La verdad se oculta en google

3 mayo, 2012

GUILLERMO BUSUTIL


LA ARGENTINA CLAUDIA PIÑEIRO deambuló por territorios cercanos al género negro en novelas fronterizas, entre esta estética y la parodia inteligente del microcosmo social, como Tuya, Elena sabe y Las viudas de los jueves, llevada al cine en 2009 por Marcelo Piñeyro. Un género en el que la narradora y autora teatral parece sentirse cómoda y compartir esa atmósfera que envuelve y engancha a numerosos lectores. Lo certifica de nuevo con la publicación en Alfaguara de Betibú con la que parece haberse afincado definitivamente en esa trinchera de la literatura con etiqueta. Betibú es una historia construida con personajes con deseo de proyección, de existencia más allá de estas páginas, deseosos de protagonizar una saga. No sorprenda al lector si Nuria Iscar –escritora de novelas de misterio venida a menos–; Jaime Brena –periodista de sucesos caído en desgracia– y «el pibe de policiales»–un joven e inexperto gacetillero que sustituye a Brena en la sección–, vuelven a aparecer en otras aventuras. Después de todo, la autora se mueve con maestría también en el arte de los guiones de series televisivas.

EN ESTA ÚLTIMA NOVELA, la trama tiene también espacio escénico: La Maravillosa, urbanización convertida en una cárcel de lujo a causa de las extremas condiciones de seguridad que se imponen sus moradores, donde aparece el cuerpo degollado de Pedro Chazarreta, un personaje que, en el pasado, fue el principal sospechoso de asesinar a su mujer. La escena está dispuesta para que parezca un suicidio, pero enseguida entran en acción Nuria Iscar, Jaime Brena y el inexperto «pibe», para desenredar la intriga que oculta antiguos secretos, un pasado sin cicatrizar y marcado por miserias humanas que no dejan de respirar en el silencio de la conciencia de algunos personajes. Betibú, el sobrenombre socio-coloquial de Nuria Iscar, por su parecido físico con el personaje de dibujos Betty Boop, es la coartada, el naipe comodín que juega Claudia Piñeiro para llevar a cabo un daguerrotipo de las mujeres de su generación, entradas en los cincuenta, que siguen guardando en su interior los sueños de juventud, y cuyo escepticismo, personalidad e ironía generan afiladas y divertidas conversaciones, como las que protagoniza Nuria con sus amigas. Ella y ellas, al igual que el resto de personajes, encarnan a esos héroes con cierto aire de romanticismo perdido o ajado que intentan sobrevivir en un mundo que cambia vertiginosamente, en el que han quedado atrás los valores, los sueños, la manera de dialogar con la vida, el viejo espíritu del periodismo, las relaciones de la prensa con el poder.

ESTAS CRIATURAS DE FICCIÓN, reflejo huesudo de la realidad actual, son los únicos que resisten, que se apoyan en el «honor» de sus principios a pesar de las decepciones, de las heridas, de las trampas del tiempo, frente a la maldad que simboliza en la novela el aristado personaje de Lorenzo Rinaldi, jefe de redacción de El Tribuno, encarnación de lo más deleznable del ser humano y de la profesión periodística, que agoniza ahora y que es el verdadero trasfondo de esta historia. Con este reparto y el argumento de intrigas sentimentales Claudia Piñeiro compone una crítica social, incisiva en ocasiones con el arribismo, con el desmantelamiento de la ética y la transformación de una profesión a la que sólo le interesa la verdad si se encuentra en google, los tres factores que pivotan bajo el eco policiaco de la trama, más cercana la periodismo de investigación y a la denuncia, y que provocan la aparición y el auge de un ecosistema social inquietante, violento, deshumanizado donde el pasado es el motor de nuevos crímenes. Una novela que resuelve el final con los puntos suspensivos de otros interrogantes que hacen esperar una nueva entrega.


FICHA
Betibú
CLAUDIA PIÑEIRO
ALFAGUARA
18,50 €

Cuando parece que la tranquilidad ha vuelto a reinar en el country La Maravillosa, Pedro Chazarreta aparece degollado, sentado en su sillón favorito, con una botella de whisky vacía a un costado y un cuchillo ensangrentado en la mano. Todo hace suponer que se trata de un suicidio. Pero pronto aparecen las dudas. ¿Acaso algún justiciero habrá querido vengar la muerte de la mujer del empresario, asesinada tres años antes en esa misma casa? ¿Será ésta la última muerte?

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