Gerónimo, la frontera

3 noviembre, 2018

GUILLERMO BUSUTIL

Un pueblo de dos caras. Janos frente al desierto y de cruz La Apachería. Tiene su horizonte montañas azules a lo lejos, desgastadas bajo el seco al que le cantan las serpientes de cascabel, mientras los escorpiones amarillos en guardia con aguijón en alto se cruzan con la carrera de una muchacha desatándose un vestido negro para esconderse a salvo. Así empieza una novela polvosa, solitaria, con armónica western en su lenguaje, y en la que el lector se monta enseguida a caballo y alza los hombros, como si fuese el coronel José María Zuloaga, para recorrer un territorio sofocado entre el pasado y el presente. Un mapa sobre el que un escritor mexicano con arraigo neoyorkino y que sabe el manejo del machete y del disparo, según unas palabras y su propósito, nos cuenta de la literatura de la frontera que todos llevamos dentro; de una mujer, Camila, raptada por Mangas Coloradas y acerca de los últimos días de su hijastro Gerónimo.

Nunca he olvidado que fue el rostro de la primera película antes de inaugurar la infancia. No entiende todavía mi madre que la recuerde con aquellos ojos estrenando lo que es en mi vida un placer tan compartido como solitario. Y aún continúa afirmando que Gerónimo fue la causa de que desde tan pronto quisiese ser apache, que para ella es lo mismo que ser escritor. Un tipo rebelde, haciendo de la vida una aventura en la que echar pocas raíces. Lo mismo que Álvaro Enrigue que además coloniza con el lenguaje y sus símbolos la imaginación, la Historia y la realidad. Igual -todo son ecos en lo literario y en esta novela con sombra de Bolaño- que el personaje escritor al que hace rastrear un país borrado del mapa: La Apachería de la dignidad y del olvido; la memoria ndeé del enemigo, para narrarle al chamaco lector que también puede ser español de Nueva Vizcaya o un gringo de Colorado el relato de humo de un arcádico pueblo que prefirió la dignidad de escoger la extinción antes que elegir entre el norte y el sur. Y de paso sobre Asa Daklugie en su mecedora; de Héctor Ezguerra protector; de Camila Sousa y su ajetreo de fantasmas; de la leyenda de Coyote, el Ulises de los apaches; del instante fotográfico Camillus Fly de Gerónimo diciéndole a su enemigo «Antes me movía como el viento, ahora me rindo y eso es todo».

Esta novela exige un lector serio. No un turista de lo literario que busque evadirse y poner la memoria en blanco. Enrigue escribe desde la épica y la indagación, y también desde un encaje irregular de las tres historias que va hilvanando como un flujo de conciencia narrativa alrededor de un mismo eje: la identidad como frontera, la identidad como mestizaje. No sólo con Gerónimo, nombrado en honor del patrón de los traductores y conocedor del español, también con la decisión de Camila entre el amor y la esclavitud, y con el narrador escritor mexicano que requiere documentación legal norteamericana y española para que su hija estudie en Europa y se enfrenta al desafecto hacia el doloroso peso del imperialismo. No es fácil hacerlo y que el lector se deje llevar a la vez por diferentes tiempos, sin saber a veces porqué un relato se interrumpe y se mezcla con otro. Será al final cuando sea consciente de que esa es precisamente la fuerza de esta novela caleidoscópica y humana que aborda el coraje y la nobleza, y problemas actuales en torno a la violencia, a la cultura colectiva e individual, a la capacidad de enfrentarse al poder, y al romanticismo de una resistencia de la dignidad frente a la perversión de ridiculizar una nación, el mito de una memoria.

En este viaje por la Historia y por el territorio, a través de los afectos que se reconstruyen entre padres e hijos, y de un paisaje moral del que apenas queda huella, destaca la construcción coral de personajes propios de una de las mejores novelas de Zane Grey, como los generales cuyo honor es un código ético, o el de Gatewood que sueña en su hermandad con el pueblo indio el retorno de unos guerreros recuperando las praderas de lo que fueron sus antepasados.

FICHA
Ahora me rindo y eso es todo
ÁLVARO ENRIGUE
EDITORIAL ANAGRAMA, 2018
23 €

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