La máscara british de Max Beerbohm

12 noviembre, 2012
Detalle de The New English Art Club, obra de Beerbohm.

Detalle de The New English Art Club, obra de Beerbohm.

LUCAS MARTÍN

Acantilado publica El farsante feliz, cuento de doble filo del gran caricaturista, dandy y gentleman inglés de principios del XX, Max Beerbohm.

Se piensa en pajaritas. En bigotes sesudos, liturgias, cricket y sarcasmos. Una vez que se descubre la verdadera jeta de Max Beerbohm no hay viaje de retorno. Max Beerbohm es el prototipo de todo lo inglés, Max Beerbohm representa a Gran Bretaña mucho mejor que la reina de Inglaterra. Por supuesto no al nivel de la fanfarria patriótica y los aditivos contemporáneos, sino en todo lo que tiene que ver con ese paradigma espigado y siempre inteligente que él mismo, junto a autores como Wilde, se encargó de construir en la Europa de entre siglos. Si Estados Unidos remueve lo mejor de su pasado en el universo cotidiano de Hopper, Carver o Richard Yates, los ingleses deben mucho a esa imagen de elegancia y efervescencia que ofrecía gente como Max, igualmente ácido y de buena planta en sus dibujos como en su literatura.

A diferencia de sus compañeros de generación, Beerbohm fue un escritor más intermitente; escribía en el poco tiempo libre que le dejaban su ajetreada vida de dandy y de caricaturista. Más que un García Hortelano, el inglés fue un auténtico Camba, de anotaciones inspiradas e irresistibles, aunque no necesariamente estampadas en papel de hotel ni en servilletas de comensal con gusto. El farsante feliz, una nouvelle presentada por Acantilado con el subtítulo de “Cuento de hadas para hombres cansados”, pertenece precisamente a su época más fecunda. La historia tiene esa vieja gracia de la oralidad andaluza; Lord George Hell, un muchachote despreocupado y díscolo anda de parranda en parranda hasta que se enamora de una joven que se niega a levantarse la saya ante nadie. A menos, acota, que tenga cara de santo. El chico decide construirse una máscara y acaba seduciendo a la chica, aunque siendo auténticamente otro, lo que le permite a Max desplegar una fina cubierta de ironía sobre los caprichos de la burguesía y la arbitrariedad que determina al hombre.

La fábula es, sin duda, alegórica, aunque mucho menos ingenua de lo que aparenta el envoltorio; en el texto Beerbohm dialoga con los cuentos de Wilde, pero también con Chesterton y hasta con la turbiedad postromántica. Un cuento como un poema de Keats, con vuelo sencillo y varias líneas de pensamiento amuralladas en la imagen casi santificada del buen redimido. Lord George Hell se convierte felizmente en su propia careta, lo que, de alguna manera, sublima y vulgariza al mismo tiempo la ética del mundo aristocrático que tan bien conocía y punzaba Max Beerbohm. Una pequeña delicia para mordisquear junto a todo el aliento de una época, de un tiempo que la literatura llegaría a inventar.

FICHA
El farsante feliz
MAX BEERBOHN
ACANTILADO
10 €

Lord George Hell, mujeriego y jugador, cae perdidamente enamorado de una joven e inocente bailarina llamada Jenny Mere, a quien inmediatamente propone matrimonio. Ella le rechaza, alegando que sólo se casará con un hombre que tenga cara de santo. Así que él, desesperado, busca una máscara que llevará siempre puesta para engañarla hasta que finalmente ella cede. A partir de entonces, el poder de la máscara sorprenderá al propio George. El hábito, ¿hace al monje?

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