Faulkner, el genio apartado

14 julio, 2012
Fotografía de William Faulkner.

Fotografía de William Faulkner.

JAVIER GARCÍA RECIO

Al cumplirse 50 años de su muerte y al mirar  el panorama literario europeo y español, sorprende  ver como la poderosa influencia que Faulkner dejó, se diluye en estos momentos y cuesta mucho detectarla en la actualidad

En mi juventud veinteañera me topé con el primer libro de William Faulkner. Era Las palmeras salvajes, una edición, creo recordar, de Alianza. Para mi fue un juego admirable comenzar a leer a este escritor de escritores. Entonces me importaba más saberme admirador de Faulkner, presumir de su lectura ante los amigos, fardar de Faulkner; por eso era fundamental llevarlo en la trenka y exhibirlo en los momentos apropiados. Leerlo, comprenderlo, fue algo que entonces creí conseguir, pero que el tiempo me sacó del error. Muchos años después volví a leer Las palmeras salvajes y descubrí la novela absoluta y percibí como la lectura apresurada y desconcertada de juventud fue solo eso y era ahora cuando su lectura se asomaba de manera deslumbrante.  Me ocurrió con otros títulos. Ahora, mientras escribo, tengo en mi mesa junto al ordenador un ejemplar recién reeditado por Alfaguara de El ruido y la furia. Después de al menos cuatro lecturas a lo largo de los años, me basta hojearlo y tenerlo cerca para ahondar en mi respeto por Faulkner.

El enorme influjo que ha tenido sobre la literatura europea y latinoamericana no ha sido igual en su país, donde no deja de ser un fenómeno lateral; escritores de la talla de Nabokov o de Flannery O’Connor y críticos del prestigio de Edmund Wilson vertieron críticas muy ácidas sobre su particular estilo.

Contribuye a ello quizá su insistencia en ser un escritor del sur, que ejerció como tal, y que, debido a ello, nunca estuvo en la pomada de las corrientes de la novela americana de su tiempo. Faulkner, es más para los americanos un escritor de estudio que una gloria de la literatura de su país y se extrañan de que en Europa e Iberoamérica el escritor goce de la consideración de genio de la literatura.

A ellos les puede sorprender eso y a los europeos que un país que ha dado talentos literarios como Mark Twain, Hemingway, Scott Fitzgerald, John Dos Passos o actualmente Don deLillo o Philip Roth no sepa distinguir al más grande de todos ellos.

Faulkner es un ejemplo de cómo la literatura, la pasión por las letras puede redimir e incluso llevar al éxito a una persona. Fue un mediocre estudiante que no acabó nunca el bachillerato, fracasó en su intento de ser piloto del ejército, el amor de su vida, Estelle Oldham, lo dejó para casarse con lo que se llama un buen partido, aunque posteriormente terminaron casándose. Trabajó en innumerables oficios de todo tipo a los que no se adaptó o lo despidieron, tuvo problemas con el alcohol, pero su innata obsesión por la literatura, su enorme amor propio por escribir le redimen y le llevan al éxito que se fragua en 1950 con la obtención del Nobel.

Supongo que es bueno decirlo ahora al cumplirse cincuenta años de su muerte, pero sobre todo cuando uno mira aquí y allá y observa como la poderosa influencia que Faulkner dejó en la literatura europea y sudamericana se diluye en estos momentos, al menos. Duele ver que ese influjo,  y especialmente en España, recordar aquí a Juan Benet, cuesta mucho detectarlo en la actualidad.

Quizá sea cosa de los tiempos que mandan. Su fuerza imaginativa, el poder de su estilo inconfundible, la complejidad de su gramática desbordante, chocan hoy con la simpleza ingenua del mensaje en internet o en las llamadas redes sociales. Seguir a Faulkner exige atención y compenetración con el mundo que describe, tener escenario mental suficiente para cobijar todo el universo grandioso y desconcertante que nos muestra.

Joyce, Kafka, Proust, Faulkner. Ahí están los genios de la literatura de nuestros días. Su póker de ases. Los muy exigentes, los más chiítas y ortodoxos de las exigencias literarias dicen que después de ellos, poco más, con la excepción de García Márquez o de Coeetze, y no se refieren a grandes novelas o escritores de enorme talento, que los hay, sino a aquellos que se sirvieron de la literatura para dar una nueva concepción del mundo, para crear nuevos mundos, no para imitarlo. Solo cabe decir que para tratar de entender los problemas de esta sociedad actual abierta al abismo, pocas cosas hay imprescindibles y una de ellas es leer a Faulkner.

FICHA
El ruido y la furia
WILLIAM FAULKNER
ALFAGUARA
18,50 €

El ruido y la furia es una obra maestra de la literatura. Relata la degeneración progresiva de la familia Compson, sus secretos y las relaciones de amor y odio que la sostienen y la destruyen. Por primera vez, William Faulkner introduce el monólogo interior y revela los diferentes puntos de vista de sus personajes: Benjy, deficiente mental, castrado por sus propios parientes; Quentin, poseído por un amor incestuoso e incapaz de controlar los celos, y Jason, monstruo de maldad y sadismo.

FICHA
Las palmeras salvajes
WILLIAM FAULKNER
SIRUELA
13,90 €

Esta obra del genial escritor sureño narra de forma magistral los sentimientos y las actitudes de los seres humanos en temas como las relaciones interpersonales, las dificultades, el abandono y la pérdida y nos introduce en la desgraciada historia de amor entre Harry Wilbourne y Carlota Rittenmeyer, que encuentra su contrapunto y, a la vez, su complemento en El viejo, el relato del presidiario sin nombre y su lucha estoica contra las devastadoras fuerzas de la naturaleza para salvar la vida de una mujer durante la gran inundación del río Misisipí en 1927.

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