Espacios en blanco

18 junio, 2016
GUILLERMO BUSUTIL
Vuelve Murakami a cocinar lo cotidiano a fuego lento, al estilo de Carver y con pimienta personal en forma de guiños surrealistas y de afilado cuchillo que convierte en sushi las emociones, los vacíos de la gente y su devenir cotidiano. Personas, ciudadanos, criaturas comunes que se mueven dentro de la pecera de la realidad sin saber que Murakami las observa para adivinar la historia que hay en el cruce entre ellas, en su tránsito por la rutina y en los miedos que ocultan. Peces humanos que en su último libro de cuentos, El elefante desaparece, son más kafkianos, más  vulnerables al cruce entre el goce y la oscuridad, la apariencia de las cosas y su desenlace imprevisto, entre lo real y onírico que abriga la soledad. Haruki Murakami nos ofrece una visión crítica del mundo globalizado a través de la conexión de nuestra realidad con una realidad ficticia, a veces utópica, a veces terrorífica. Murakami es consciente de que nuestra vida parece ser, tristemente, una repetición constante de unos actos con fines puramente materiales. En sus obras nos presenta a personajes que no son sino engranajes de esta gran máquina que es el mundo y centra la atención en sus acciones más cotidianas: el trabajo, las compras, la comida. La identificación es un punto clave para lograr la inmersión del lector en la historia narrada.
El elefante desaparece es un aguafuerte sobre la crisis de los treinta. Una enfermedad invisible que de repente se manifiesta a través de una fisura en la vida doméstica de un matrimonio en el que los roles se han cambiado: ella trabaja, él se ocupa de la casa, una mujer extraña es el misterio de un deseo que los amenaza. También en la de una pareja que decide asaltar un McDonald después de que él le cuente que una vez llevó a cabo un asalto a una panadería con un amigo de la juventud del hambre. En otros relatos, la crisis de los treinta es la chica de un jardín vecino que suple el vacío de una esposa; la certeza de que la esperanza a veces es un camino equivocado o que entre la estatura real de la gente y la de su imagen en la tele esconde la raíz de su verdadera naturaleza. No sólo de crisis que desmoronan lo afectivo vive Murakami. A Murakami igualmente le gusta cruzarse con chicas de nariz perfecta, enseñar a escribir cartas conmovedoras; sentir el temblor del mundo cuando el duermevela después del insomnio o hablar de canguros en cartas dirigidas a la sección de control de productos de una tienda. Lo mismo que le gusta asustar a sus lectores, y con ecos de David Lynch, hacerlos bailar al ritmo de un misterioso enano que compra almas a cambio de un beso.
Hay más cuentos en esta caja de naipes. El reino de los vientos enfurecidos donde un hombre escribe en su diario trozos de otras historias sobre la caída del imperio romano; la mujer de Lederhorsen que le cuenta a su madre el divorcio por el que decide hacer un viaje en recuerdo a su exmarido; la de un chino que habla de chinos en el fin del mundo, la de un boxeador amateur que descubre la profundidad del combate y la lucha contra la oscuridad y termina peleándose con un compañero, y la de un monstruo enamorado. Y la mejor en torno a un elefante adulto que decide desaparecer sin dejar rastro.
Lo insólito, el azar, el realismo mágico, vuelven del revés a las criaturas con las que juega Murakami con minimalismo japonés Sin dejar a un lado la ironía y un seco toque poético, el regusto filosófico del escepticismo y el eco de sus referencias literarias. Es su obsesión presente en casi todos sus cuentos. Esa mezcla entre el extrañamiento, García Márquez y lo kafkiano que nos convierte en fantasmas de nosotros mismos, en espacios en blanco ante el amor, la muerte, la familia, el trabajo, los sueños, y en el que por un instante sus personajes pierden la conciencia, su concepto de lo real o de lo adecuado. Lo cierto es que Murakami no nos descubre nada nuevo. Los gatos, los sueños, la música clásica, dormir o no poder hacerlo, la falta de sintonía entre hombres y mujeres, las desapariciones inexplicables, la rutina mecanizada, el peso del sistema del que resulta difícil escapar, son temas recurrentes en sus historias pero siempre les da una nueva vuelta de tuerca, y nos amenaza lo cotidiano.

El elefante desaparece, de Haruki Murakami

FICHA
El elefante desaparece
HARUKI MURAKAMI
TUSQUETS
19,90 €

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