Goyen y el mito del sur

29 agosto, 2012
Uno de los paisajes de Texas que inspiran el mundo literario de Goyen.

Uno de los paisajes de Texas que inspiran el mundo literario de Goyen.

LUCAS MARTÍN

A punto de cumplirse el vigésimo aniversario de su muerte y con sus cuentos completos recién publicados en España, sería todavía aventurado y, aún peor, ingenuo acomodar a William Goyen en el tejado de la inmortalidad literaria. En literatura, como en tantos y tan confusos órdenes, la inmortalidad no existe, pero lo más parecido y, sobre todo, rotundamente libresco, es la mitología, un terreno más que propicio para el futuro e, incluso, el presente de este dramaturgo, músico y poeta. Si en el sur de Estados Unidos los mosquiteros son de Faulkner y los porches de McCullers el viento y su hora siniestra frente a los campos de centeno está comprometido con Goyen. El autor forma parte de la memoria de ese inmenso país acogotado entre el progreso y los medievalismos del azadón y del miedo; al igual que Hopper, que García Márquez o que el propio Faulkner, este escritor tiene el raro privilegio de haberse inventado con su obra un lugar que en realidad existe, el de las grandes extensiones de Texas y Oklahoma.

Quizá sea eso lo primero que haya que decir de sus cuentos. En Goyen hay algo que trasciende y precede al mismo tiempo a la literatura, una intimidad con lo extraordinario que conecta con el refajo sabio de las ancianas y de la tradición oral. Sus historias, agrupadas ahora y por primera vez en español, en versión de Esther Cross y Carlos Ribalta, suponen el espíritu de un lugar en el que se mezclan los disparos, el linaje y la gravedad de la naturaleza, aunque de un modo no periodístico y ni mucho menos facilón; el autor no se limita a observar, sino que aplica un nuevo ciclón al ciclón, el de su cabeza, removida por el lirismo y por una imaginación incontenible.

Goyen no es sólo uno de los mejores cuentistas de Estados Unidos, sino también de los más originales. Con él se depura una corriente de campo, con toda la melancolía y la superstición del relato sureño, pero, además, en una nueva marcha de brutalidad y leyenda. El escritor entiende el sadismo y la vitalidad del terreno, convertido, de repente, en una pauta universal de un gesto literario que tiene mucho de camino agromágico, con sangre y tensiones y esperas y mujeres empalizadas como princesas en espera de la lluvia y del recuerdo. La maravilla de Goyen, el milagro de Goyen empieza en ese momento desesperado y radicalmente sureño en el que resuenan las historias de la Biblia junto al aliento del coyote y del calor.

En estos cuentos , que funcionan extrañamente como un único volumen en continuidad, tanto por la coherencia como la aparición y deformación de motivos y personajes, Goyen deja también prueba de su estilo, en el que a veces entran ecos, casi anticipatorios, de la prosa eléctrica y espiritualizada de Gordon Lish. El escritor, en este caso, es único y sus cuentos funcionan como un cajón de historias indias y fundamentales; decía Ed Chigliak en Doctor en Alaska que los nativos curaban con viejas historias y eso existe en Goyen, no tanto por su poder terapéutico–la literatura no cura y a veces ni siquiera salva–como por su revuelo natural de cosas que merecen la pena contarse, que tienen que llegar a ser. Alejado de moralejas y, por supuesto, de moralismos, el escritor libera un tornado fabulístico en el que se alzan piezas y personajes asombrosos; un grupo de predicadores que anuncian el final del mundo; un asceta colgado de un mástil; una mujer obsesionada con su suegro y con un gallo blanco; un hombre con un gusano en su interior o un tipo que lo abandona todo para seguir una forma de luz. Tramas llenas de tumbas, con el peso de la maldición, de la huida, de lo fantástico, de la decrepitud y, sobre todo, de una especie de brillo y de suciedad poética, que eleva cada una de las piezas por encima de ese cieno de realismo y dureza que embadurna buena parte de la narrativa americana de la cotidianidad.

William Goyen es, sin duda, diferente y destaca no sólo como uno de los escritores más inspirados del género, sino un auténtico talento poético, con una estética en la que se cruzan, incluso, universos aparentemente fuera de órbita como el de Poe. Lo que muchos han denominado como el gótico sureño no es más que un espejismo que habla de los cruces de una literatura conmovedora y extrañamente lírica, llena de apegos a la tierra y de temores y de vida en toda su brutalidad histórica; fantasmas que deambulan como si fueran uno más de la casa, pozos secos, cadáveres, ángeles, demonios, flores y hasta el Ku Klux Klan, todos conchabados en la homérica tarea impuesta por Goyen, la de contar, desde los campos catetos y tacaños del sur, toda la indefensión y resistencia espiritual del ser humano frente a la ramplonería y los sofocos de su condición. El volumen publicado por Seix Barral, con una extraña portada en verde bíblico, es un libro de ida y vuelta, alado y violento; un gigante legendario, con pinta de inmortal.

FICHA
Cuentos completos
WILLIAM GOYEN
SEIX BARRAL
25 €

Admirado por Truman Capote o Joyce Carol Oates y comparado con autores de la talla de William Faulkner o Carson McCullers, William Goyen es uno de los escritores de la segunda mitad del siglo XX más respetados en Estados Unidos y menos conocidos en España. El presente volumen reúne por primera vez en nuestra lengua todos sus cuentos. La publicación en nuestro país de este maestro del cuento gótico sureño será considerada, sin duda, un gran acontecimiento literario.

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