Homenaje a los actores

7 septiembre, 2015
El director de cine Manuel Gutiérrez Aragón.

El director de cine Manuel Gutiérrez Aragón.

JOSE MARÍA DE LOMA

Fecundo y prestigioso director de cine y también novelista desde hace algunos años, Gutiérrez Aragón ha dado a imprenta un volumen en el que retrata, ensalza, homenajea, pero también critica a los principales actores que han trabajado con él y han protagonizado sus principales cintas. Los recuerdos y el género autobiográfico también están presentes
Mucho ha llovido, o mejor dicho, mucho se ha rodado, desde aquel 1973 en que Gutiérrez Aragón debutara en el largometraje con Habla, mudita, protagonizado por una jovencísima Kiti Manver y un ya celebérrimo López Vázquez. El guión lo cofirmaban el propio Aragón y José Luis García Sánchez. Desde entonces, el cineasta ha dirigido más de veinte películas –y colaborado de una forma u otra en casi otras tantas– y ha trabajado con centenares de actores, profesionales o no. Con lo más granado pero también con los que gracias en parte a él se consagraron. Sacristán, Ana Belén, Banderas, Galiardo, María Barranco, Imanol Arias, Ángela Molina, Fernán Gómez, Raúl Freire, etc. etc.

Fruto de esa experiencia, experiencia de cineasta a la que puso fin hace casi una década para dedicarse en exclusiva a la novela (premio Herralde 2009 con La vida antes de marzo), nace este libro que tanto podría clasificarse de memorias como de ensayo pero que fundamentalmente es un homenaje al trabajo de actor. Una sucesión de recuerdos, lances y anécdotas también. Ilustrado además con fotografías de algunos de sus rodajes. Aragón narra primero su adolescencia en Torrelavega con un tono de añoranza dulzón que nos familiariza con el ambiente de provincias anodino en el que se cambian fetichismos cinematográficos en plaza mayor y mañana dominical. Años de cinefilia, de ver cine con tanta frecuencia como lo permitiera la escasa distribución de películas que podría llegar a un pueblo en los cincuenta. Vienen luego los años de estudio. Gutiérrez Aragón llegó, por cierto, a Madrid a estudiar periodismo, pero como había cupo reducido ingresó en la Escuela Oficial de Cinematografía. Curioso giro del destino. Nunca sabremos lo que perdió el periodismo pero al menos de esa intención quedó su gusto por la escritura aunque en forma novelística o de guión. Particularmente interesante resulta esa parte del breve volumen, ciento y pico páginas, en las que abunda en el ambiente de la citada Escuela en la que coincidió entre otros muchos, con su gran amigo y acerado crítico Fernández Santos, con el que tantos ejercicios cámara en ristre compartió en ese casoplón madrileño donde cada año unos pocos centenares de inquietos jóvenes se formaban en habilidades cinematográficas demasiadas veces con un exceso de teoría y una rudimentaria tecnología para plasmar siquiera unos cortos o unas escenas.

Cariño y reconvenciones. El grueso del libro lo forman capítulos dedicados a películas suyas. Aragón, también actor y que ha dirigido verdaderos emblemas del cine español como Maravillas o La mitad del cielo es tierno y admirativo con los actores, que no se libran, no obstante, de alguna reconvención. O exabrupto: «Galiardo era una persona detestable». Particularmente desgarrador resultan sus recuerdos del malogrado Pirri, al que su abuela llevó una vez a una prueba, un casting, esgrimiendo la naturalidad del niño. Un niño de barrio misérrimo, abandonado por sus padres y abocado a un mal destino que gracias al cine casi, sólo casi, logró esquivar. A fuer de recordar películas, el autor entrevera vivencias y explica cómo los vasos comunicantes entre vida y cine son en su caso constantes. Ahí está como ejemplo de esto el capítulo dedicado a Demonios en el jardín, filme que tiene mucho de autobiográfico, de su propia familia; cinta esta en la que también sobrevuela la figura de esa guapa de pueblo idealizada y pretendida por Gutiérrez Aragón que tan presente dice llevar en todo lo que acomete y cuyos azares en parte nos transcribe. Pero sobre todo, el cineasta trata de clasificar a esos dos grandes grupos de directores: los que intervienen mucho dirigiendo a los actores o los que, como uno que él cita, ni siquiera les dirige la palabra durante las semanas de rodaje. «No le acepté ni una sugerencia a López Vázquez», dice en un momento dado. Y es que, él parece tener claro a qué grupo pertenece: «un actor sin dirigir es un bulto sospechoso». Ama esa frase aunque no es suya.

A los actores, de Anagrama

FICHA
A los actores
MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN
ANAGRAMA
16 €

En la constelación de estrellas que figuran en este libro están algunos de los actores más populares de nuestro cine. Gutiérrez Aragón los retrata a la vez que se retrata a él mismo a lo largo de unas reflexiones sobre qué es la representación y la vida de cine. El director convoca a sus personajes para construir un  relato no exento de crítica.

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