Literatura de León

28 noviembre, 2014

GUILLERMO BUSUTIL

BAUDELAIRE FUE EL PRIMERO EN ENSEÑARNOS que un escritor tiene que saber mirar, sin ser visto, y tener un buen par de zapatos. Una cualidad y un objeto imprescindibles si el escritor se hace escritor en la ciudad. Las calles, los cafés, los bulevares, los portales, los medios de transporte, los cines, la gente corriente, son literatura en bruto. Sólo hay que escoger con misterio e imaginación y aprender a tallar con pericia. No lo dice Ignacio Rubio, profesor de Literatura y uno de esos tutores responsables de alimentar al escritor que un adolescente lleva dentro. No sabemos si Cortázar, Marsé, Mendoza, Muñoz Molina o Chirbes tuvieron uno parecido. Sólo que León Egea y Luis García Montero no afirman, en Alguien dice tu nombre, que Ignacio Rubio lo dijese en esas conversaciones cómplices entre el profesor y el alumno que decide convertir agosto en literatura. Un cuaderno de escritor en la bitácora de un detective de verano. El primero traza en la ciudad un mapa sentimental con el que iniciarse en la vida y en el oficio: encontrar los tres adjetivos inolvidables de Valle-Inclán, que la imaginación vea, oiga y toque más de lo que debe, que cada palabra es una elección, que vivir es el pretérito de escribir. El segundo rastrea el perfume secreto de una mujer y la aparente derrota y ambigüedad de un vendedor de enciclopedias. Ambos son León Egea. Estudiante de universidad. Escritor de letras a las que inventarles un nombre, un país, un viaje. Enamorado de Consuelo, la secretaria que le descubre el diccionario del deseo. Espía en una ciudad donde cortan el agua, la sombra de la policía social es alargada, los sueños todavía son de segunda división y la única manera de huir de la hipocresía y los silencios es la literatura rusa o el Corto de Loja que entra y sale lento de una ciudad que tiene el calendario parado.

ALGUIEN DICE TU NOMBRE es el verano del 63 de una Granada que fue la ciudad de la Otra Sentimentalidad y en la que suenan, seco el asfalto e insomne la piel de la noche, los recuerdos bajo los zapatos de García Montero. Igual que de los míos cuando camino, enganchado a la naturalidad y poesía de lo cotidiano de su voz, por esta hermosa novela de la ternura, el compromiso y la Literatura. Lo mismo que lo hago en las de Justo Navarro, reconociendo a los narradores poéticos y reconociéndome también en los olores, en las cafeterías, en las esquinas, en los cines enhebrados de tarde, en las metáforas de las incertidumbres, en los ecos y esperanzas que gotean la garganta de los grifos. Y en el bar Lepanto donde León Egea y Vicente Fernández preparan, a esa hora en la que se entremezclan los últimos cafés y las primeras cervezas, las estrategias y el juego para que cualquiera se convenza de que necesita una enciclopedia Universal, de que la democracia no está lejos. El bar Lepanto donde el camarero es un antihéroe de la guerra y el limpiabotas sabe leer unos zapatos trabajados, en el que una chica de buena familia nunca teme al naufragio de mañana como puede temerlo una mujer que no quiere que su destino se llene de humo al final de los besos. La ciudad que también es el cuaderno donde León Egea escribe su propia transición de la juventud enfrentada al poder a la vocación del oficio y de la vida, del deseo al amor, de la rebeldía a la conciencia. Una ciudad poema y biografía sentimental en la que nada es lo que parece ni es indiferente ni previsible nada de lo que sucede, mientras en la radio suena Mikel Ríos el rey del twist y los sueños jóvenes todavía no pueden cruzarse de piscina en piscina.

Alguien dice tu nombre es una conmovedora historia sobre la conciencia del compromiso político y de la mirada creativa, en la que al final del verano cambia la atmósfera y al calendario de la ciudad se le desprende la asfixia, dejando que asome la brisa de una nueva estación de la Historia y el porvenir. Una novela a tamaño humano con la que García Montero consigue que los lectores se enamoren de la literatura y sepan que la poesía y escribir son una forma de negociar con la memoria. Que la dignidad de la vida también está en los zapatos.

Alguien dice tu nombre, de Luis García Montero

FICHA
Alguien dice tu nombre
LUIS GARCÍA MONTERO
ALFAGUARA
18 €

Un el verano de 1963 España se muestra triste, espesa y encogida. El tiempo parece haberse detenido en el calendario y a todos les duelen los pies al caminar por la vida, como si les hicieran daño los zapatos. Pero en cualquier momento la suerte puede cambiar: por las grietas del presente gotea un poco de esperanza.

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: