La sonrisa de Oslo

20 julio, 2015

GUILLERMO BUSUTIL

Volver a casa nunca conlleva encontrarse con un cadáver. Se supone que uno abre la puerta y le espera un beso o en todo caso un perfume deambulando entre el vacío perfecto. Pero nadie imagina que el recibimiento esperado se transforme en una mujer muerta en el salón con huellas de brutalidad. Este es el duro y seco comienzo de la novela de un  hombre que regresa a Oslo. En sus ojos lleva el calor y el color de la Exposición Universal de Sevilla y de repente ese souvenir se  mancha con la sangre de su esposa Margrete. A partir de este golpe en el estómago, Jan Kjaesrstad nos acerca a su protagonista desde diferentes ángulos y en perspectivas diversas de su trayectoria personal y profesional. Jonas Wergeland, enamorado de una sonrisa que persigue implacablemente por el mundo hasta lograr seducirla y también perderla, es un tipo cuya vida está marcada por el infortunio o por las casualidades desgraciadas: presencia cómo uno de sus amigos muere debido a un repentino accidente de bicicleta y él mismo logra escapar a la trampa mortal que le tiende un primo celoso, incluso casi muere cuando es atropellado por una embarcación. Sin obviar que Jonas es amenazado, sin consecuencias trágicas, por un oso polar mientras está en el retrete. Accidentes y afluentes de una historia repleta de metáforas sobre la sociedad noruega, interpretada a través de los sucesos que acontecen al astuto Wergeland y del modo en el que éste los percibe.

El seductor sitúa además  a su protagonista en una multitud de espacios justificados por las necesidades profesionales del personaje. Wergeland debe grabar los episodios de su producción televisiva, Pensando en grande, en diferentes emplazamientos que le permiten conocerse a sí mismo en circunstancias que a veces llegan a rozar el ridículo. Estos viajes cobran  relevancia en la obra porque son el reflejo también de la experiencia vital del propio autor Jan Kjaerstad, que se considera un gran viajero que incluso ha vivido durante algunos periodos en lugares tan apartados de su Noruega natal como Zimbabwe. Curiosamente, el objetivo del producto televisivo que dirige el protagonista, llamado Pensando en grande, es el de abordar las trayectorias de los grandes hombres de la patria, como por ejemplo el escritor Knut Hansum o la actriz Liv Ulman, desde diferentes ángulos. Jonas Wergeland es un seductor de audiencias que ha forjado su carisma a costa de ser a su vez seducido por multitud de mujeres  que constituyen su fuente de aprendizaje erótico, moral y humano. La narración del sexo es fundamental: su hermana Rakel le familiariza didácticamente con la genitalidad femenina y su tía Laura a la que le gusta pintar penes le cuenta los preciosos relatos sobre la princesa Li Lai en su búsqueda de una manera siempre mejor de ser amada. Wergeland no se limita a sus raíces, sino que se aferra al cosmopolitismo de negocios, al pico televisivo de los noventa, a la narración sexual sin erotismo, a una mirada que celebra signos lejanos, mediterráneos, el sol, la piel casi al descubierto. Hasta que el hogar, o la vida, ocupan su puesto como un bostezo: el asesinato inexplicable, tan poco original como en la sección de sucesos de los diarios, viene a ser una molestia fuera de agenda antes que una desgracia

Con un excelente ritmo y acordes propios de una ópera bufa mozartiana, las escenas de la novela suman un montaje arbitrario y espídico; lo grosero expuesto con llaneza y la reflexión más dolorosa en un mismo retrato de un personaje literario con la envergadura de las novelas folletinescas. El resultado es una divertida novela de aventuras acerca de la identidad y la pulsión sexual masculina.

FICHA
El seductor
JAN KJAERSTAD
NÓRDICA LIBRO
25,65 €

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