La mirada de Caín

6 febrero, 2015

GUILLERMO BUSUTIL

LA MIRADA DELATA AL SER HUMANO humano. En los ojos late la vida interior que puede ser un oscuro pasillo, un magma de pasión, una pregunta eterna, un abismo inquietante, un pedernal o la abstracción del pensamiento en fuga de sí mismo. Hay que mirar directamente cuando se habla porque son los ojos los que delatan lo que esconden o disfrazan las palabras, lo que escenifican los gestos o dibujan las manos para distraer la atención del lenguaje oral. En los ojos es donde se descubre el miedo, el amor, la locura, la imaginación, la realidad. Esa mirada es el corazón de la última novela de David Vann, Goat Mountain, publicada por Mondadori. El autor nacido en Alaska en 1966 y cuyos libros tienen el trasfondo real de su familia. Episodios, como las palizas de su abuelo a su abuela, que desliza hacia la ficción igual que una catarsis personal a la vez que lleva a cabo un exorcismo contra la violencia. El otro eje de las novelas con las que Vann explora los resortes del corazón humano y la maldad del alma. A uno y a otra los desnuda al dejarlos emerger libres en la naturaleza salvaje donde la fuerza de lo telúrico y lo ancestral favorece que el hombre muestre su instinto. Goat Mountain es un buen ejemplo de ello. La historia, como todas las de Vann, es aparentemente simple. Un abuelo, un padre y su amigo emprenden una jornada de caza al inicio del otoño acompañados por el hijo y nieto de los dos primeros. El chico tiene once años y ese día será su bautismo de fuego. Es el día elegido. Su padre, su abuelo, orgullosos, le enseñarán a respirar mientras ajusta el rifle, observa por la mirilla, encañona a un ciervo y aprieta el gatillo. Un disparo certero en medio de la atmósfera poética de un bosque. Un relámpago entre las sombras de un edén en el que la caza es una tradición y también una supervivencia. La que representa el cazador furtivo que descubre el padre y que le señala al hijo para que experimente qué se siente al tener otra pieza en el corazón de la pupila. Un hombre, un instante, una respiración, el instinto que hace aflorar en el niño el animal que lleva dentro, la maldad que se asoma al ojo con el que enmarca a su víctima antes de apretar el gatillo y abatirlo. La expectación y la emoción de la caza de un venado la transforma Vann en la determinación espontánea de un asesinato. Un chico de once años convertido en un frío ejecutor. Un disparo hace blanco en la felicidad de un día festivo y lo enrojece de tragedia. A partir de esa muerte, la novela se convierte en otra cosa. David Vann escribe en seco. Afila las palabras igual que si fuesen balas y las dispara a la cabeza del lector. Su escritura a veces es contundente como una piedra, en ocasiones corta igual que el filo de un cuchillo. El de su lenguaje, claro. Y también el del ritmo asfixiante con el que desgrana lo que sucede y administra los ángulos de un thriller y traza reflexiones psicológicas, indagaciones morales. Introspecciones al fin y al cabo en el fondo del hombre y sus turbulencias. David Vann sacude a sus personajes, a los tres que no tienen nombre -son una metáfora, son el lazo de sangre el que los une-, sacude la naturaleza escénica que se transforma en otro personaje que los aprisiona, que parece juzgarlos, mientras afloran la fatalidad, la culpa, la pérdida de la inocencia, la brutalidad, la desconfianza, una americana tragedia griega en un bosque. Goat Mountain recuerda a McCarthy, a La Caza de Carlos Saura, a la Biblia, a Caín. Está llena de referentes, de ecos que suenan por debajo de la historia y de su lenguaje. Muy bien interiorizados, perfectamente transformados en emociones que golpean la conciencia. Es como si David Vann vaciase despacio sus fantasmas, sabedor que se aligera, que se desprende de recuerdos que le han dejado cicatrices y de que en los hombres con los que ha creció al mundo vio la mirada de Caín en sus ojos. Qué difícil es contarla, que el lector la vea en el lenguaje y se estremezca. Que bien lo hace David Vann. Nunca me quedaría con él a solas en un bosque.

FICHA
Goat Mountain
DAVID VANN
MONDADORI
En el otoño de 1978, en un rancho familiar de Goat Mountain, al norte de California, un niño de once años se une a su abuelo, su padre y el mejor amigo de su padre para la caza de ciervos que la familia celebra anualmente.

No hay comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: