La vanguardia de mirar atrás

14 mayo, 2016
Thomas Coraghessan Boyle, en una imagen de archivo. LA OPINIÓN

Thomas Coraghessan Boyle, en una imagen de archivo. LA OPINIÓN

Impedimenta publica la primera novela del autor estadounidense, un libro, escrito en 1980, que viaja hacia finales del siglo XVII de la mano del explorador Mungo Park y el pícaro Ned Rise

LUCAS MARTÍN

Desde que Impedimenta decidiera adaptar al español la obra de T.C. Boyle, son muchas las comparaciones, algunas impulsadas por la propia editorial, que han ido inscribiéndose sugestivamente como tarjeta de visita del novelista norteamericano; se ha hablado sin recato alguno de Pynchon, de Barth, de Twain, de García Márquez, e, incluso, de Conrad y de Cervantes. Y lo peor es que se ha hecho, además, con razón.

La lectura de Música acuática, muy diferente en sus pretensiones y, sobre todo, en el discurso a las entregas anteriores, funciona, en este sentido, con ánimo de apotegma, siempre, por cierto, a favor del escritor. Cuando un narrador sobrevive sin tambalearse a la alargada sombra de sus antecesores y consigue al mismo tiempo mantenenerse en terreno de nadie, o de todos a la vez, es que, sin duda, merece la pena. Y más si como imitador de voces-todos somos imitadores de voces- elige la vía más difícil, la que no viene precintada por el estilo, y en la que escribir bien, incluso primorosamente bien, es sinónimo a veces de trabajar con la forma diluida. O, como mínimo, impidiendo que la prosa y su cadencia salte al primer plano, que es lo que logra el propio Boyle.

Música acuática es, sobre todo, un libro radicalmente moderno en su atemporalidad, hecho de juegos y peripecias de la historia, de los que reconcilian con el placer de la pura narración. Boyle, en esta, la que fue primera novela, cuenta la historia de Mungo Park, el explorador escocés que acabó devorado por la selva, y de Ned Rise, un pícaro de Londres, a punto siempre del desastre y la inanición. El poderoso magnetismo de sus protagonistas, cada uno aparentemente en un extremo, lleva al escritor a conducirse por la crueldad europea de finales del siglo XVII y el ánimo academecista postocolonial, el mismo, todavía sorprendemente de moda en algunos círculos ingleses, en el que el peligro y el exotismo de la aventura es visto como reclamo para los vahídos de las señoritas y el entusiasmo de la buena sociedad. Mungo Park, en dos expediciones distintas, está obsesionado con descubrir el río Níger, mientras que Rise, dado a la errancia e, incluso, superviviente de su propia muerte pasa por todo tipo de saltos de fortuna y golpes de calamidad: desde la emboscada de compañeros hampones al tráfico obligado de cadáveres.

Con la selva urbana y África, por otro lado, completamente abierta, Boyle, siempre divertidísimo, convierte este travelogue espiritual y geográfico en un espumoso asunto de acontecimientos y personajes: todos, cada uno, en las fronteras de un mundo, por unas razones o por otras, perfectamente asfixiante: la prometida obsesionada con los microscopios, el esclavo que sabe latín y recita a Byron y hasta los nativos que creen en la magia de la poesía occidental. Boyle es un peliculero; Henry James, Alonso Quijano y Maupausant habrían comprado su edición.

Música acuática, de T. C. Boyle

FICHA
Música acuática
T. C. BOYLE
IMPEDIMENTA
24,95 €

Música acuática fue la primera novela de T. C. Boyle, una sublime fantasía de ritmo trepidante, divertida e indecen­te, que anunció al mundo el naci­miento de uno de los grandes talentos de la actual narra­tiva norteamericana. Un despliegue de imaginación y humor, nos evoca al mejor Conrad y a Charles Dickens.

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