La muerte del verdugo

14 febrero, 2012
Heydrich murió en un atentado en Praga.

Heydrich murió en un atentado en Praga.

JOSÉ VICENTE RODRÍGUEZ

La Literatura y la Historia han sido siempre dos amantes mal avenidos, incapaces de separarse pero deseosos al mismo tiempo de marcar territorio para no dejarse abrasar el uno por el otro. La novela se anquilosa y se convierte en un mera crónica si el dato prima sobre el estilo mientras que la Historia se degrada si el relato difumina y distorsiona los hechos en aras de la ficción. Por citar un ejemplo clásico y perogrullesco, Shakespeare nos dejó en su tragedia Julio César un inmortal tratado sobre el poder, el honor o la amistad pero, ¿qué cercanía tienen sus personajes con las figuras reales de Marco Antonio, Casio o Bruto y con las palabras que en realidad pronunciaron aquel día?, ¿o su ambientación con las calles de Roma del siglo I antes de Cristo? Y ante todo ¿importa todo eso cuando hablamos de Literatura? Por supuesto, la pugna se hace más cruenta ahora, ya que el escritor dispone de multitud de datos históricos que, éticamente, le obligan a equilibrar fidelidad histórica y fluidez narrativa (a este respecto conviene consultar el magnífico Alegato contra la novela histórica que escribió Alessandro Manzoni y que acaba de recuperar la editorial La Uña Rota).

Sirvan estos apuntes como aproximación al monólogo interior que, a modo de doloroso parto, recorre de la primera a la última página HHhH, el impecable debú literario del escritor francés Laurent Binet (París, 1972). El título es el acrónimo en alemán de la frase «Himmlers Hirn heisst Heydrich» o «El cerebro de Himmler se llama Heydrich», porque la cosa va de nazis, y de uno en particular: Reinhard Heydrich, el que fuera jefe de la ominosa Gestapo y que murió en 1942 a consecuencia de las heridas sufridas en un atentado cuando recorría arrogantemente las calles de Praga en un Mercedes descapotable. Apodado, entre otras lindezas, «la bestia rubia», «el carnicero» o «el verdugo», Heydrich era el hombre de confianza de Himmler y Hitler y es recordado especialmente por el régimen de terror que instauró en Praga para acabar con la Resistencia y por ser el ideólogo y organizador de la apocalíptica Solución Final, de la que no hacen falta explicaciones.

Una muerte que fue un símbolo

El asesinato de Heydrich, eje central de HHhH, fascina a Binet, que considera este acontecimiento –históricamente bastante oscurecido dentro de la vorágine de hechos de la Segunda Guerra Mundial– como capital en la resolución final del conflicto. La acción armada llevada a cabo por los resistentes Jan Kubis y Josef Gabcik –uno checo, el otro eslovaco– permitió acabar con uno de los símbolos del nazismo y la respuesta de Hitler, que mandó fusilar a toda la población de Lidice, hizo perder definitivamente el Tercer Reich la batalla de la propaganda ante la opinión pública mundial.

Pero lo que hace a HHhH algo diferente y endiabladamente interesante es el obsesivo intento de Binet por ser fiel a los hechos, algo que deriva en una lúcida reflexión en torno a la actitud que debe tener un escritor cuando desentierra a los muertos para hacerlos personajes de un relato (por cierto, hay un par de jugosas puyas a Las benévolas, de Jonathan Litell). Las dudas interiores, las anécdotas que narra el autor sobre la propia escritura de la novela y las reflexiones acerca de los hombres sobre los que escribe –principalmente Heydrich, Kubis y Gabcik– hacen traspasar la frontera de la novela para convertirla en una suerte de ensayo novelado, algo así como esa Anatomía de un instante con la que Javier Cercas nos deleitó hace un par de años diseccionando el Golpe del Estado del 23-F y la figura de Adolfo Suárez.

Nada sobra en este primer trabajo de Binet, que se ha hecho acreedor al premio Goncourt de novela. El lector asiste ensimismado a un juego literario de altura, con Binet como brillante maestro de ceremonias. Con escenas cinematográficas propias de Tarantino o del spaghetti western, en HHhH cobran vida las calles de Praga, los pisos de los checos que acogen a los insurgentes y, sobre todo, el sanguinario Heydrich y sus verdugos Kubis y Gabcik. Para no perdérselo.

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HHhH
LAUREN BINET
SEIX BARRAL
20 €En 1942, Jan Kubis y Josef Gabcik, dos miembros de la Resistencia checoslovaca, aterrizan en paracaídas en Praga con la misión de asesinar a Reinhard Heydrich, protector nazi de la ocupada Praga. Tras el atentado, se refugian en una iglesia junto a otros compañeros, donde, delatados por un traidor, son acorralados por 700 hombres de las SS.

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