Inagotable Holocausto

30 enero, 2016
El 27 de enero se conmemoró el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

El 27 de enero se conmemoró el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

El recuerdo del exterminio impulsado por los nazis, y del que el 27 de enero se conmemoró el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, coincide con la liberación de los derechos de autor de Mi lucha, el ideario de Hitler

ENRIQUE BENÍTEZ

Hitler vende. Es algo que saben los editores. El mal absoluto encarnado por el nazismo en pleno siglo XX, en el corazón de la Europa culta y sensible y civilizada, es objeto de estudio, análisis y multiplicados intentos de comprensión. Se abren archivos, se descubren testimonios ocultos y olvidados, se discute, se razona, se investiga. Los historiadores siguen preguntándose cómo fue posible que un grupo de maleantes sin escrúpulos se hicieran con los destinos de un país como Alemania y casi de toda Centroeuropa, entregada entusiasta a la solución autoritaria. Los ciudadanos tratan de comprender la fría maquinaria que decidió y consiguió la humillación y el exterminio de siete millones de víctimas indefensas, entre judíos, presos políticos, gitanos, homosexuales y personas con discapacidad física o intelectual. Los descendientes de las víctimas siguen luchando para que no se pierda su memoria, que es la memoria común de la lucha contra el mal, perfectamente identificado. Y finalmente los oportunistas intentan sacar tajada del auge del populismo político de norte a sur y de este a oeste. Se derrumba una forma de entender el mundo, y los ojos se vuelven hacia aquellos años de infamia y horror.

Cada año se publican en España en torno a quince o veinte novedades editoriales relacionadas con el nazismo y el Holocausto. El 27 de enero está marcado como el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, una efeméride inclusiva que recuerda a todas las víctimas y que persigue la concienciación de la sociedad mundial para que no vuelva a repetirse un episodio tan mezquino y miserable. Este año el lema elegido ha sido El Holocausto y la dignidad humana. No sólo las víctimas fueron despojadas de cualquier atisbo de humanidad, enfrentadas a la supervivencia a costa de sus propios compañeros y de su propia alma: también los verdugos fueron deshumanizados, convertidos en eslabones de una organización industrial diseñada para matar a miles de personas con la metódica exactitud de una cadena de montaje.

El Holocausto es irrepetible por excepcional. Y es incomprensible porque desborda toda la capacidad del ser humano de tratar de entender. No hay empatía posible. La maldad desatada supera nuestra posibilidad intelectual de poner lógica al drama brutal. Mientras más sabemos es más difícil asumir la verdad en toda su inabarcable crueldad. Una de las más adecuadas novedades de este último año son los testimonios de Primo Levi, testigo privilegiado de Auschwitz, una de las más respetadas voces de entre las víctimas. El autor de la Trilogía de Auschwitz fue el encargado de redactar un Informe sobre la organización higiénico-sanitaria del campo de concentración para judíos de Monowitz, que ahora de nuevo ve la luz en el libro Así fue Auschwitz (Península). Levi, químico de profesión, redacta una de las primeras pruebas de cargo que utilizaron los aliados para poder celebrar los juicios de Núremberg, donde pudieron demostrar que los nazis habían puesto al Estado en su conjunto al servicio de la estrategia del exterminio, y que todo respondía a un plan frío y asesino que tenía como único objetivo la eliminación de cuantos más judíos y oponentes políticos mejor, aprovechando las victorias bélicas y la ampliación de territorios controlados por el ejército alemán.

En este libro, Levi cuenta cómo logró sobrevivir al Holocausto: una rara combinación de frugalidad (era un hombre muy austero antes de ser detenido y deportado), buenas condiciones físicas pese a su delgadez (le gustaba practicar deporte de montaña, lo que le había proporcionado una fuerte resistencia al esfuerzo) y sobre todo una formación académica que le salvó de algunas de las tareas más penosas y arriesgadas. El hambre, la miseria y las penalidades convirtieron en guiñapos en apenas un mes a los hombres más fuertes y poderosos. Sobrevivir se convirtió en una sórdida lotería, en relación directa con el humor de los carceleros, la picaresca y la propia deshumanización de las víctimas. Una gorra bien podía valer por una vida.

Historia de la infamia

Otro de los hitos del año ha sido el nuevo y exhaustivo estudio sobre la Historia de los campos de concentración nazis, de Nikolaus Wachmann (Crítica). Una investigación completa y rigurosa sobre las distintas fases del exterminio, y sobre la organización del llamado «universo concentracionario». Pese a que conocemos de memoria «la topografía del horror», quizás no sepamos que Auschwitz fue el primer campo construido fuera del territorio propiamente alemán (está en Polonia), y que le precedieron otros lugares de infamia como Dachau, Buchenwald, Bergen-Belsen o Ravensbruck (el campo de las mujeres). Wachsmann diferencia tres grandes etapas en el exterminio de Estado practicado por la Alemania nazi, en función del mecanismo de asesinatos elegido.

En la primera etapa el método fue brutalmente artesanal: fusilamientos masivos y enterramientos en fosas comunes. Posteriormente, algún funcionario del sistema descubrió la posibilidad de la asfixia mediante monóxido de carbono, para lo que se habilitaron camiones que paseaban a las víctimas para darles muerte. La tercera fase es la más macabra: la muerte masiva se planifica y se organiza de manera industrial. Se ordenen redadas de judíos en toda Europa y se envían por tren con puntualidad y eficacia germánicas al macabro complejo de Auschwitz-Birkenau, que en apenas un año y medio de funcionamiento logró asesinar a más de un millón de seres humanos.

Entre las víctimas del Holocausto también se encuentran varios miles de republicanos españoles. Encerrados en Francia tras huir de la derrota en nuestra guerra civil, en 1940 el propio Ramón Serrano Súñer pide al victorioso y triunfante gobierno alemán que esos enemigos del fascismo internacional sean deportados a los campos de concentración. Se acaba de reeditar una versión revisada de un libro clásico, Españoles en el Holocausto (Random House), del historiador estadounidense David Winkgeate Pike, muy revelador sobre el destino de los españoles (unos 15.000) que acabaron en Mauthausen. De ellos, morirían más de 6.000, por los efectos de una política alemana que comenzó siendo de «eliminación por extenuación» (a través de los trabajos forzados, el hambre y las miserables condiciones higiénicas de los campos) para dar paso a partir de la Conferencia de Wannsee (enero de 1942) a una decidida «política de exterminio».

Es triste leer en el libro de Wingeate –que en los años 50 del siglo pasado llegó a vivir en Córdoba– nuevas pruebas de la secular división española. Algunos de los supervivientes más descarados aprovecharon las circunstancias para mostrar un heroísmo falso y manipulado (el historiador americano deja en muy mal lugar por ejemplo a Mariano Constante, una figura muy conocida, autor de Los años rojos). Otros acabaron convertidos en enemigos irreconciliables. La unidad de los presos españoles, su generosidad reconocida por otros muchos supervivientes, su enorme entereza (todos ellos guardaron en formación un minuto de silencio cuando falleció el primer español, el malagueño José Marfil Escalona, el 28 de agosto de 1940) se fueron casi al traste con algunas inquinas oportunistas que llegaron tras la guerra y la liberación.

Advertencia
El último debate sobre el nazismo llega de la mano de la propuesta oficial de enseñar en las escuelas alemanas el libro que escribiera Adolf Hitler en la cárcel en 1924. El periodista Sven Felix Kellerhoff ha escrito Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX (Crítica) y su posición parece razonable: convertir un libro tan mediocre en un tabú sólo conseguirá hacerlo atractivo. Y además es muy estúpido en la era de internet y del acceso ilimitado. La reflexión está servida.

Como se ha encargado de recordarnos Timothy Snyder en Tierra negra. El Holocausto como historia y advertencia (Galaxia Gutenberg), la posibilidad de un nuevo Holocausto, en un contexto de crisis económica, populismo político y grandes migraciones incontrolables, puede ser más real de lo que pensamos. Al fin y al cabo ya ocurrió una vez, en el corazón de la Europa culta y civilizada. Quién sabe si la serpiente no murió del todo en 1945: sus huevos pueden estar anidando delante de nuestras propias y satisfechas narices.

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