Largo Caballero, la historia de un obrero

12 junio, 2013
Largo Caballero tuvo una vida política muy activa en la II República y la Guerra Civil.

Largo Caballero tuvo una vida política muy activa en la II República y la Guerra Civil.

JOSÉ ANTONIO SAU

El historiador Julio Aróstegui publica su ensayo Largo Caballero, el tesón y la quimera (Debate), en la que repasa repasa la vida y obra de Francisco Largo Caballero, el Lenin español, un modesto estuquista que llegó ser ministro de Trabajo y presidente del Gobierno en el primer tramo de la Guerra Civil, quizá el político socialista más vilipendiado tras Juan Negrín. Hoy, Aróstegui reinterpreta y matiza los claroscuros del madrileño.

Un error periodístico bastante habitual consiste en juzgar vidas pasadas desde la perspectiva actual, sin entender que el catalejo de la historia a veces distorsiona las decisiones que se tomaron en un determinado contexto al no poder extrapolarse, aquí y ahora, las aristas que las motivaron. Eso ocurre con Francisco Largo Caballero (Madrid, 1869-París, 1946), tal vez el dirigente obrero más odiado y vilipendiado tras Juan Negrín, el primero curiosamente antecesor del segundo como presidente del Gobierno durante la Guerra Civil.

La historia de Largo es extraordinaria y paradigmática de lo que fue el movimiento obrero y sindical a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX: ocupó varios cargos en la cúpula del PSOE de la época y fue secretario general de la UGT, entre otras funciones. Estuquista de profesión, nació en el humilde barrio de Chamberí en el seno de una familia desestructurada. En principio, nada hacía presagiar que se convertiría en un referente del socialismo español y que tejería con sus manos parte del devenir de la Segunda República y de la Guerra Civil.

Es un hombre con una trayectoria llena de claroscuros: como ministro de Trabajo en el primero Gobierno de Manuel Azaña (31-33), conformó el cuerpo básico de lo que luego ha sido el Derecho Laboral español, una legislación progresista y proteccionista para con los trabajadores. Una parte de ésta ni siquiera fue tumbada por el régimen franquista, lo que da una idea de la profundidad reformadora de su discurso. Marxista convencido, fue el dirigente socialista más cercano al Partido Comunista de España. No en vano, auspició junto a Santiago Carrillo el nacimiento de las poderosas Juventudes Socialistas Unificadas. Y antes, mucho antes, conformó, bajo la batuta del fundador del PSOE, Pablo Iglesias, la personalidad de un partido obrero llamado a representar a las capas más humildes de la sociedad española, en una época en la que la humildad representaba una realidad semántica distinta a la actual. Antes, ser humilde era directamente no tener para comer. Aquella era una España heredera secular del paro obrero, la incultura y la explotación de los patronos, en la que la alta burguesía y la Iglesia campaban por sus respetos. Eran años de una Guardia Civil de gatillo fácil, el país de Frascuelo y de María, que diría Machado.

Sobre ese sedimento de atraso ancestral y sobre las raíces del regeneracionismo, conformaron Largo Caballero y otros dirigentes obreros su ideología, aunque del madrileño siempre se dijo que era de pensamiento pablista, como refleja Aróstegui en su biografía. En una entrevista a Efe, el historiador dijo que «Largo Caballero nunca fue bien tratado por la historia». Se refiere a las zonas oscuras de su trayectoria: su papel en la insurrección de Asturias de octubre del 34, que inspiró y apoyó, y de la que en este ensayo se hace una interesante relectura; a su apoyo intermitente a la vía revolucionaria, y por ende violenta, tamizada a veces por mor de la táctica de entendimiento con otros dirigentes obreros o burgueses de izquierda; a su enfrentamiento con el gran Indalecio Prieto o con Julián Besteiro, las otras dos figuras dirigentes del PSOE, o a su papel al frente del Gobierno que luchó contra Franco en el primer tramo de la Guerra Civil, en el que tuvo que reconstruir a duras penas la autoridad del Estado, cercenada por los partidos anarquistas y de origen filocomunista. La historiografía conservadora le achaca un error fatal: el no apoyar al moderado Prieto al frente del primer Gobierno de Azaña como presidente de la II República, en 1936, el que pudo haber evitado, o eso se dice, la contienda.

Si se pone todo en la balanza, el Lenin español, como lo llamaban los obreros –calificativo que odiaba–, queda retratado como un hombre tozudo, capaz de colaborar, por táctica con la dictadura de Primo de Rivera, y participar en la preparación de la gran huelga de 1917, por la que sufrió prisión; apoyó el advenimiento de la II República, fue ministro de Trabajo, revolucionario y luego férreo y correoso presidente del Gobierno, un hombre que se instruyó a sí mismo, y que, tras la guerra, vivió exiliado en Francia y fue prisionero de un campo nazi, una experiencia que lo humanizó. Este libro también da cuenta de la reconciliación con Prieto, ya en el exilio; o bucea entre los papeles que Rodolfo Llopis, discípulo de Caballero, reunió para hacer la gran biografía del líder obrero. Un libro que redibuja la trayectoria política de un hombre que forma parte de la memoria obrera del país.

FICHA
Largo Caballero, el tesón y la quimera
JULIO ARÓSTEGUI
DEBATE
32,90 €

Francisco Largo Caballero, el Lenin español, es una de las figuras más controvertidas del movimiento obrero español de principios del siglo XX: dirigente fundamental en la huelga de 1917, colaborador de Pablo Iglesias, fue uno de los tres puntales fundamentales del PSOE de la II República y la Guerra Civil junto a Julián Besteiro y Indalecio Prieto. Ministro de Trabajo y presidente del Gobierno, Aróstegui realiza ahora una relectura de la trayectoria vital de este obrero estuquista, que aspira a poner en su justa medida la figura de este dirigente socialista.

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