Haruki Murakami: El pincel de la caligrafía

10 octubre, 2017

GUILLERMO BUSUTIL

Cuando uno escribe a mano se escucha la canción del viento entre el bambú de las letras que van construyendo las palabras de una historia, el oleaje de un pensamiento que traduce la escritura. Los escritores lo saben. Y mucho más Haruki Murakami que al saber que las palabras no pueden caminar solas las alienta entre sus dedos, precisas, justas, igual que los caracteres de un dibujo que flota. Lo mismo que si la escritura fuese la papiroflexia con la que el lenguaje despliega el pájaro interior que hace que vuele y avance lo que se cuenta. Murakami defiende el pincel de la caligrafía que tiene su estilo como escritor que busca abrir una ventana nueva en el corazón de sus lectores. Busca también Murakami convertir lo real, la rutina y su oficio de escritor es una disciplina, en una forma de vida. Y de todo esto nace De qué hablo cuando hablo de escribir, el envés de otro libro suyo que se llama De qué hablo cuando hablo de correr. En ambos, publicados por Tusquets, Murakami compite con sus sombras, sus querencias, con los vasos comunicantes que convierten ambas disciplinas en la producción solitaria de un hombre que ama lo que le gusta, que no cree que escribir y correr sean ningún acto de heroísmo, ni tampoco la atalaya de la soberbia sobre la que se aúpan a sí mismos muchos escritores que se consideran más inteligentes y demiurgos que los demás. Murakami no. Murakami redacta diez páginas al día y el resto de la jornada la dedica a ser uno de esos tipos normales que protagonizan los cuentos de Carver o de John Irving, a los que él ha traducido.

¿Un escritor nace, se hace o surge? Murakami responde con su vida en este ensayo sobre lo que simplemente sucede, y lo que simplemente se trabaja. El japonés fue un mediocre estudiante hijo de maestros que se refugiaba en la lectura literaria y en el jazz. Al igual que muchos jóvenes de hoy prefería levantarse tarde y servir copas antes que madrugar rumbo a una oficina en la que, lo mismo que ocurrió con la universidad, no aprendería nada de valor dentro de un sistema que asfixia la individualidad, la imaginación, los sentimientos que no responden a ninguna fórmula. Hasta que la emoción de un partido de béisbol de los Tokyo Yakult Swallows cambió su vida, y una noche empezó a escribir en la mesa de la cocina cuando cerraba el bar. Ese año el equipo ganó la liga, y él el Premio Gunzo para escritores noveles. Así terminó eligiendo el riesgo y la rutina de escribir. Lo lleva haciendo treinta y cinco años en los que su vida es muy predecible: acostarse pronto, madrugar, correr o nadar una hora, escribir durante la mañana, dormir una siesta, leer o ver películas. Un método eficaz de entrenamiento para sobrevivir a un futuro prometedor, a los elogios, a las buenas ventas y a la atención del escritor –lo único que de verdad le importa a Murakami, y que le empuja a no perderlos nunca de vista cuando escribe-. De qué hablo cuando hablo de escribir viaja por temas como los premios literarios, los lugares en los que se citan los escritores, las ambiciones, las críticas, la importancia de la reescritura y de leer mucho, la traducción y lo que le aportó a él y otros muchos temas relacionados con la literatura, (también con la vida), en los que se posiciona de manera directa «la originalidad es sobre todo encontrar un estilo propio y de superarlo e innovar», o a través de anécdotas «Nelson Algren no fue a recoger el Premio de la Academia de las Artes y las letras por su novela El hombre del brazo de oro porque le pareció más importante irse de copas con un par de chicas». Los lectores del autor de Tokio blues, Los años de peregrinación del chico sin color o de Hombres y mujeres encontrarán en este ensayo muchas lecciones interesantes, y entre las mejores que lo importante es escribir sin codicia ni restricción, escudriñando el estado del corazón y de lo más profundo de la conciencia.

FICHA
De qué hablo cuando hablo de escribir
HARUKI MURAKAMI
EDITORIAL TUSQUETS
18,90 €

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