Entre ambos mundos

29 febrero, 2016

ENRIQUE BENÍTEZ

Dos grandes escritores cubanos y renovadores de las letras del país caribeño como Alejo Carpentier y Lino Novás ejercieron hace 75 años de enviados especiales a España y Europa para revistas cubanas. Ahora podemos disfrutar de sus artículos

La vocación europea de Cuba la simboliza el Hotel Ambos Mundos, popularizado por Hemingway. Cuba había sido española hasta 1898 y su relación con España no se había interrumpido a pesar del relevo estadounidense en la influencia política sobre la isla. En los años treinta y cuarenta del siglo XX dos de sus más destacados hombres de letras, el autodidacta Lino Novás, nacido en Galicia pero emigrado con 7 años, y el gran Alejo Carpentier, no sólo contribuyeron a una decisiva renovación de la literatura cubana sino que coincidirían en la España estremecida de la época. Se editan ahora los artículos enviados por Novás al semanario gráfico Orbe (desde Madrid, entre 1931 y 1933), así como los reportajes de Carpentier escritos en Cuba para la revista Carteles sobre El ocaso de Europa, ya en 1941.

La figura de Lino Novás Calvo es impresionante. Nacido en Galicia en 1903, emigrante siendo niño, de formación autodidacta y vitalidad periodística y personal asombrosa, llega a España en verano de 1931. Su primer artículo desde Madrid –antes pasó por su Galicia y escribió varias crónicas sobre la vida allí– lo protagonizó el socialista vasco Luis Araquistáin. «Araquistáin o el vasco. Don Luis o la Cordialidad», dice Novás. Sus artículos permiten conocer mejor la España de aquellos tiempos convulsos: lo mismo dedica unas páginas a redactar una admirativa visita a La Residencia de Señoritas que entrevista a Eugenio D’Ors. Un día hace un balance bastante objetivo de la prensa española y la semana siguiente se enreda con la actriz Eugenia Zuffoli, olvidada ahora y que declara leer a Tagore, bastante moderno en aquella época. Tampoco se le escapan Valle Inclán (a la sazón presidente del Ateneo) o el debate sobre el Estatuto de Autonomía para Cataluña. «¿Debe permitirse a Cataluña que se separe de España?», se interroga el cubano. Y parece que fue ayer.

Novás escribe sobre todo en el año 1932. En sus textos se transpira una rendida admiración a Manuel Azaña. Realiza un balance del primer año de la Segunda República bastante ajustado a la realidad: «La República surge extemporáneamente. En España no existía una base social para un estado burgués. El proceso fue invertido». Y, sobre todo, tiene tiempo para escribir El Negrero, la biografía novelada de Pedro Blasco, malagueño del Perchel y uno de los principales traficantes de esclavos del primer tercio del siglo XIX. Su obra cumbre, fantástica y enciclopédica.

Ya en enero de 1933 escribe en otra entrada Todos contra el socialismo: «No creo que haya nada en el mundo más combatido que el socialismo español. Lo combaten los monárquicos, los lerrouxistas, los republicanos conservadores, los anarcosindicalistas, los comunistas… Todos son a combatirlo». Llama la atención leer este párrafo en 2016. Novás permaneció en España tras el cierre de la revista Orbe y durante la Guerra Civil fue oficial de enlace del ejército republicano, bajo las órdenes de Valentín González, El Campesino, además de colaborador de Mundo Obrero, hasta finales de 1938.

Alejo Carpentier, por Juan David (1968) y Lino Novás

Alejo Carpentier, por Juan David (1968) y Lino Novás

Alejo Carpentier. También estuvo en España el autor de El Siglo de las Luces. Y también tomó partido por la República. En la red pueden encontrarse los artículos enviados en 1937 para la revista Carteles, la misma que le publicaría en 1941 una serie de reflexiones sobre la Segunda Guerra Mundial ahora recuperada y titulada El ocaso de Europa.

Carpentier entra en España por Gerona desde Francia, donde residía y trabajaba como técnico de sonido para unos estudios de grabación. Le acompañan Nicolás Guillén, Octavio Paz, Pablo Neruda o André Malraux, entre otros. Viaja a través de Cataluña hasta Valencia, donde se celebra el Congreso de Escritores Antifascistas. Es julio de 1937. Desde entonces y hasta el 31 de octubre de ese mismo año enviará diversas crónicas a la revista cubana, que se pueden leer en la red. Más tarde, ya de regreso a Cuba, el estallido de la Segunda Guerra Mundial con todo su horror y su vileza llevará a Carpentier a interrogarse sobre la vigencia de la Ilustración europea y su proyecto emancipador. El ascenso del nazismo y de los fascismos varios, el clima hostil, la animadversión con la que se trataba a los emigrantes latinoamericanos en la propia Francia –incluso a los más formados y educados, como él mismo- impulsan un sentimiento latinoamericanista en Carpentier que es transversal en las crónicas que escribe y envía y que titula intencionadamente. No es difícil relacionar su experiencia europea y su desencanto con la civilización occidental con su obra novelística, de manera muy expresa con El siglo de las luces.

«Desde la victoria del 18 la Cámara de Diputados francesa fue un verdadero antro donde se perpetró, año tras año, el asesinato de la República». Es bien conocido el ambiente de sosiego moral y felicidad que sucedió a la gran matanza que supuso la Gran Guerra. París se convirtió en la capital mundial de la transgresión, con fecundos resultados culturales. Berlín tampoco le fue a la zaga hasta la llegada de los imperativos morales nazis. Para Carpentier, todo lo bueno que trajo el fin de la guerra, incluyendo la explosión de creatividad y la relajación del cumplimiento de las normas, acabó siendo deterioro y flaqueza. «Francia ha sido muerta por París», escribe. A mediados de 1920 «París es ya una ciudad anacrónica, con diez años de retraso sobre los Estados Unidos». Define al Senado francés como «un cónclave de momias barbudas que sólo rinden homenaje a los cadáveres». Y certifica que «el nivel de la producción intelectual ha descendido de manera espantosa. La nación deja morir de hambre a sus sabios y a sus poetas, en espera de poderles hacer exequias suntuarias». La decadencia acecha, Carpentier denuncia.

Novás y Carpentier, compañeros en la defensa de la República española, separarían sus destinos tras el triunfo de la Revolución cubana. Carpentier volvería a Cuba en 1959, desde su autoexilio de Venezuela, mientras que Novás se refugiaría un año después en Nueva York, donde viviría hasta 1983. Curiosa divergencia de quienes habían luchado hombro con hombro primero por la renovación de las letras cubanas, y más tarde por los valores de libertad que simbolizaba la España republicana. Ahora, sus artículos permiten conocer sus puntos de vista y ver desde otra perspectiva algunos de los más importantes acontecimientos del siglo XX. Una oportunidad que no se debe dejar escapar.

FICHA
El ocaso de Europa
ALEJO CARPENTIER
FÓRCOLA
15,70 €

FICHA
España estremecida
LINO NOVÁS
RENACIMIENTO
20,90 €

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