Fábrica de pesadillas

23 octubre, 2013
Frederica Sagor Maas trabajó como guionista en Hollywood.

Frederica Sagor Maas trabajó como guionista en Hollywood.

TINO PERTIERRA

Líos revueltos de sábanas, reputaciones destruidas, ambiciones envenenadas. Triunfos y fracasos, venganzas y odios, pasiones y prisiones. La escandalosa señorita Pilgrim (Seix Barral) es la obra central de Frederica Sagor Maas, que relata su experiencia para convertirse en guionista del cine mudo.

Estamos en 1924. La amenaza de una ruina mundial aguarda en el horizonte. El mundo ya hace colas ante unas salas donde se proyectan imágenes en blanco y negro. Mudas pero elocuentes. Ya no hay estrellas en el cielo únicamente: las hay de carne glamourosa y huesos fotografiados con mimo. Frederica Sagor Maas, neoyorquina de 1920, llega con 23 inocentes añitos a Hollywood, un lugar que empieza a convertirse en fábrica de sueños. Y pesadillas. De estrellas cuyo silencioso fulgor será intenso pero efímero. Frederica quiere ser guionista. Escribir películas. No cuenta con que esa tierra de oportunidades esconde, en realidad, un universo paralelo donde el macho alfa lleva a la práctica sus mejores habilidades depredadoras. El poder absoluto de quien puede de- cidir con un chasquido de dedos quién brillará bajo los focos y quién no, las pelusas que crecen en las turbias relaciones de la gente (envidias malsanas, competitividad sin piedad, no se hacen prisioneros cuando se trata de firmar un contrato ventajoso) y las puñaladas traperas que aguardan impacientes detrás de cada apretón de manos. Sucias, por supuesto.

Frederica es inocente pero no desvalida. Ni mucho menos. Ni está desarmada. Qué lengua. Qué agilidad mental. Siempre amartillada con el verbo en un entorno machista y degradado dominado por «analfabetos, sexistas, alcohólicos, trepas, mentirosos y tramposos». Vaya tropa. Como testigo de los hechos (y las peripecias en lechos secretos), es insobornable. No se casa con nadie. No se mete en la cama con cualquiera, vamos. Observa lo que se cuece en una olla podrida y ahora, mucho tiempo después, lo cuenta. Con pelos y señales. Los protagonistas han muerto y las nuevas generaciones desconocen lo que fue Hollywood en sus años de esplendor: un imperio lleno de césares todopoderosos y esclavos famosos.

Primero trabajó en la Universal. Luego en la Metro. Palabras mayores. «En seis meses, la Universal demostró ser una escuela de aprendizaje más rápida de lo que había sido la Facultad de Periodismo de Columbia en tres años». Hizo guiones para Joan Crawford, Clara Bow, Norma Shearer: nombres rutilantes que hoy sufren el mal del olvido. Como mucho, sobrevive la Crawford, porque aguantó bastante tiempo en el cine sonoro. Hastiada de la mezquindad de sus colegas («robaguiones», «quitaideas», «lamebulos»), la autora acabó tirando la máquina de escribir en los años cincuenta y dio un portazo a su pasado en el cine para iniciar una vida completamente distinta.

La autora lo advierte a las primeras páginas de intercambio: «En conjunto, esta historia habla de la frustración, la desilusión y la pena: momentos que quizás es mejor dejar en barbecho o en el olvido». Por sus páginas desfilan directores que aún no son conocidos (el juerguista Edmund Goulding, William Wyler, sobre el que se cuenta un curioso cotilleo).

Líos revueltos de sábanas, reputaciones destruidas, ambiciones envenenadas. Triunfos y fracasos, venganzas y odios, pasiones y prisiones. Un camino hacia la desesperación y, de repente, hacia la esperanza. Y, al final, hacia un dolor insuperable por el derrumbe que espera al hombre de su vida. Un libro, en fin, fascinante.

FREDERICA SAGOR MAAS, SEIX BARRAL, LA ESCANDALOSA SEÑORITA PILGRIM

FICHA
La escandalosa señorita Pilgrim
FREDERICA SAGOR MAAS
SEIX BARRAL
21 €

Las memorias de una guionista de Hollywood de los años 20, una mujer rompedora y pionera en un mundo dominado por hombres. El apasionante relato de una mujer que lo vio todo, una profesional incansable que plantó cara a los peces gordos de la industria cinematográfica y vivió lo suficiente para ser testigo de los mayores escándalos del temprano Hollywood y, pasados los años, contarlo todo sin tapujos, en una crónica picante que se lee como una dulce venganza.

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