Kafka y la transfiguración curiana

21 mayo, 2015
Ilustración de @jammarq

Ilustración de @jammarq

KARENN WALLACE

Los libros clásicos viven en nosotros y nosotros en ellos. Son clásicos porque son ayer, hoy y mañana. Iniciamos una sección que redimensiona textos eternos, llevándolos a los tiempos modernos que ayudaron a anticipar

¿Cómo sería hoy, en estos tiempos en que la aprobación social es básica, el insecto que ideó Franz Kafka para su libro La metamorfosis?

Despertemos a Samsa de ese letargo, de esa habitación fría y nauseabunda utilizada como trastero en la que permanece desde hace 100 años, recordándole que ya no sirve, que ya no es parte de nosotros, que es un paria. Despertemos esa vida reducida al tormento fúnebre, a un fin en fases: social, emocional y física.

Día, noche; vida y término de ésta; gregarismo o soledad, ideas goteantes y persistentes que orbitan sin sentido, como ese pavor a la muerte aunque ya haya sido consumido en vida.
Gregorio Samsa, currante anodino, deambula miserable, arrastrando su apocamiento y fantasías irrealizables y las de una familia que se acostumbró a sus circunstancias. ¿Cómo no ver en lo que se terminaría convirtiendo? ¿Cómo no ver señales antes de renacer en engendro alienado?

Un siglo de suplicio, la manzana se pudre en su abdomen, una ventana se abre para liberar su alma del cuerpo que yace plano y frío.

Lectores. Gregorio, una y otra vez, contempla el rostro de millones de lectores impertinentes que ahondan en su vida. Algunos muestran repugnancia; otros, indiferencia; otros, obligados a conocerle para poder rendir un examen de Literatura; otros, en cambio, se compadecen, empatizan y le comprenden.

Porque, ¿quién en algún momento no se ha sentido bicho?

La cucaracha recuerda la pobreza, no sólo material, lo inmundo, transformarse en un despojo y comer despojos, tragar lo que sea para sobrevivir.

Hoy, Gregorio Samsa no padece por un trabajo precario para abonar la deuda de su padre, ni para pagar las clases de violín de Greta. Gregorio es impasible ante su trabajo –es precario, sí, pero dice: «Por lo menos tengo trabajo»–; su congoja aflora cuando no tiene likes, cuando es invisible, cuando no recibe whatsapps, cuando no tiene dónde ni con quién tomarse una cañita. Su desdicha aumenta porque cree no tener la vida social, o los artilugios tecnológicos y los selfies en los sitios de moda que se merece. La alienación ya no es un problema; ya no es triste y gris, ni se produce en una industria húmeda y cochambrosa. Tenemos todos los días programas humorísticos e ingeniosos que nos hacen sentir listos y superiores; nuevos artistas a los que descubrir, y a intérpretes no ya de la canción del verano sino de la del día; venga app nueva, venga revista literaria, de arte, agenda nueva… Somos modernos y hacemos mil y una cosas sin parar, pero también sin pensar.

Muerte física. Samsa ya no teme a la muerte física, sabe que nos llegará a todos; la religión hoy es sólo folclore y acto social, no hay culpa ni castigo en otra vida; ni siquiera se da cuenta de que es un bicho, de que ha sufrido su metamorfosis. Lo que no puede soportar es no ser un animal social en vida: está dispuesto a comer los despojos, a tragar el fluido amargo, pero se niega a quedar excluido de la fiesta, necesita ir a la inauguración de la que todos hablan, estar en todas las exposiciones y presentaciones de libros –aunque no mire los cuadros ni lea los libros–, sabe que una conversación con la persona adecuada vale más que mil esculturas… ¡Un selfie más! Un nuevo amigo en instagram. ¡Todos los políticos son unos corruptos! –Venga, Gregorio, 147 me gusta en tu post de Facebook. Vamos bien, éste es el camino–… ¿Todos? También ése con el que todo el mundo quiere abrazarse, y al que sólo se puede acceder tras participar en un festival de codazos; pero merece la pena: afana dinero público pero dicen que es muy divertido, que saluda a todo el mundo… Y tal vez, Gregorio, te dé la parcela que mereces.

La manzana se sigue pudriendo en el estómago. Morirás, pero ¿qué más da? Todos mueren. Lo que no quieres ahora es estar solo. El vacío no es importante cuando te alimentas de estímulos cada dos actualizaciones, cuando tienes la Wikipedia que te hace culto, cuando tienes el Twitter y opinas de política, economía y otras hierbas; da igual si no sabes, a los tres minutos eso ya es pasado.

¿Muerto en vida? Sí, pero sarna con gusto no pica.

FICHA
La metamorfosis
FRANZ KAFKA
AUSTRAL
10,90 €

‘Die Verwandlung’, título original de ‘La metamorfosis’ (y traducible también como La transformación), fue publicado hace justo un siglo, en 1915. La historia de Gregorio Samsa, un comerciante de telas, que vive con su familia y que una mañana despierta convertido en algo parecido a una cucaracha es una reflexión sobre la alienación, la aplastante burocracia, la marginación del diferente y la tiranía de las normas sociales..

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