Ian vuelve a Federico

16 febrero, 2012
El hispanista irlandés, Ian Gibson, ha revisado su biografía sobre Lorca.

El hispanista irlandés, Ian Gibson, ha revisado su biografía sobre Lorca.

JOSE ANTONIO SAU

En 1985 y 1987, el hispanista Ian Gibson publicó, tras varios libros anteriores de éxito indudable, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, una monumental biografía en la que, desde la niñez del poeta hasta las horas inmediatamente anteriores a su asesinato, trazaba con maestría y precisión quirúrgica el discurrir vital del vate español más traducido de todos los tiempos. Este año, con motivo del 75 aniversario de su martirio, Editorial Crítica recupera aquel excepcional trabajo y lo reedita bajo el nombre Federico García Lorca. El hispano-irlandés, que ya da forma a otra biografía de Luis Buñuel, sólo ha efectuado un pequeño prólogo y ha introducido mínimos cambios en el estilo, pero el espíritu de la obra que dio a conocer a España a su escritor con más talento desde Cervantes sigue intacto.

En la biografía Gibson busca en la niñez de Lorca en Fuente Vaqueros, y en los orígenes de su familia, acaudalados terratenientes de la Vega dedicados a cultivar, entre otras cosas, remolacha. Bucea en el socialismo liberal del padre, quien llegará a ser teniente de alcalde del Ayuntamiento antes de la República; y en el humanismo cristiano de doña Vicenta, en la ternura que ella siente por su hijo, en las muestras de preocupación de una madre que sabe del talento de su vástago, al que apoya prácticamente desde el inicio; habla de las canciones populares que jalonaron la infancia del pequeño Federico, de su amor por el piano, en particular, y la música, en general, y de sus primeros conflictos con su propia sexualidad, de las primeras tertulias literarias en una Granada en la que, como él dijo, «se agitaba la peor burguesía de España».

Muestra Gibson cómo el artista se retrata en su primer librito, Impresiones y paisajes; su amor por Verlaine y Höderling, y sus primeras poesías; su relación con Fernando de los Ríos y con Manuel de Falla, sus irreprimibles talento y simpatía –Jorge Guillén dejó dicho: «Cuando está Federico no hace ni frío ni calor, hace Federico». Pero también nos enseña al poeta «lunar», como lo definió, en palabras del propio Gibson, Vicente Aleixandre. Del joven que se envolvía a veces en su melancolía, encerrando en su pecho el crepitar de futuros presagios de muerte. Sus años en la Institución Libre de Enseñanza junto a Dalí, del que se enamoró perdidamente, y Buñuel; entra de lleno en su edad adulta, a la vez que muestra con la maestría de un filólogo su evolución literaria, desde el Romancero Gitano a Poeta en Nueva York, cuando Lorca alcanza la cúspide del surrealismo, pero siempre bebiendo del fértil campo andaluz para escupir un mensaje universal. De sus éxitos en el teatro y los ataques que recibieron de los diarios católicos y de derechas –Yerma, Bodas de Sangre…–; y de su felicidad: siempre se centra la dialéctica en torno a la muerte o los momentos oscuros de Lorca, pero de él sabemos que fue una persona feliz, sobre todo en sus escapadas por América: en Cuba, en Argentina, en México… Allí vivió con libertad su sexualidad. Pero Gibson dedica también varios capítulos a los últimos días del poeta: a su reclusión en casa de su amigo Luis Rosales –que se jugó el tipo–, a las tres visitas que recibe en los primeros días del Alzamiento en la casa de la Huerta de San Vicente; y a cómo se gestó su detención, con el diputado cedista Ramón Ruiz Alonso en el papel estelar de chivato y brazo ejecutor del sanguinario gobernador civil Valdés.

¿Por qué? y ¿dónde? son incógnitas que no han sido respondidas aún hoy: pudo ser por rencillas políticas o agrícolas con su padre, por su reconocido antifascismo y la salvaje sinceridad de sus obras, que chocaban contra una mentalidad provinciana y oscura; por su orientación sexual, o por una mezcla de todos los factores. En relación a la segunda pregunta, Gibson, como hicieron antes Agustín Penón y Gerald Brenan, señaló la franja de terreno que separa Víznar de Alfácar como lugar más probable de enterramiento. Los restos de Federico no se hallaron en el parque dedicado a su memoria, pero, sostiene el irlandés, podrían andar cerca. No se pierdan esta obra que justifica toda una vida de rigor y amor por García Lorca.

FICHA

Federico García Lorca
IAN GIBSON
CRITICA
39,50 €

Esta obra de Gibson, recuperada ahora coincidiendo con el 75 aniversario de la muerte del poeta, despeja incógnitas, disipa nieblas, aclara zonas de sombra de una personalidad tan singular y carismática, por lo que en muchos aspectos y durante mucho tiempo seguirá siendo insuperable.

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