La cremallera del amor

31 enero, 2014

GUILLERMO BUSUTIL

UNA VEZ ESCUCHÉ QUE LOS ESCRITORES ERAN COMO BOXEADORES. Su folio en blanco en realidad es de cuero duro y cuelga como un adversario que se le resiste. Cada nueva historia, todas, se adiestran en ese saco contra el que el boxeador faja su fuerza, el trayecto largo y en corto de sus brazos, el momento oportuno, el lugar exacto, la distancia precisa para asestar el golpe definitivo. Un boxeador perfecciona su estilo y lo dibuja frente al espejo, depurando sus movimientos, convirtiéndose en la imagen de una escritura en combate. Un boxeador se curte en lonas de tercera y de segunda clase. Pelea despacio, cuadrilátero a cuadrilátero, buscando acomodarse y crecer en su peso ideal, ganando confianza y premios que lo conducen al día donde la bolsa es más grande, el cinturón de campeón más dorado. Los escritores son como los boxeadores. Se lo escuché a un tipo que sabía de literatura, tenía la nariz rota y contaba historias con la agilidad de quién sabe mucho de escaparse de entre las cuerdas con una frase, con el baile del lenguaje y la mirada perdida sin estar sonada.

LO HE RECORDADO en una de las primeras páginas de Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharás de Oscar Sipán. En un espacio de créditos están los premios literarios en los que fajó sus narraciones breves en un ring donde cada personaje pelea consigo mismo: una sombra en sueños, de sí mismo, de otros, de aquel o aquella al que amó hasta que una mañana, una tarde, un viaje, el amor cerró su cremallera. Porque, además del heroísmo del perdedor y de la metamorfosis de la vida, una de las cosas que explican esos relatos es que el amor es una cremallera que se abre cuando un jabalí es atropellado delante de tu casa, mientras sueñas con que Grace Kelly aterrice una mañana en tu vida. O cuando Antoine de Saint-Exupéry despliega su paracaídas y desaparece en el jardín donde una mujer hace el amor con los muertos. Da igual que las relaciones sentimentales abran o cierren las existencias y las emociones que se marchitan, que cohabitan con los fantasmas o se convierten en un acorde secreto. No importa que unan o rompan vínculos entre los personajes, entre escritores reales o ficciones que el escritor convierte en sombras contra las que adquirir las necesarias victorias y derrotas. Un duelo, un combate, una campana en cada final donde no siempre hay alguien con el brazo en alto, orlado por los focos. Ni un jurado que determine a los puntos. Sipán no califica. Le importa más mostrar más el alma de unas criaturas frágiles que todavía no han encontrado su lugar en el mundo y a las que un día una cremallera les cierra un sueño, la posibilidad de escaparse y a veces una muerte equivocada. Óscar Sipán desnuda con ternura sus vidas interiores, deja que un relámpago de tormenta ilumine sus soledades, sus desencantos, sus huidas.. Igual que hace con la guía turística de una capital de provincias que le hubiese arrebatado a Maco Polo las ganas de viajar.

LOS DIECISÉIS CUENTOS DE ESTE LIBRO, Cohen recuerdan la columna de vinilo negro de un viejo jukebox. Ningún disco tiene más de una canción. Ninguna canción forma parte del mismo álbum. Sólo les une que suenan a la misma revolución. Y también que forman parte del juego con el que Óscar Sipán ha reunido estas piezas dentro de un libro que parece un viejo jukebox. Una moneda, el tema seleccionado, el single con cicatrices que brillan oscuras, la aguja que tantas veces ha vuelto ha tatuar un recuerdo, una promesa, el último beso, el cementerio donde está enterrado un escritor y su olvido. La atmósfera de una charla junto al cristal de al otro lado de la carretera y…la música. Jazz, folk, blues. Cohen, Waits, ásperas voces humanas que acarician la melancolía, la soledad, el nihilismo. La misma melodía en el fondo, acompañando el vacío que dejan las mentiras, lo que de verdad tiembla cuando se intenta mantener vivo el tiempo que se resbala entre los dedos. Esos instantes que no encajan en la felicidad. Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas.

Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas, de Óscar Sipán Sanz

FICHA
Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas
ÓSCAR SIPÁN
EDITORIAL BASE
17,90 €

Los protagonistas de este libro se exponen, se desnudan, se asoman al abismo y se atreven a mirar la caja negra de sus relaciones. Hacen cosas extrañas por amor. Se pierden y se encuentran. Y sobre todo saben que sólo existen dos tipos de soledad: la tuya y la mía.

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