La compostura lírica de Houellebecq

13 diciembre, 2012
Ilustración del escritor francés Michel Houellebecq, por Pablo García.

Ilustración del escritor francés Michel Houellebecq, por Pablo García.

LUCAS MARTÍN

A finales de septiembre, frente a un auditorio lleno, de visita en Barcelona, Michel Houellebecq se jactó de ser más importante para la historia de la literatura que el mismísimo Borges, lo que justificó en que su estilo, al contrario que el del argentino, resulta fácil de imitar. La frase contiene un sentido especular bastante amplio, especialmente si se advierte el afán de Houellebecq, sobre todo, en sus horas más apáticas, por imitarse a sí mismo, o mejor dicho, a su mejor caligrafía de polemista y misántropo. Un ropaje, que, sin embargo, no le acompaña en España, donde la capacidad de generar controversia de un escritor es generalmente reducida. Aquí a casi nadie le interesa lo que digan, especialmente si es extranjero, lo que hace que Houellebecq no resulte ni siquiera un personaje desagradable, sino más bien una especie de Gainsbourg con más mala leche y poco fuelle para la vida en general.

Después del recorrido de su última novela, El mapa y el territorio, el escritor regresa a las librerías con la primera edición completa de su poesía, apenas conocida por los lectores españoles, a excepción de volúmenes deslavazados y sin continuidad. A Houllebecq, el traje de poeta, al que confiere la máxima importancia, cosa nada extraña dada su complexión nerviosa y literaria, le sienta como el de novelista, aunque quizá sin tantos puntos de genialidad. Cuando se apague la estrella negra de Houellebecq, es posible que se hable de una de las obras más profundamente desiguales de las ultimas décadas–la cima quizá sea la propia El mapa y el territorio, donde pasajes engolados y casi sin presencia se dan la mano con tramos, como el final, verdaderamente extraordinarios–.

En su poesía, puesta en perspectiva por Anagrama, en versión bilingüe, se da la misma asimetría; de textos que rozan la grandeza de los poemas de Carver, con fugas de luz y una lectura absolutamente coqueta y desesperada de la autodestrucción a títulos en los que pesa demasiado la búsqueda del registro lírico. Houellebecq es, en definitiva, un poeta notable y un poeta pésimo y en este último atributo concurre, incluso, el ripio y la descarga adolescente. Lo bueno de sus poemas es que permiten completar la guiñolesca y a ratos enternecedora sentimentalidad de Houellebecq, con sitio, quién lo diría, para la nostalgia y la alabanza. Eso y, sobre todo, los momentos en los que el autor se deja de mirar en el espejo de las musas y da rienda suelta a sus vivencias y filosofía. Es ahí cuando aparecen sus mejores textos, construyendo, con puntales muy dispares, una suerte de obra monumental del fracaso, en la que casa de manera espléndida el sentido del error, el entusiasmo y la sordidez.

Unos textos que dialogan con el título que abre el volumen, el irresistible Sobrevivir, manifiesto y poética del autor: «El mundo es un sufrimiento desplegado. En su origen, hay un nudo de sufrimiento». Pase usted un buen día, señor lector.

FICHA
Poesía
MICHEL HOUELLEBECQ
ANAGRAMA
22,90 €

Novelista y polemista, provocador y subyugante, Houellebecq es también un destacado poeta. Este volumen reúne sus cuatro poemarios, que son en algunos casos su germen y en otros prolongación de su narrativa, y conforman un corpus literario imprescindible para construir el mapa completo de uno de los pocos escritores verdaderamente radicales de la literatura contemporánea. Rabiosamente anclados en la contemporaneidad, alternando sin complejos verso libre, verso clásico y prosa, sus poemas parten de la observación de lo cotidiano para ofrecernos una mirada implacable, tragicómica y lírica sobre el mundo.

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