Juan Pablo Fusi: El camino hacia la democracia

2 noviembre, 2017

Juan Pablo Fusi. Foto: ModemPress

ÓSCAR BUZNEGO

El historiador Juan Pablo Fusi traza el cambio cultural que abrió el paso al cambio de régimen

En el acto de su recepción como miembro numerario de la Real Academia de la Historia, celebrado el 13 de diciembre de 2015, se le impuso a Juan Pablo Fusi la medalla que antes había correspondido a Gonzalo AnesCon tal motivo, dedicó sus primeras palabras a elogiar la elegancia moral y las cualidades científicas que hicieron del historiador asturiano, según dijo, una de las personalidades fundamentales de la cultura y la vida académica españolas. El discurso de Fusi es ahora ofrecido a un público más amplio en una edición en la que la parte preliminar ha sido sustituida por una breve presentación y la contestación de Carmen Iglesias no figura, pero a cambio incorpora una introducción inédita, fotos de autores y portadas de libros citados en el texto, y un índice onomástico. El nuevo académico advierte de algunas variaciones más respecto a la edición institucional, entre las cuales es de interés reparar en la que afecta al subtítulo, que en la versión leída hacía referencia a la recuperación de la democracia, mientras que la que aquí se comenta alude a la reinvención de la misma, queriendo subrayar de esta manera, quizá, que la transición política en España no fue sólo una mera reposición de experiencias democráticas pretéritas.

En su intervención, Fusi dio en el blanco al centrar su atención en el tema de la democracia en España, que considera parte principal de la herencia conflictiva del siglo XIX, junto a los problemas de atraso económico y vertebración del estado. Sostiene que los filósofos, científicos sociales, literatos y artistas que renovaron desde los años cincuenta el pensamiento y el ambiente cultural del país, no tenían en la cabeza otra cosa que la democracia. La exposición de Fusi es minuciosa hasta donde permite el formato de un discurso. La enumeración de nombres, títulos, fechas y otros datos, como en algunas otras publicaciones suyas, llega a resultar abrumadora. Pero consigue demostrar que la democracia actual estuvo precedida por un cambio cultural incubado en el seno mismo del franquismo a partir de la influencia plural de Ortega, cuya presencia es constante en la reflexión de Fusi, y de la rehabilitación de la generación del 98 y de los intelectuales republicanos exiliados como epígonos de la tradición liberal española. Historiadores, economistas, sociólogos, politólogos y escritores de todos los géneros replantearon la realidad del país y lograron, a medida que la sociedad vivía una profunda transformación, generar expectativas crecientes sobre las posibilidades de la democracia en España, cuestión que pasó a ser prioritaria, por delante de la dramática disyuntiva entre monarquía y república.

El análisis de Fusi es coincidente con el de Víctor Pérez Díaz, el autor que más a fondo ha penetrado en la complejidad de la segunda etapa del franquismo. El éxito de la transición a la democracia, incuestionable, no se explica si no es por la emergencia y la invención previas de una tradición democrática. En los primeros años setenta, las principales instituciones sociales y culturales del país eran similares a las europeas, desbordaban al régimen autoritario y estaban preparadas para el establecimiento de una democracia.

Sea por efecto de imitación de otros países europeos o fruto de un aprendizaje propio, la cuestión es que la sociedad española encontró la solución, parece que definitiva, al problema de la democracia que Fusi aborda tan acertadamente. Ahora bien, que con la transición hayamos aprobado la asignatura pendiente hasta entonces de la democracia en España no quiere decir que nuestra democracia no tenga problemas. Superamos la prueba del golpe de estado de febrero de 1981, pero la crisis de los noventa y la presente hicieron aflorar defectos graves de funcionamiento, que dejaron en evidencia nuestras limitaciones. Aunque la democracia española está consolidada, cuatro décadas después no hemos interiorizado los valores democráticos, ni la conducta de políticos y ciudadanos es acorde con ellos, como cabía esperar. La actualidad política nos pone cada día ante la evidencia. Lo que pasa en Cataluña no deja de ser una desagradable sorpresa para un país que debiera saber lo que cuesta conseguir una democracia y lo que supone disfrutar de ella. Conviene que nos preguntemos si los fallos graves que observamos derivan de la debilidad crónica de nuestra cultura democrática, son la consecuencia inevitable de las condiciones específicas en las que se llevó a cabo la transición o el desaguisado obedece a causas sobrevenidas.

Fusi nos recuerda en sus numerosos trabajos sobre la historia contemporánea de España y en este delicioso discurso que la preocupación por la democracia no tendría que abandonarse nunca.

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