La sonata de un sueño

5 diciembre, 2013

GUILLERMO BUSUTIL

LA PRIMERA NOCHE QUE COMPARTÍ MADRUGADA de literatura y sombras con Ernesto Pérez Zúñiga, me condujo por el viejo Madrid donde, en otros siglos, las espadas se embozaban y los hombres estaban a la altura de la música de la vida. Esa noche, Ernesto Pérez Zúñiga vestía una gabardina holgada, apropiada para descender calles oscuras, esconder un florete para el arte del duelo e incluso un violín con el que tocar el aire de un sueño que se escapa. No sabía entonces que Ernesto Pérez Zúñiga andaba dentro de una novela que lo llevaba de viaje y le hacía, casi sin darse cuenta, mecánica pero suavemente, tocar cualquier madera que encontrase. Igual que si acariciase un cuerpo o estuviese leyendo a ciegas la melodía que la naturaleza, el dolor y el tiempo, habían dejado en ella. Un año más tarde, en una cena a resguardo de la lluvia, me habló de esa novela acabada, de los posibles títulos con los que se retaba buscando el costado de una certera estocada, el movimiento definitivo que fuese, en la portada de una página en blanco, de un libro impreso, la firma del diablo, la rúbrica de un hombre que se convirtió en sonido.

MESES DESPUÉS, TENGO ENTRE MIS MANOS La fuga del maestro Tartini que pudo llamarse El trino del diablo, La sonata de una espada, Las cuerdas del alma, porque cada uno define, en una parte y en el todo, la fantástica historia de Giusseppe Tartini, recreada en este libro, ganador del premio Torrente Ballester –sin duda alguna la historia le hubiese encantado al querido escritor de mirada en fuga, igual que el protagonista y su música– y editado en blanco por Alianza, como si fuese la partitura de la vida de un hombre que tocó su primer violín en sueños y que interpretó la magia, la angustia, el ángel desnudo del amor en abandono y abandonado, el dolor de una vieja herida en duelo, a espada y en un instrumento de cuerda con cintura de mujer. Un artista pendenciero e incansable en la búsqueda de la perfecta estocada al corazón. Esa sonata seductora con la que trascender su ambición, su soledad, la sombra de un alma en la sombra. Nos cuenta Pérez Zúñiga de Tartini a dos voces. La del narrador anciano retirado en Padua en 1770, evocando la memoria adolescente entre las espadas de Juan Mendoza y Nicolá Tamaro; los amores siempre imposibles de Guiletta la tuerta, de la enloquecida Silvia, de Elizabetta condenada, del pizzicato de Ángela Cavanna, de Catina y de la Malcontenta y sus joyas escondidas. Conocemos sus viajes y exilios; sus afectos y desafectos con singulares personajes históricos y ficcionados; cómo aprende de maestros luthieres como Bagatella y Pietro Rhee la tensión de la cuerda sobre la voz de la madera y cómo su querido Vandini vela sus soledades desde un eterno violencelo, mientras él escribe libros de ciencia y recuerda los versos de Tasso (imprescindibles para sentir la honda lucidez de la locura y su poesía), el canto azul de Farinelli, de Zinni, de Sergio della Donna. Y está la otra voz, oscura, faústica, prerromántica, que narra por dentro de la historia la historia del alma de Tartini. La voz de ese tercer sonido que persigue el afán del protagonista, durante años, con la máscara de un enigmático vendedor de cuerdas curtidas con las cuerdas y las almas de otros violinistas atrás y delante en el tiempo. Tal vez el diablo de la sonata célebre y real de Tartini. Quizá la de un ser inmortal que suena a Tom Waits o la de la ambición interior que vende el amor, la felicidad, el sosiego a cambio de una creatividad inmortal, capaz de expresar «la música, la mejor parte del infierno». Lo más frágil de la belleza y su misterio.

Hermosa novela La fuga del maestro Tartini, en la que Ernesto Pérez Zúñiga compone en atmósferas y tonos que evocan a Dumas, a Mújica Laínez, a William Blake. Lo mismo que convierte allegros, adagios y trémolos en un excelente y preciso lenguaje literario que consigue que esta novela en clave de sol suene tan bien. Que el lector tenga la sensación de que de fondo, al violín de Anne Sophie Multer, suena El trino del diablo, la risa de Tartini. No sé si ellos eran los tipos que Ernesto Pérez Zúñiga me presentó aquella noche donde madrugamos el lado oculto de Madrid. La música convertida en aventura.

La fuga del maestro Tartini, de Ernesto Pérez Zúñiga

FICHA
La fuga del maestro Tartini
ERNESTO PÉREZ ZÚÑIGA
ALIANZA
18 €

Año de 1769, Giuseppe, uno de los más importantes músicos del siglo XVIII, autor de la sonata conocida popularmente como “El trino del Diablo”, rememora su vida cuando presume que el tiempo se le agota. Recuerda su infancia, en la que se forma tanto su sensibilidad musical con los sonidos de la naturaleza como la rebeldía que le acompañará durante toda su existencia al rechazar la educación eclesiástica que su padre le tenía reservado.

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