La primera pensadora global

29 septiembre, 2015
Santa Teresa en el retrato de Fray Juan de la Miseria, considerado el único hecho en vida.

Santa Teresa en el retrato de Fray Juan de la Miseria, considerado el único hecho en vida.

ENRIQUE BENÍTEZ

Santa Teresa de Jesús fue una mujer extraordinaria que revolucionó el siglo XVI. El quinto centenario de su nacimiento obliga a repasar su vida, su obra y su influencia

Las efemérides no siempre son interesantes. Se conmemora el aniversario del nacimiento o de la muerte de tal o cual personaje y de repente se pone de moda, abundan los nuevos testimonios, los libros oportunistas, los medradores, tertulianos y soldados de fortuna de dudosa profundidad intelectual. Sin embargo, hay que aplaudir las celebraciones del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, un personaje inabarcable, una mujer extraordinaria de la que escribiría Umbral, en El País de los primerísimos años ochenta, que no le perdonaron ser mujer en su época, ni ser monja en nuestros días. Brillante Umbral, certero.

La vida de Santa Teresa es muy desconocida, acostumbrados en España a la superficialidad, cuando no a la apropiación indebida de nuestra propia Historia en defensa de las más variopintas y patrioteras causas. Por ello este centenario permite aproximarse a las más cuidadas y objetivas biografías de nuestra figura femenina más universal, de una mujer que movió los cimientos de la Iglesia Católica y que, desde su inmensa inteligencia y fortaleza de ánimo y de espíritu, hizo política al más alto nivel, contra el inmovilismo, contra una forma espuria de entender la religión y el sentimiento religioso, desde la experiencia y por supuesto con un planteamiento peligroso y que discute la norma establecida. Teresa de Jesús convierte el temor de Dios en el amor de Dios. Ella, durante su vida y a través de su obra, humaniza la figura de Cristo, acercándola a la vida cotidiana. Y todo ello a través de su propia experiencia personal, muchas veces discutida, pero auténtica y profunda, según se pone de manifiesto en su vida y su obra.

Ya es reconocido que Teresa procedía de una familia de judíos conversos. En su casa había una rica biblioteca. Leía con su madre de todo, muy especialmente libros de caballería. Quizás estas lecturas le confirieran una personalidad quijotesca, como se puede entender tras la lectura atenta de lo que fue su vida. Mundana, jovial, alegre, culta, excelente conversadora, dueña de una potente determinación, en la España del siglo XVI una mujer con aquellas características estaba abocada a integrarse en alguna orden religiosa, único espacio de desarrollo y crecimiento personal y cultural de la mitad femenina de la época.

Curiosa y desinhibida, Teresa lee y lee, y decide dar la vuelta a los convencionalismos de la época. A la mujer le estaba permitido rezar, pero sólo de manera impersonal, rutinaria, vacía de contenido. Hilar y rezar. Sin profundidad, sin vida interior. Pero una de las principales cualidades teresianas es precisamente la vida interior, la capacidad de volcarse hacia dentro para luego explotar hacia fuera con toda la intensidad de la experiencia vivida. Y de ahí nace la renovación teresiana, que no es sólo un regreso a los orígenes austeros y espartanos de la Orden del Carmelo, a cuya reforma destina casi toda su inagotable energía. Es también una reivindicación de la inteligencia femenina, de su capacidad para relacionarse y comunicarse con Dios, para transmitir esa experiencia personal y compartir sus enseñanzas.

Las visiones y éxtasis de Santa Teresa a menudo han sido criticados o menospreciados. Hay varias y diversas cuestiones que han hecho mucho daño a la mística teresiana. Para una determinada izquierda, analfabeta pertinaz, todo lo espiritual desprende un inequívoco aroma opiáceo. El machismo nunca pudo entender ni soportar la inmensa capacidad creativa de Teresa de Jesús. La envidia, pecado capital de los españoles, llevó a menospreciar el legado de la primera pensadora global, cuya obra se estudió en todas las universidades del mundo tras su muerte, y cuya influencia en todas las religiones místicas llena de ponencias congreso tras congreso. Y finalmente el psicoanálisis, que en sus primeros albores escogió a Teresa de Jesús como ejemplo supremo de la histeria femenina, una visión infame discutida y criticada en nuestros días por sus más destacadas biógrafas.

La aproximación a Santa Teresa a través de los libros permite acercarnos a su vida y su obra sin los prejuicios de otros tiempos, evitando la utilización interesada de su figura y su legado. Durante el año 2015 han sido muchas las ediciones de nuevos libros –bienvenidos sean– y las reediciones de obras quizás descatalogadas, también excelentes. Hay mucho de oportunidad en este ejercicio editorial, pero también un punto de oportunismo. Si bien están todos los que son, no se puede decir que sean todos los que están: no todo está a la altura infinita de la persona ni de su obra.

Entre las novedades editoriales hay varios libros realmente interesantes. Por ejemplo Para Vos nací (Ariel), de la joven escritora Espido Freire. Un libro sosegado y profundo que actualiza el pensamiento de Santa Teresa desde una perspectiva actual, escrito con conocimiento y reflexión interior. Un libro que me ha gustado mucho, muchísimo, por la suavidad de sus formas y la calidad de sus páginas. Asimismo, a finales del año 2014 se editó por fin en nuestro país Teresa de Ávila (Vaso Roto), de la irlandesa Kate O’Brien, original de 1951. Coincidimos con el embajador irlandés cuando afirma en el prólogo que no se le ocurre mejor contribución de Irlanda a la celebración del quinto centenario. El libro de Kate O’Brien es muy bueno, muy bonito y muy barato. Y también hay que mencionar el apreciable ejercicio de acercamiento de Teresa a las jóvenes de ahora que intenta Malas palabras (Lumen), a cargo de Cristina Morales, una reivindicación de las luchas pendientes de las mujeres y también de la escritura como un acto de desobediencia. Y es que si bien es cierto que Santa Teresa se lanzó a escribir –haciéndolo fantásticamente bien, y siendo muy prolífica (escribió más de 15.000 cartas a lo largo de su vida, de las que apenas se conservan o se hallan localizadas unas 500)– por imperativo de su confesor de turno, ya con cincuenta años (El Libro de la Vida), no lo es menos que toda su obra tuvo que sortear innumerables obstáculos para ver la luz, y que la propia Teresa no vio publicada en vida la mayor parte de sus escritos.

Finalmente, destaquemos entre las novedades editoriales tres obras singulares. En primer lugar Sobre Teresa de Jesús (Junta de Comunidades de Castilla y León), del sabio Teófanes Egido y el maestro José Jiménez Lozano. Un libro imprescindible. También la novela Sus ojos en mí (Planeta), de Fernando Delgado (maravilloso periodista y estimable escritor) y para terminar con las novedades la desenfadada crónica Santa Teresa is different (Funambulista), en la que el periodista inglés Percy Hopewell sigue las huellas castellanas de nuestra protagonista a lomos de un desvencijado «dos caballos». El libro de Hopewell incide en una de las grandes y escondidas virtudes teresianas: su jovialidad, su naturaleza alegre. «Su gran legado fue el sentido del humor, la religión vivida con alegría, mensaje que logró transmitir a la Orden del Carmelo Descalzo, extendida por los cinco continentes».

La novela de Fernando Delgado (Premio Azorín 2015) trae a nuestros días la intensa relación que mantuvo Santa Teresa con Jerónimo Gracián. El márketing editorial habla de la «apasionada historia de amor de Teresa de Jesús». Bueno, quizás haya que matizar esta frase. Sin duda Jerónimo Gracián y Teresa de Jesús fueron decisivos el uno para el otro. Cuando se conocen, en 1576, ella tiene 61 años y él apenas 31. Pero sin duda hubo una comunión total entre ambos: ella era culta, desinhibida, alegre, trabajadora, determinada. Él provenía de una familia noble, cercana a la Corte, y había sido educado en los mejores centros del momento. Quién sabe lo que habría ocurrido de haberse conocido antes, ambos con edades similares. En aquel momento, como bien dice Kate O’Brien, «él llegó a ella en un momento en que su causa necesitaba a un hombre de mundo, un hombre de acción; y Gracián lo era, y ella lo sabía». No sería justo reducir esta relación a una suerte de matrimonio de conveniencia. Se deslumbraron el uno al otro, y fueron decisivos en reciprocidad. Gracián peleó por la causa teresiana hasta su propia persecución y exilio a Flandes, y Teresa encontró en Gracián la energía que necesitaba para continuar su obra, cosa que hizo hasta el mismo día de su muerte.

Entre las reediciones sin duda hay obras extraordinarias y muy destacables. La primera de ellas, Teresa de Ávila. Biografía de una escritora (Trotta), de la italiana Rosa Rossi. Un clásico (original de 1993), un libro para tener en nuestra biblioteca personal. Una de las investigaciones más rigurosas sobre la obra teresiana, que no estaba escrita para epatar al mundo, sino que era para ella, para sus monjas, para un uso habitual de las mujeres que siguieran sus ideas descalzas. Toda la producción teresiana, incluyendo sus obras místicas más simbólicas y complejas, fueron escritas como una suerte de manual de instrucciones, sencillo, elaborado desde el genio otorgado por Dios para que todas pudieran alcanzar la plenitud interior de la que disfrutaba Teresa.

Otras obras singulares son Teresa, amor mío (Paso de Barca), monumental tratado multidisciplinar sobre Santa Teresa y su relación con el psicoanálisis (original de 2008), y por supuesto Teresa de Jesús. Una mujer extraordinaria (Maeva) de la neoyorquina Cathleen Medwick (1999). Brevemente, son dos libros que reivindican la forma de sentir de Teresa, menospreciada y ridiculizada por el machismo y el psicoanálisis. Cito a la Medwick: «Josef Breuer, el colega de Freud, apodó a Teresa ‘la santa patrona de la histeria’, aunque admitía que se trataba de ‘una mujer de genio y con una gran capacidad práctica’. Casi un siglo más tarde, Jacques Lacan, el ‘Freud francés’, señaló rotundamente que ‘solo se tiene que contemplar la imagen de Bernini para entender de inmediato que se está corriendo; no hay duda al respecto’. Fue necesaria la opinión de una moderna teórica feminista, Luce Irigaray, para señalar el absurdo de sacar conclusiones de un trozo de mármol esculpido por un hombre». Fin de la cita.

Para terminar. Santa Teresa es un descubrimiento. Una figura a la que hay que conocer, por su vida y por su obra. Utilizada para la defensa vana de hidalgas causas patrioteras; menospreciada, ridiculizada o vulgarizada por turbias formas de pensar. Dotada de un don incuestionable, su influencia trasciende fronteras, culturas y religiones. Fue para mí la primera pensadora global, espejo de varias generaciones de mujeres y hombres valientes e inconformistas. Y además alegre, humana, imperfecta, mundana. Jovial y extrovertida, imparable y tozuda. Su pensamiento basado en la humildad y la interioridad no puede ser más actual. En este mundo banal y acelerado, leer a Santa Teresa de Jesús debería ser obligatorio.

FICHA
Teresa de Ávila
KATE O’BRIEN
VASO ROTO
11,40 €

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Para vos nací
ESPIDO FREIRE
ARIEL
17,95 €

FICHA
Malas palabras
CRISTINA MORALES
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16 €

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Teresa, amor mío
JULIA KRISTEVA
PASO DE BARCA
36,10 €

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Sus ojos en mí
FERNANDO DELGADO
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FICHA
Santa Teresa is different
PERCY HOPEWELL
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