La sociedad del delito

13 febrero, 2012
Elmer Mendoza

Elmer Mendoza

ENRIQUE BENÍTEZ

Élmer Mendoza, natural de Culiacán, en el Estado de Sinaloa, aterrizó en las librerías españolas apadrinado por Arturo Pérez Reverte. Balas de Plata mereció por unanimidad el III Premio Tusquets Editores de Novela, en noviembre del año 2007. El jurado valoró en esta obra «la rabiosa modernidad en el uso del lenguaje, en la estructura narrativa hermanada con los últimos lenguajes televisivos, y en el ritmo endiablado que, como la mejor novela clásica, no da tregua al lector hasta su desenlace».

En Balas de Plata surge un detective muy personal, nada menos que Edgar, el Zurdo, Mendieta. Podría ser un jugador de Boca, pero es un detective mexicano, culto, sensible, lector, amante de la música, honesto, trabajador, pulcro, diferente. Y en La prueba del ácido reaparece nuestro superhéroe, abandonado, fracasado, compartiendo vivienda con su hermano, enfrentado a sus fantasmas, a su pasado y al presente de un país devastado por la violencia institucional y criminal.

México, un país hermano, se desangra. La declaración de la guerra al narco pilla desprevenida a la policía. Hay grandes intereses económicos. Enormes cantidades de dinero atraviesan las fronteras. La persecución de los traficantes y de los cárteles de la droga requiere medios, armas, fondos. Y la defensa de los flujos de dinero negro alimenta una cadena espuria que sólo puede tener un resultado intermedio: el asesinato indiscriminado, la violencia gratuita, las matanzas preventivas, el caos social. Miedo, muerte, destrucción, socialización del dolor (que diría la ponencia Oldartzen).

Mendieta se enfrenta a un caso aparentemente rutinario. Una bailarina de un conocido club de la ciudad, con clientes importantes, aparece asesinada y con uno de sus pezones arrancados. Su compañera de piso amanece con una bala en la cabeza. Ambas trabajan en el mismo garito de ocio nocturno, uno de los más afamados y prestigiosos de la ciudad. Las sospechas iniciales recaen en sus principales clientes: un conocido político del PRI (Partido Revolucionario Institucional), un español llamado Miguel de Cervantes (homenaje del autor a los clásicos de la lengua castellana) y un narco aficionado a las balaceras llamado Richi Bernal. Por el camino, una oscura trama de intereses millonarios, que engloba el tráfico de armas –alentado por la lucha institucional contra el narco-, el comercio ilegal con los Estados Unidos y las redes internacionales de blanqueo de dinero negro, con los todopoderosos gobiernos de todo el mundo incapacitados para llegar a un acuerdo para luchar conjuntamente contra los paraísos fiscales y las tramas financieras globales. Por algo será.

Mendieta es un tipo curado de espanto. Sólo quiere hacer bien su trabajo. En las dos novelas mencionadas, Élmer Mendoza –más alto en persona de lo que parece en las fotos, más risueño y dotado de una bonhomía extraordinaria pese a su arriesgada versión de la realidad– juega con el lenguaje y nos introduce en un mundo apenas conocido, a un ritmo trepidante, tensionando las reglas sintácticas y gramaticales hasta la frontera de la corrección gramatical. Empiezas a leer y es difícil detenerse, ya que los párrafos se suceden, y el lenguaje se utiliza como un componente vivo, dinámico, capaz de mantener la atención del lector como si de una secuencia televisiva se tratara.

Las novelas de Élmer Mendoza se han vendido en España como los mejores retratos del narco mexicano y de su realidad social. Creo que estos trucos publicitarios no hacen justicia a una novela única, a un estilo irrepetible e inconfundible, a un universo propio, diferente –otra vez– original. En las novelas de Élmer Mendoza hay violencia, sí, violencia real, descarnada, crímenes injustificados, muerte. Pero también hay, como en las mejores novelas negras anglosajonas, un investigador honesto y con principios, un derrotado social, una visión amarga de la vida, una cierta querencia por la derrota. Unos valores universales, una extraña poética.

«Entró Ortega con el periódico abierto. ¿Vieron la declaración del presidente? Es lo que estoy leyendo. ¿Está loco o qué? Le está declarando la guerra al narco, ¿sabes cuántos policías pueden morir? Todos».

Mendoza aporta una visión diferente y alejada de los tópicos occidentales de la lucha y la guerra contra el narco. Habla de intereses multimillonarios, de armas, de blanqueo, de víctimas inocentes. En su novela, quizás el mantenimiento de un status quo habría sido lo mejor. La experiencia de Colombia está en la mente de todos. Una guerra civil encubierta, no declarada. Violencia subterránea. Cadáveres en fosas y cunetas. La imagen de un país y de su gente estallando en sus narices.

Hay entonces que conocer la historia. Leer. Saber que en Sinaloa comenzó la producción industrial de opio en los años cuarenta del siglo pasado para suministrar la base con que elaborar morfina para los hospitales de guerra americanos. Saber que fueron los chinos los que introdujeron a finales del siglo XIX este cultivo en una zona ubérrima de tan fértil. Saber que todo iba bien hasta que el la década de los setenta irrumpieron los colombianos con su coca y sus rutas de tráfico millonario hacia el rico norte, paraíso del consumo y de la demanda.

Para Mendoza, no hay blanco sin negro. Hay matices, argumentos, explicaciones. Capos de hoy fueron en sus días de infancia felices colegiales. Asesinos sanguinarios frecuentaron los mismos parques y las mismas aulas que sus víctimas aleatorias. Quienes deciden, saben lo que hacen. Una reelección, un puñado de miles de votos bien puede soportar alguna que otra matanza. La imagen es lo que importa.

«La sociedad del delito es sorda, ciega, muda y acomodaticia». Nadie ha escuchado nada, nadie ha visto nada. Muere gente, pero no es nuestro problema. Los políticos ganarán crédito mostrando firmeza. La policía conseguirá confianza combatiendo la violencia con violencia. Y el narco tratará de infundir respeto a través del dolor y la sangre. Todos perdemos, todos pierden. Y mientras la guerra continúa, el dinero –blanco, negro– sigue circulando por los intestinos del sistema. «Las sombras tienen ojos y usan Ray-Ban». Cuidado, Mendieta. La verdad te acecha.

FICHA
La prueba del ácido
ELMER MENDOZA
TUSQUETS
17 €Vuelve el detective Edgar «el Zurdo» Mendieta, ahora comisionado para investigar el asesinato de la bailarina de prostíbulo, Mayra Cabral de Melo, a quien le mutilan un pezón. La pesquisa lo obligará a involucrarse en el mundo del narco, que acaba de iniciar una guerra contra el Estado mexicano. El país es un polvorín. Tendrá contacto con oscuros políticos, con un boxeador fracasado y con una reserva de caza donde el padre del presidente de Estados Unidos acaba de sufrir un atentado.


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