La razón frente al dogmatismo

14 diciembre, 2015
Rushdie juega a ser la gran Serezade de nuestro tiempo y saca una portentosa historia de la lámpara mágica que es su imaginación.

Rushdie juega a ser la gran Serezade de nuestro tiempo y saca una portentosa historia de la lámpara mágica que es su imaginación.

JAVIER GARCÍA RECIO

En Dos años, ocho meses y veintiocho noches, Rushdie renace de todos sus miedos islámicos y de las amenazas de muerte y nos devuelve a ese gran escritor que nos deparó Hijos de la medianoche. Aquí juega a ser la gran Serezade de nuestro tiempo y extrae de su lámpara mágica una historia fantástica, una alegoría de la lucha entre el dogmatismo y la tolerancia
Todo un grandioso mundo mágico, salido de la imaginación portentosa del autor, toda una deliciosa fantasía de delirios mágicos del mundo de las hadas en conflicto con los humanos no es más que el adorno seductor que Salman Rushdie usa para desplegar y exponer la batalla que desde que el  mundo es mundo encona a los humanos entre la razón –y el amor, su gran aliado para Rushdie– y la irracionalidad. El mundo de los yinnis, seres mágicos poderosos e irreflexivos, en batalla con los hombres que pueblan la tierra, no es más que una inmensa alegoría que el genio de Rushdie ha ideado para advertirnos de que los enemigos del hombre, su fuerza destructora, anida dentro del propio espíritu humano.

En Dos años, ocho meses y veintiocho noches –el cálculo ya se lo hago yo, son mil y una noches– Rushdie renace de todos sus miedos islámicos y de las amenazas de muerte que un día lanzara el ayatola Jomeini y, superando el regusto de convertirse en mártir, nos devuelve a ese gran escritor que nos deparó Hijos de la medianoche. Aquí Rushdie juega a ser la gran Serezade de nuestro tiempo y extrae de su lámpara mágica una historia fantástica que finalmente, como decíamos más arriba, es una recreación alegórica de visión del mundo. Aparentemente el narrador nos cuenta el conflicto que enfrenta a los humanos con los yinnis, seres mágicos que pueblan el otro mundo, el de las hadas y la irreflexión.

Es la Era de la Extrañeza y los descendientes humanos de Dunia, la reina de las hadas que se enamoró del filósofo Ibn Rushd (Averroes) y dejó una enorme prole a lo largo de los siglos siguientes, comienzan a producir fenómenos insólitos e incomprensibles: Gerónimo, un jardinero de Manhattan, comienza a moverse sin poner los pies en el suelo; en otra ciudad de EEUU aparece un bebé que es capaz de dejar marcas en los personajes corruptos (en España trabajaría a destajo) o un dibujante de cómics que descubre en sí mismo poderes sobrenaturales. Después de esos fenómenos paranormales, que protagonizan la Era de la Extrañeza, los yinnis, por medio de sus tres grandes capitanes, intentan dominar la Tierra. Se produce una guerra que enfrenta a los dos mundos: el de los seres mágicos y el de los humanos. Vencen los humanos gracias a la decisiva ayuda que presta la princesa Dunia, reconvertida a la razón humana.

Lo fantástico y sobrenatural, más allá de demostrar la enorme capacidad de Rushdie para la ficción, su imaginación puesta al servicio de las grandes historias, no es más que el gran instrumento ideológico que usa para hablarnos de nuestro mundo, de los conflictos que le acechan, sobre los dilemas éticos y, de manera especial, sobre lo que él considera que es el gran dilema del mundo: la lucha entre la fe y la razón, entre el dogmatismo y la tolerancia.

El dogmatismo está en la figura del filósofo Al Ghazali. Su ideario está claro: «El miedo es el destino del hombre, el hombre nace con miedo, a la oscuridad, a lo que no sabe, y el miedo lleva a la fe, no para curarlo sino para aceptación de que el miedo a Dios es la condición natural del destino humano». Su oponente es Ibn Rushd, que abomina del oscurantismo y de la ignorancia y llama a la razón como fuerza y motor del futuro del hombre, con juicios como este, muy al hilo del devenir de nuestros días: «A nosotros nos parece evidente que el uso de la religión para justificar la represión, el horror, la tiranía y hasta la barbarie, condujo finalmente a que la especie humana perdiera toda ilusión en la idea de la fe». Todo un vaticinio y un aviso.

Finalmente la resolución de la batalla de los mundos permite descubrir la realidad del mito cuando Gerónimo percibe que «todo lo malvado y monstruoso que había en los yinnis era un reflejo de la parte malvada y monstruosa de los seres humanos; que también la naturaleza humana contenía la misma irracionalidad irresponsable, obstinada, malévola y cruel y que la batalla contra los yinnis era una representación de la batalla en el corazón humano, lo que significaba que lo que había que erradicar era la sin razón».

Un mensaje sin duda singular, también, ya que la derrota de esa sinrazón es lo que nos ha permitido recuperar al mejor Salman Rusdhie, el de Hijos de la medianoche o La encantadora de Florencia. Todo un lujo.

FICHA
Dos años, ocho meses y veintiocho noches
SALMAN RUSHDIE
SEIX BARRAL
20,40 €

Traducción de Javier Calvo

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