La resaca del dolor

8 febrero, 2016

GUILLERMO BUSUTIL

El destino es un lugar del que se huye sin saber que su sombra siempre espera delante. Cruzarlo y hacer las paces es un solitario acto de coraje. Se necesita el valor de enfrentarse definitivamente a un fantasma que se mueve siempre entre la muerte y la resaca del dolor. Lo sabe Germinal Ibarra, un policía que carga la violenta justicia de un crimen en defensa de una mujer y de una niña violada. No es difícil caer en la trampa de un psicópata que prepara las pistas que conduzcan a su víctima y a su asesinato. Menos aún si el sur es un páramo donde cantan las cigarras. Lo sabe Eva Mahler, una mujer que desciende al infierno para dejar de sentir, cuerpo a cuerpo hasta transformarse en otra. Un hombre de ley, la hija de un magnate. Los dos podrían vivir la segunda oportunidad de una historia de amor si el dolor no fuese el secreto que los une. Ambos necesitan sobrevivir al pasado a través de una metáfora de su muerte. Igual que le sucede a un viejo argentino que teje sombreros blancos y también es el fantasma de una memoria del dolor clavada en el estómago y en las sienes. Los tres son rehenes de una vida partida en dos y protagonizan una novela tango que se baila amargo y se lee como una película porque Víctor del Árbol empareja a sus personajes en la intensidad de un baile y encuadra con su narrativa. Una prosa que combina el expresionismo del cine negro y su realismo poético –el héroe condenado, el peso de la moral, el desencanto- con la indagación en la culpa de Dostoievski y el existencialismo de Camus. Un perfecto cóctel agitado que no mezclado, frío en el vaso corto de la historia que lo contiene y seco en el bouquet que deja en la garganta del lector. Así es La víspera de casi todo. El último Nadal que nos presenta a un escritor que conduce a sus personajes entre la difícil búsqueda de la verdad y las aristas que contradicen su pureza.

La víspera de casi todo es la historia del lado oscuro del ser humano. Ese ámbito en el que se estrechan unidas su tragedia y su humanidad. Su belleza luminosa, su belleza negra. Dos caras, dos rumbos. Todos sus protagonistas lo tienen en este relato sobre la necesidad del perdón, el de los demás y el de uno mismo. Y también acerca de la dificultad emocional que supone en la vida ser sin estar y estar sin ser. Cada relación sobre la que se sustenta la trama tiene un espejo donde cada personaje tiene su doble. Un encuadre del cine negro al que Víctor del Árbol le construye una atmósfera que se va anudando al cuello de sus personajes, asfixiando lentamente sus decisiones, acercándolos a la conciencia de su desenlace –igual que sucede con las criaturas de Camus y de Faulkner-. Porque Víctor del Árbol es un escritor que que fundamenta su mirada y su lenguaje sobre el conocimiento de los clásicos. Se le nota esa prestancia en la brillantez de la escritura y en las construcciones literarias como esos dobles que conforman Mauricio y Oliveiro, superviviente y torturador en la pesadilla argentina de los coroneles; Daniel y Julio, dos supervivencias enfrentadas y huérfanas. Lo mismo que Paola y Dolores, dos formas de huir de la vida que duele y se equivoca. Igual que Carmela y Germinal frente al abismo que los separa y a un hijo con síndrome Williams. Sin olvidar a Martina y a Daniel entre los que el amor es una condena y una salvación. La identidad nos redime o no enloquece. Cada uno es lo que construye a partir de un relato que es la memoria. Otros dos temas a los que el escritor les araña la piel y las entrañas. Escribe para incomodar al lector.

Víctor del Árbol es un actor honesto. Defiende su poética, se exprime en cada novela, avanza una a una, atraviesa por ellas atravesando los géneros, atando al lector a las historias. Su prosa no tiene trucos y carece de imposturas. Desde el principio muestra sus cartas y nos susurra que va a barajar la intriga. La misma con la que adentra al lector en el paisaje interior de la pasión borrascosa que supone la vida.

FICHA
La víspera de casi todo
VÍCTOR DEL ÁRBOL
DESTINO
20,50 €

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