La tetralogía del comisario Ricciardi

10 enero, 2014
La escritora Karin Fossum

El escritor italiano Maurizio de Giovanni.

ALEJANDRO M. GALLO

Maurizio de Giovanni ingresa en el club de los grandes narradores del género con el título que completa la serie de su personaje, El otoño del comisario Ricciardi.

La editorial Lumen ha puesto a la venta El otoño del comisario Ricciardi, de Maurizio de Giovanni (Nápoles, 1958). Con ella remata la tetralogía dedicada al comisario napolitano, que ha sido elegida como una de las mejores series del año 2012 e incluye a Giovanni en el club de los grandes narradores de la novela negra europea. Las tres anteriores son El invierno del comisario Ricciardi, La primavera del comisario Ricciardi y El verano del comisario Ricciardi. La cuarta parte se desarrolla en el mismo escenario: Nápoles en 1931, en el año IX del Nuevo Orden fascista. La ciudad es un reflejo del resto de Italia: todo lleno de fiestas, de recepciones, grandes obras, ceremonias de botaduras de buques y paradas militares, que ocultan una realidad de hambre, explotación, represión y falta de libertad que comienzan a vivir los italianos.

En esto, el Duce, Benito Mussolini, se dispone a visitar Nápoles y pronunciar el discurso de la Nación. Es octubre de 1931. Y el poder ha de vender una ciudad en la que todo funciona bien, que no hay delitos ni desórdenes, que es una ciudad fascista donde reinan la paz y tranquilidad para los ciudadanos. Giovanni nos presenta una urbe con los anchos huecos de los portones y arcos de piedra que abren patios llenos de plantas, en calles por las que pululan falsos monjes, vendedores de cerillas y flores, fulleros de timbas diversas y granujillas bajo el aguacero de unos de los meses más lluviosos del año. La calzada es compartida casi por igual por raudos automóviles y caballos de pelambre reluciente que tiran de carruajes, salpicando las aceras del agua de los charcos que se extienden a lo largo de las vías. Todo es igual desde Via Sant’Ana dei Lombardi a Via Toledo, pasando por Via Nuova Capodimonte. El autor mantiene los mismos personajes secundarios de las versiones anteriores con sus características excentricidades: el sargento Maione «es como hablar con una yunta de bueyes, con la diferencia de que los bueyes por lo menos fingen prestar atención, sin soltar comentarios idiotas», así lo define otro personaje; el doctor Bruno Modo, harto de la burocracia y del fascismo incipiente; el subjefe Ángelo Garzo, un burócrata más preocupado por presentar al poder una ciudad tranquila que por resolver los problemas diarios; Livia Lacani, viuda de Vezzi, una aristocrática mujer cercana al Nuevo Orden que parece proteger a Ricciardi… Y si en las otras partes daba cancha al vicepárroco Pierino Fava de la iglesia de San Ferdinando a Chiaia, en esta ocasión nos presentará al padre Antonio Mansi, párroco de Santa María del Socorro, una persona que recoge niños desatendidos en las calles, pero no por caridad, sino por el dinero que le pueden proporcionar con el pillaje o la mendicidad.

Entre ellos se mueve el comisario Luigi Alfredo Ricciardi, del que su jefe Ángelo Garzo expone las razones por las que le considera tan eficaz: «en su interior alberga un criminal, que pensaba como los delincuentes a los que echaba el guante». Y lo describe así: «Ricciardi era incontrolable, huidizo, imprevisible. Vivía con su vieja tata. No se le conocían vicios, amigos ni mujeres (…). Además estaban sus ojos: aquellos inquietantes ojos verdes, trasparentes como el cristal, con párpados inmóviles, decididos; aquellos ojos que te desafiaban sin desafiarte, que te ponían frente a la parte de ti mismo, la que no querías conocer, la que ignorabas tener». A lo que añadimos que suele pasar días en el mítico Caffè Cambrinus con la mejilla pegada a la ventana y posee una cualidad extraña: el último pensamiento de los muertos de forma violenta suelen llegar a su mente. En el caso que nos ocupa, un niño aparece muerto posiblemente de desnutrición, pero él escucha sus postreras palabras: «Gracias por las galletas. Te quiero,mamá, eres mi ángel». El resto se lo pueden imaginar: es encontrar a un asesino, a través de la interpretación del sentido de esa frase.

El otoño del comisario Ricciardi, de Maurizio De Giovann

FICHA
El otoño del comisario Ricciardi
MAURIZIO DE GIOVANNI
LUMEN
17,90 €

El Día de Todos los Santos de 1931 se acerca y en Nápoles llueve como si el cielo quisiera acompañar la tristeza del momento. A primera hora de la mañana, sentado en los peldaños de una escalera que lleva a Capodimonte, alguien descubre el cadáver de un niño: el pequeño cuerpo permanece sentado, dignamente compuesto, y a su lado descansa un perro.

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