible ni conveniente acabar con toda una clase social, la burguesía, y que el mejor camino era el de la convivencia siempre y cuando eso supusiera un reparto de poder y la dignidad de la clase obrera. Resumiendo, Seguí viajó de las grandes palabras y la grandilocuencia a las palabras de la realidad, de lo posible.

Tras los años de terror de Martínez Anido la CNT quedó muy quebrada. A los pistoleros se unieron los atracadores. “La CNT llegó a caer tan bajo que decirse sindicalista era sinónimo de pistolero” cuenta Ángel Pestaña. ¿Fue entonces cuando la CNT se convirtió en un sueño truncado, a pesar de que luego viniese la FAI y los heroismos de la guerra civil?
Al amparo de la CNT hubo de todo. Apóstoles y asesinos. Mártires y mercenarios. Idealistas violentos y violentos a secas. También idealistas a secas. Y eso mismo ocurrió, de un modo exacerbado, cuando estalló la Guerra Civil. Los anarquistas dieron grandes pruebas de sacrificio pero también de ineficacia y a veces de violencia gratuita. Su mala adaptación a militar en dentro de un ejército regular casi siempre fue un problema para la República, por no hablar de su convivencia –por llamarlo de algún modo- con los comunistas. En cuanto a la FAI no creo que hubiera sido muy del agrado del Noi del Sucre. Los que propiciaron su nacimiento lo tenían en su punto de mira. A él y a los que pensaban como él.

El Noi del Sucre es un personaje subyugante y admirable. ¿Qué aspectos más sobresalientes le atrajeron de él para convertirlo en el protagonista de su historia?
En principio me atrajo su difícil clasificación. Sus aparentes contradicciones. Se salía del estereotipo. Hijo de la clase obrera, con aspecto de dandi, cultivado, autodidacta, violento juvenil y predicador de la no violencia en su temprana madurez. Lo atractivo del personaje es su evolución, sus rectificaciones, que no son ni fáciles ni acomodaticias sino demostraciones de inteligencia y valentía.

¿Fue en todo caso una figura esencial y necesaria en el nacimiento del sindicalismo catalán y español? ¿Fueron héroes tipos como él?
Sí, desde luego fue una persona clave dentro del sindicalismo español. Probablemente habría recibido con una sonrisa burlona el adjetivo de héroe, pero en realidad sí lo fue. Él y personas como él, Ángel Pestaña por ejemplo, que dedicaron su vida a una causa digna y que se atrevieron a denunciar las injusticias, no sólo las evidentes que provenían de las instituciones, la policía corrupta o los intereses de la patronal, sino las que tenían lugar entre sus propios correligionarios.

En Apóstoles y asesinos ha abandonado la ficción pura y dura para adentrarse en la novela histórica, lo hace cuando otra vez, de manera recurrente, se habla de saturación de la ficción, de desprestigio. ¿Qué opina de eso?
Hay sectores que efectivamente parecen cansados de la ficción. Incluso entre algunos escritores. No hace mucho oí a un amigo novelista decir que estaba cansado de leer las cosas que se inventaba un tipo. Eso supone que se está cansado de leer a Cervantes o a Tolstoi. Yo creo en la literatura, en la buena literatura, y el género me resulta cada vez más secundario. La base real o no de un libro no significa para mí nada, no le da ni le quita ningún valor. Además creo que la ficción ha hecho mucho por el ser humano, por su conocimiento propio. Cuando conocí a Paul Preston, sin duda uno de los mejores historiadores vivos y por suerte ahora amigo, le dije que si la humanidad desapareciera y una nueva civilización quisiera saber qué ha sido el hombre, nos conocería mejor leyendo a Shakespeare o a Kafka que a ningún historiador.

Apóstoles y asesinos es un trabajo singular, excepcional… ¿Ha quedado totalmente satisfecho de su resultado?
Uno tiene el deber de no quedar totalmente satisfecho. Eso sería como pensar que ha hecho un trabajo perfecto. Pero sí he quedado muy satisfecho, ha sido un trabajo duro, pero sin duda muy interesante desde el punto de vista creativo, un desafío que creo haber solventado con dignidad.

FICHA
Apóstoles y asesinos
ANTONIO SOLER
GALAXIA GUTENBERG
20,80 €

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